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Opinión

JORGE DÁVILA MIGUEL: Atrapada en un cuerpo ajeno

En estos días, toda la prensa norteamericana está hablando de Rachel Dolezal.

Rachel es una mujer atractiva, tiene ojos azules, 37 años, no ha matado a nadie ni tampoco aspira a la presidencia de Estados Unidos. La única razón de haberse convertido en famosa es que dice que es negra. Así lo ha afirmado durante tantos años y con tanto convencimiento, que llegó a ocupar un puesto directivo en una organización que defiende los derechos de los negros: la NAACP.

El único inconveniente es que Rachel es blanca. Así lo afirman sus padres biológicos, que entre perplejos y avergonzados aclaran que entre sus ancestros europeos ––checoslovacos y alemanes–– nunca hubo un africano.

Y no hay más que mirarla: a pesar de su pelo artificialmente rizado y su tez maquillada, Rachel es irremediablemente pálida.

La palabra “surrealista” se queda corta para describir la situación, porque Rachel demandó en el 2002 a la Universidad Howard alegando que como era blanca, no le habían dado empleo.

Pero este caso verdaderamente excepcional, tratado como “escándalo”, toca una delicada fibra en el diario circo romano noticioso; nos muestra la hipocresía que vibra en los juicios morales que parte de la sociedad estadounidense actual celebra a través de su prensa. Porque ––en el contexto de tantas nuevas libertades que celebramos públicamente–– ¿cuál sería el pecado de creerse negra? Incluso ¿cuál sería el pecado de mentir diciendo que era negra por un trabajo que siendo blanca tal vez nunca hubiera conseguido? Celebramos apoteósicamente, como a un nuevo semidiós, engendrado en el olimpo de la cirugía y la subjetividad sexual, al atleta Bruce Jenner cuando se corta el pene y se fabrica una vagina, y sin embargo saltamos insultados cuando Rachel Dolezal se riza el pelo porque se siente una negra atrapada en un cuerpo blanco.

¿En qué quedamos? ¿Tenemos todos el mismo derecho de fingir lo que soñamos ser, o solo vale en lo sexual?

Después de cincuenta años, desde que el Dr. Barnard logró el primer trasplante de corazón, el cuerpo humano ya no es hijo exclusivo de sus padres: ya no es más un esclavo de la herencia desde el nacimiento hasta la muerte. La simple concepción humana, inalterable durante miles de años, hoy es un abanico de posibilidades. La muerte del cuerpo prolongada a voluntad. Los trasplantes de un difunto a un vivo son cotidianos; prótesis sofisticadas que ganan olimpiadas, cambios de sexo, reproducción de tejidos, alteraciones genéticas en la concepción, ojos robóticos que ven cuando falta el ojo, la bombita para los que tienen disfunción eréctil, el peligroso campo de la inteligencia artificial. Cabezas y cuerpos congelados para una mejor ocasión de vida. El pelotero Ted Williams crionizado en dos pedazos, la cabeza en un tanque y el resto en otro.

La humanidad avanza hacia la reparación y construcción de cuerpos. Y a medida que se conquista al cuerpo, parece que le prestamos menos atención, menos respeto le tenemos. Hoy en día florecen los tatuajes, la gente se hace huecos casi en todas las partes de la piel, se ponen colmillos y tarritos, los dientes pueden ser todos de oro o de platino, como nos enseñan los reyes del Hip Hop. Las frentes se inyectan con Botox, los glúteos hasta con cemento, las mamas con silicona; un labio puede tener el grosor de una rueda de bicicleta y vemos en la tele como los cirujanos cortan a los gordísimos libras de piel y grasa que luego pesan orgullosos ante las cámaras para nuestra satisfacción.

Tal parece como si la conciencia humana se quisiera independizar del cuerpo, vejarlo y olvidarlo, con la ilusión de superar mediante sus sueños a ese pobre cuerpo material, al fin y al cabo perecedero. Y eso tal vez es lo que han hecho, simplemente Rachel Dolezal y Bruce Jenner, cada uno a su manera. De qué podremos culparlos, invencibles soñadores, sólo disfrutemos la función.

Columnista y comentarista político de CNN en Español.

Siga a Jorge Dávila Miguel en Twitter: @jorgedavilaCNNE

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de junio de 2015, 1:44 p. m. with the headline "JORGE DÁVILA MIGUEL: Atrapada en un cuerpo ajeno."

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