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Rituales fúnebres a través de la historia | Opinión

Réplicas de los bienes funerarios del rey egipcio Tutankamón son vistas durante una presentación a la prensa de “El Descubrimiento de King Tut” en Premier Exhibitions 5th Avenue en Nueva York el 23 de noviembre de 2015. La exposición única permite a los visitantes experimentar la historia de la tumba de Tutankamón. Más de 1.000 réplicas y reconstrucciones de las cámaras de la tumba del rey Tut elaboradas con presición se muestran tal y como estaban cuando descubiertas en 1922 por el arqueólogo Howard Carter.
Réplicas de los bienes funerarios del rey egipcio Tutankamón son vistas durante una presentación a la prensa de “El Descubrimiento de King Tut” en Premier Exhibitions 5th Avenue en Nueva York el 23 de noviembre de 2015. La exposición única permite a los visitantes experimentar la historia de la tumba de Tutankamón. Más de 1.000 réplicas y reconstrucciones de las cámaras de la tumba del rey Tut elaboradas con presición se muestran tal y como estaban cuando descubiertas en 1922 por el arqueólogo Howard Carter. AFP/Getty Images

Observando las costumbres humanas a lo largo de la historia, podemos notar que los rituales fúnebres nos proporcionan una infinita fuente de datos en la que encontramos el reflejo de presunciones específicas referidas a la muerte, y lo que hay posteriormente a ella. Se considera que los rituales funerarios incluyen símbolos estereotipados que identifican cada cultura.

Los primeros seres humanos que practicaron rituales fúnebres con la seguridad de que la muerte no era el final de la vida, sino un tránsito del mundo de los vivos hacia una dimensión espiritual, fueron los neandertales.

Los egipcios se destacaron por la momificación, donde el cadáver era preservado, se abría y se extirpaban las vísceras, excepto el corazón y los riñones, y después de 70 días, se limpiaba el cadáver y se embalsamaba. El propósito: renacer luego de morir. Los chinos practicaban la castración, ataban el pene y el escroto, y se escindía en forma semicircular el pubis. Los órganos eran mantenidos en alcohol por los eunucos; la intención: continuidad de la vida después de la muerte, y que la nueva existencia era análoga a la anterior.

En todas las culturas ha existido un miedo recurrente a los muertos, por esa razón la mayoría de los rituales se realizaban para evitar que el alma del difunto regresara a perturbar a los vivos. Aquí es donde surge el concepto de “bienes fúnebres”, es decir aquellos objetos tangibles que eran sepultados como parte de los ritos que se efectuaban para despedir a los fallecidos.

Los patrimonios fúnebres eran objetos de gran valor, por ejemplo en el sarcófago del faraón Tutankamón se hallaron auténticas riquezas, su careta fúnebre con 11 kg de oro tiene un valor estimado de $7 millones en el presente, la maestría de los artífices que la fraguaron hacen que su valor sea incalculable. La parte delantera de la máscara es conocida por todos, pero la trasera posiblemente es similar o inclusive más impresionante, en ella hallamos unos símbolos, en forma de fórmulas mágicas, que significan un viaje por el inframundo.

Lo curioso es que no siempre eran cosas materiales, en la mayoría de las civilizaciones antiguas, dentro de los bienes que acompañaban a los faraones, soberanos, zares, emperadores y otras personalidades influyentes tras su muerte, eran otras personas. Las mismas se enterraban con el difunto, y podían incluir a familiares allegados, esposas e hijos, juntamente con los criados de quienes se presumía tendrían que precisar en la otra vida.

Esta costumbre con el tiempo se sustituyó por el uso de figuras simbólicas, en vez de seres vivientes como compañeros de viaje hacia la otra vida.

Los egipcios usaron esculturas de diversos componentes de acuerdo con el rango del muerto que se guardaban con la momia en su sarcófago. Qin Shi Huang, el primer emperador chino (260 a.C.-210 a.C.), fascinado con el concepto de la eternidad, anheló llevarse su potencia militar al más allá, y decidió construir el ‘ejército terracota’, cada estatua está esculpida de forma minuciosa, y cada soldado tiene una jerarquía militar y armas disímiles, así como rostros y expresiones exclusivas. Antes que él, los otros gobernantes optaban por transportar al otro mundo ejércitos de carne y huesos.

Los escandinavos también incluían muchos objetos en sus mortuorios. Según los credos de estos pueblos, en la vida después de la muerte la persona debía disponer con la misma clase que en el mundo físico, por eso los artesanos eran sepultados con sus utensilios de trabajo, los soldados con sus armas, y las mujeres con todas sus prendas.

Menos mal que ya no existen dichas costumbres, de ser así en miles de años nos encontrarían enterrados, entre otras cosas, con nuestro celulares, computadoras, y ¡quizás hasta con un televisor!

Y aunque existan rituales funerarios raros como los budistas tibetanos que entregan el cuerpo de los fallecidos a los buitres, escindiendo antes el cuerpo con un cuchillo afilado para revelar los músculos y los órganos internos para que sean comidos por estas aves de rapiña, tribus de Brasil realizan rituales en el que se comen el cuerpo del fallecido, algunos clanes en Nueva Guinea se cortan uno o varios dedos de la mano como prueba del sufrimiento que sienten por la pérdida de un familiar, creo que hemos mejorado en este aspecto y nos hemos humanizado.

Alina Rubi es una astróloga e instructora espiritual que ejerce en Miami. Contacto: 305-842-9117, astralrain29@gmail.com; Facebook: Rubi Astrologa; Instagram: alinarubiastrology; www.esoterismomagia.com.

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