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La extrema derecha e izquierda exponen las debilidades de la democracia | Opinión

Los miembros de una turba pro-Trumb chocan con la policía en el Capitolio en Washington, el miércoles 6 de enero de 2021.
Los miembros de una turba pro-Trumb chocan con la policía en el Capitolio en Washington, el miércoles 6 de enero de 2021. Kenny Holston / The New York Times

El sistema democrático nos permite una cantidad de derechos, como también un gran número de responsabilidades. Nos permite organizarnos libremente, nos concede un campo libre de participación y nos da un espacio libre para expresar nuestras ideas políticas.

De otro modo, la democracia ahonda nuestras responsabilidades no solo con los otros sujetos de la sociedad, sino también con los lineamientos de las instituciones de gobierno. Nos dice que debemos obedecer las leyes, tenemos que resguardar el orden, votar en las elecciones, respetar la propiedad privada, entre otros.

A pesar de estas características positivas, a la democracia le cuesta distinguir entre lo que es “bueno” y lo que es “malo”. Mientras una persona participa democráticamente, bien individualmente a través del voto o colectivamente por medio de un grupo, el sistema democrático sigue funcionando y creando opciones.

Sin embargo, si grupos reaccionarios de la derecha o radicales de la izquierda se manifiestan en el escenario político haciendo uso de espacios democráticos, entonces el sistema democrático entra en peligro. Cuando estos grupos toman la cabeza del gobierno el sufrimiento es para toda la sociedad, incluyendo las instituciones sociales, políticas y económicas.

Lo que sucedió recientemente con la administración de Donald Trump es un ejemplo de la crisis del sistema democrático. No obstante, este tipo de crisis también suele ocurrir a nivel local, en los gobiernos municipales.

Es más, primero suceden a nivel local, luego se convierten en un fenómeno estatal, para finalmente alcanzar madurez política a nivel nacional.

En el año 2004, el gobierno local de Costa Mesa, California, fue víctima de una población reaccionaria, conocida localmente como “ciudadanos por el mejoramiento de la ciudad”, cuyos miembros mostraron hostilidad extrema hacia los vecinos latinos.

Lo paradójico del caso es que este grupo se tomó el gobierno de la ciudad a partir de un proceso democrático legítimo. Es decir, sus miembros llegaron al poder por medio de voto mayoritario de los ciudadanos de Costa Mesa. Una vez estando en el gobierno, el alcalde de la ciudad y una mayoría del consejo procedieron contra las mismas instituciones democráticas, despojando derechos de los ciudadanos y la salud económica de los vecinos.

Lo mismo ocurrió en 2017, una vez que Donald Trump tomó la dirigencia de la Casa Blanca. A pesar de representar a las voces más reaccionaras de la sociedad, Trump fue elegido presidente y todos sabemos lo que hizo durante su administración.

Así, el sistema democrático es el mejor sistema de gobierno del mundo. Empero, este sistema no tiene defensas instituciones contra los grupos radicales (izquierda) y reaccionarios (derecha). En un momento dado, los dos se pueden tomar el gobierno a través del voto.

Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com

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