AMÉRICO MARTÍN: ¿Islam? No, ISIS
El presidente Obama ha tenido un gran éxito en la declaración de guerra contra ISIS. No es solo la amplia estructura de sus alianzas y especialmente la presencia de países árabes en la coalición. No es únicamente que de esa manera Obama ha demostrado que la querella no es de “civilizaciones” como quería Huntington, ni de religiones. La mayoría del Islam está contra ISIS y avala la poderosa alianza dirigida por EEUU. Por si fuera poco, el Consejo de Seguridad respaldó la moción presentada por Obama, lo que le confiere a la operación más legalidad internacional.
Pero es claro que no todo fue magia política del presidente que está al frente de la primera potencia del mundo, ni de la más amplia alianza internacional que se haya constituido desde la segunda guerra mundial.
Una de las causas de semejante resultado es la barbarie salvaje organizada para destruir la cultura universal (no la occidental, no. Es toda forma de cultura).
Parodiando a Aristóteles podría decirse que la brutalidad sanguinaria del terrorismo es la “causa inmóvil” que desencadena todos los movimientos de respuesta. En realidad para el más grande de los filósofos de la Antigüedad esa causa sería Dios: la “forma pura” que mueve todo sin que lo muevan. Pero ya he aclarado que lo estoy parodiando.
Lo sorprendente es el retroceso de ISIS a la Edad Media, una era tenida por siglos como oscura y sombría. Pero el punto es que el Islam salvó la Humanidad en esa época. Fue la más alta expresión de la cultura, de la tolerancia religiosa, de la filosofía y la ciencia. Rescató a Aristóteles, la filosofía helena y los hallazgos científicos que brotaban en aquella civilización y los devolvió al resto de la Humanidad mediante traducciones estupendas. Al Andalus, la península ibérica ocupada por el Islam, fue un ejemplo de progreso asombroso. Bagdad y otras regiones no le iban a la zaga. Física, Matemáticas, Astronomía, Álgebra, Medicina teórica y clínica, Hospitales para la curación y la enseñanza. Asombran los grabados que se conservan. El ojo y operación de cataratas, el cuerpo humano, la traqueotomía.
¿Qué hay de común entre los médicos-filósofos Avicena, Maimónides, Averroes con personajes siniestros como Bin Laden o los enmascarados jefes de ISIS?
Dos mil años los separan, pero parece que fuera al revés. Aquellos sabios toleraban las confesiones religiosas, éstos decapitan a los infieles.
Es lo que objeté de Huntington, tan dado a conferir a los conflictos civilizatorios una esencia religiosa.
Son clasificaciones tan fáciles como erróneas. Hacer la necesaria distinción entre terrorismo y cultura islámica es el más grande de los aciertos de la estrategia para enfrentar a ISIS. Como toda buena política no es un simple ardid. Es la pura verdad.
Sin embargo, es una estrategia compleja, con muchos factores imprevisibles. Entre el diseño de política y su ejecución media una distancia más bien escabrosa. Los que la analizan –incluyo a muchos que la han oficiado– sienten una irrefrenable propensión a compararla con el ajedrez. Los ejecutantes calculan jugadas por anticipado. Algunos virtuosos no vacilan en ponerle números al desenlace. “Tendrás mate en el cuarto movimiento…”
Así mismo creen asignarle fecha inexorable a determinados procesos políticos o cuando menos anticipar inminentes victorias y derrotas. Han medido en el papel el estado de las fuerzas disponibles y no le dejan nada al azar o a la calidad de los contendientes. Inconscientemente suponen que los factores humanos son piezas de un tablero sometidas a la voluntad del jugador. No entienden que son seres humanos llenos de pasión y no inertes torres, caballos, reinas y alfiles de madera.
Permítanme mis amables lectores una breve digresión antes de retomar el tema de esta columna. Un respetado amigo me pregunta si tal gobernante saldría del poder en este año.
Lo ignoro. No soy adivino. Y como en política llueven circunstancias inesperadas me limito a señalar tendencias. Es obvio que el gobierno señalado por usted va contra la corriente y la alternativa opositora crece con ella. Lo único indudable son las fechas de calendario. Las electorales se aproximan. Encuentran al gobierno en estado crítico, sin la moral en su sitio, de manera que ciertamente sería muy malo para la salud tratar de alterarlas o desconocerlas.
Que no estallen manifestaciones en EEUU o no lo hagan en correspondencia con la magnitud de la operación, revela que esta guerra no se parece a otras, ya no del pasado sino de las que han ocurrido durante la actual Administración. Afganistán, Libia, Siria, Irak han sido costosas y hasta ahora discutibles.
Obama se mantiene en sus trece. No comprometerá soldados en operaciones de tierra. Ha dicho que la guerra puede durar años y admite que los ataques aéreos no son decisivos de por sí. Surge la duda entonces. ¿Y si el EI aprovechara para emprender una “guerra de desgaste”? Así se denominó el viraje francés que derrotó a Guillermo II en la Gran Guerra. La preciosa retirada táctica del general Joffre en el Marne y la brillante resistencia de Petain en Verdún.
Pero se vislumbra algo interesante. Los ejércitos de tierra kurdos e iraquíes están aprovechando los ataques aéreos de la coalición para confrontar sin miedo, con moral recrecida, a los fanáticos del Estado Islámico. Posible victoria democrática árabe-musulmana que redefiniría el mapa del Medio Oriente, sin tutela occidental.
Si la humanidad supera esta prueba, la destrucción de ISIS será un gran logro, pero más lo será la apertura mundial de canales para fortalecer universalmente la tolerancia religiosa y la convivencia pacífica.
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de octubre de 2014, 5:00 p. m. with the headline "AMÉRICO MARTÍN: ¿Islam? No, ISIS."