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Tres filmes muestran el daño provocado por las dictaduras en Venezuela, República Checa y Bosnia | Opinión

Tomado de YouTube: MiamiFilmFestival

En espera de que la vida vaya regresando paulatinamente a la normalidad, y el séptimo arte pueda disfrutarse en la gran pantalla, para lo cual fue imaginado, llamo la atención sobre tres películas que se presentan en el Festival de Cine de Miami, del Miami Dade College, que dilucidan, de modo artístico y sobrecogedor, el daño provocado por las dictaduras en sus derivaciones más crueles.

Dos de esos filmes son las propuestas de sus respectivos países al premio Oscar en la categoría de cine internacional.

“Charlatán”, representa a la República Checa y trata sobre la vida de un famoso curandero, Jan Mikolášek quien usaba hierbas medicinales para mitigar enfermedades y tuvo que lidiar con la represión fascista primero, y luego con la violencia y el descrédito del comunismo.

La legendaria directora Agnieszka Holland, una de las pocas voces que se ha ocupado, con tanta perseverancia, del daño ocasionado, históricamente, por los delirios de la izquierda, nos presenta el drama del individuo defendiendo, a como dé lugar, sus derechos, acosado por el voluntarismo y las medidas absurdas del estado totalitario.

En “Charlatán”, se exploran las consecuencias de la envidia clasista, lo siniestro de la delación y el acoso a la decencia y el pensamiento distinto, con esmeradas actuaciones de notable vigencia.

“Quo Vadis Aida?”, por su parte, representa a Bosnia-Herzegovina, en el Oscar, y también está dirigida por una mujer, Jasmila Zbanić.

Es la historia de Aida, maestra de inglés en Bosnia, quien comienza a colaborar como traductora para las Naciones Unidas, poco antes de la matanza de Srebrenica, donde más de 8,000 hombres y niños bosnios musulmanes fueron ultimados, sin piedad, por un ejército criminal secesionista serbio-croata, en 1995, empeñado en limpiezas étnicas, luego del desmantelamiento de Yugoslavia.

Aida protege a su esposo y dos hijos en el enclave de las Naciones Unidas donde labora, supuestamente amparados por soldados holandeses, sin mucho parque bélico ni experiencia.

Cuando los burócratas ceden a la presión de militares intransigentes, quienes se presentan con engañosos discursos para secuestrar a hombres y niños, Aida hará lo indecible para salvar a los suyos.

Una epopeya extraordinaria, sobre las graves consecuencias de tratar de razonar con criminales, de modo civilizado.

Las dictaduras suelen ocurrir amparadas por el caos y el populismo, la de Venezuela es un modelo para estudiar, cuando desaparezca, tal y como la va discerniendo ante nuestros ojos, asombrados, el documental “A la calle”, de los directores Nelson G. Navarrete, nacido en Caracas, y Maxx Caicedo, colombiano-americano.

Por razones conocidas, los acontecimientos venezolanos alimentan diariamente las fibras mediáticas y sociales de nuestra comunidad, y se pudiera pensar que lo narrado por este documental, para nosotros, resulta ser fiambre. Pero el arte vuelve a demostrar que tiene más permanencia, dramaturgia y, a la larga, emoción que la noticia.

“A la calle” resume, para el entendimiento de todos, la épica ciudadana de un conflicto que no cesa y le ha dado a los venezolanos categoría de héroes y en numerosas ocasiones de mártires.

Esta es una película coral donde figuran todas las voces, los que se oponen, fervientemente, a las injusticias y aquellos que se han dejado engatusar por las migajas del régimen intolerante.

Se mueve entre los discursos políticos que no reconocen al “madurismo” como una dictadura, tal como enuncia, desesperanzado, el activista que lucha en las calles, y las historias de venezolanos comunes atrapados en situaciones insospechadas, donde comienzan a bajar de peso por hambre y se ven obligados a escapar por las fronteras cercanas.

Dice un chavista, en el documental, que el capitalismo es la fábrica de pobres y que ellos se especializan en ganar elecciones, como para ignorar y tergiversar la mísera realidad de sus congéneres a la vez que especula, sin pudor, sobre la imposibilidad de que la oposición pueda alguna vez triunfar en las urnas.

“A la calle” es un documental que debiera estudiarse en países que ya sufren dictaduras, y no saben cómo zafarse de las mismas, o en aquellos donde preocupantes señales apuntan a su surgimiento.

A la larga, es un tributo merecido al más combativo y solidario de los pueblos que no cesan de luchar por su libertad.

Programa y entradas del Festival: miamifilmfestival.com.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

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