Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

Hay un cáncer en el Partido Republicano y deben extraerlo | Opinión

En pleno colapso moral y guerra civil, el Partido Republicano tiene estos días una cita urgente con la Historia. Debe elegir entre continuar hundiéndose encadenado a Donald Trump y a sus delirantes teorías conspirativas; o liberarse, volver a la realidad y retomar sus principios y su futuro como una de las grandes fuerzas políticas de Estados Unidos.

Lamentablemente el miércoles 3 de febrero ya fracasó en la primera prueba de fuego: castigar la repulsiva conducta de la congresista que apoya las conspiraciones de QAnon. Marjorie Taylor Green también se ha mostrado partidaria entre otras lindezas de apoyar, en mensajes en redes sociales, los asesinatos de varios demócratas incluida Nancy Pelosi, y a agentes del FBI.

Esa tarde salió ilesa por ser la heroína de la facción trumpista. El líder que debía sancionarla, Kevin McCarthy, cobardemente se rehusó a despojarla de cargos en los comités —a pesar de la montaña de evidencias—, para así pasarle la responsabilidad a los demócratas y él lavarse las manos. Gesto “a lo Pilatos” muy en boga en la era trumpista.

Pero el jueves el pleno de la Cámara la inhabilitó de todos los comités por 230 votos frente a199, aunque hubo 11 republicanos que se unieron a los demócratas para penalizarla. ¿La reacción de Taylor Green? Redoblar su desafío: “Qué imbéciles son los demócratas que me dan publicidad gratis”, satisfecha de que la “han liberado” y podrá “dedicarse todo el tiempo” a promover su agenda extremista.

Estaba envalentonada por la ovación –en vez de regaño- que le habían dado el miércoles en la larga reunión de republicanos. Quienes en cambio dedicaron horas a debatir la posible expulsión de Liz Cheney por haber cometido “el delito” de votar “en conciencia” a favor del impeachment del ex presidente golpista, ahora golfista en Palm Beach.

Finalmente la conservadora tradicional Cheney sobrevivió, por 145 a 61 mediante votación secreta. De haber sido a cara descubierta seguro que los números se habrían invertido. No obstante fue toda una exhibición de la doble moral que reina en un enorme sector republicano.

Además de la doble moral, hay un orden invertido de los valores —lo bueno es malo y lo malo es bueno—. Por ejemplo, obrar en conciencia es malo, pero mentir y propagar conspiraciones delirantes es bueno. El partido ha tolerado tanto tiempo que ese veneno inyectado por Trump, y disfrazado de populismo radical, infectara sus principios conservadores que ahora sufre una metástasis galopante.

En primera fila de ese galope va desbocada la aspirante a reemplazar a Trump, más provocadora y desquiciada si cabe que él: Taylor Green. Y capaz literalmente de hacer o decir cualquier cosa.

Para esta perturbada “los fuegos de California son obra de un láser enviado por banqueros judíos”; los “Clinton derribaron el avión de John Kennedy Jr.”; y “las masacres de Parkland y Sandy Hook fueron un montaje teatral”.

Trafica con esas conspiraciones y otras peores, como negar el ataque terrorista del 9/11; o que los demócratas, Hollywood, periodistas y élites financieras son un culto satánico de pedófilos caníbales que quieren controlar el mundo. Todas esas invenciones circulan entre los millones de seguidores de QAnon, un grupo al que pertenece Taylor Green que ha sido designado por el FBI como “una amenaza de terrorismo doméstico”.

Taylor Green y Cheney pelean en facciones enfrentadas en la guerra fratricida y existencial que atraviesa el partido de Lincoln: un bando es incompatible con la democracia y el otro incompatible con la locura trumpista.

Tan pernicioso es el primero —con su apología de la violencia, las mentiras delirantes y conspiraciones de QAnon— que nada menos que el estoico senador Mitch McConnell lo ha declarado un “cáncer para el Partido Republicano y para la nación”.

Cierto que McConnell está tratando a última hora de salvar los restos del naufragio, después de actuar en complicidad con Trump durante cuatro años. Más vale tarde que nunca. De esta forma también ha enviado una señal clara de divorcio al trumpismo extremo. Y parece que tiene acogida. Pero hasta ahora todo son solo palabras. El verdadero test será la votación en el juicio al ex presidente que comienza el 9 de febrero.

Si los senadores republicanos no consideran suficiente evidencia para condenar a Trump el haber instigado una insurrección contra el Capitolio intentando dar un golpe de Estado, entonces ¿qué es para ellos un delito grave que merezca ser castigado con impeachment ?

Trump ha ido minando al Grand Old Party (GOP) desde que lo “secuestró” hasta arrastrarlo al precipicio actual, con la triple pérdida de la presidencia, el Congreso y el Senado. ¿Qué más motivos de divorcio necesitan?

La condena en el juicio político a Trump es la última oportunidad de redención republicana, a menos que quieran que les devore el cáncer.

Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de febrero de 2021, 4:27 p. m..

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA