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En el caso de la muerte de George Floyd, espero que la justicia no nos defraude | Opinión

Flores adornan un homenaje a George Floyd en Harlem el 10 de junio de 2020, en la ciudad de Nueva York.
Flores adornan un homenaje a George Floyd en Harlem el 10 de junio de 2020, en la ciudad de Nueva York. AFP/Getty Images

Son más de 10 meses desde que el policía Derek Chauvin acabó con la vida de George Floyd en la ciudad de Minneapolis. La rodilla del policía increpó brutalmente en el cuello de Floyd, mientras este permanecía en el suelo, imposibilitado de cualquier movimiento.

Floyd murió en la ambulancia que lo trasladaba a un hospital, presa del abuso de unos oficiales de policías que no dudaron en hacer gala de su fuerza inhumana para supuestamente dar cumplimiento a la ley.

Precisamente hoy, el fiscal de Minneapolis, Minnesota, está siguiendo un proceso penal contra Chauvin por los cargos de: 1) asesinato involuntario en segundo grado; 2) asesinato [involuntario] en tercer grado; y 3) homicidio involuntario en segundo grado.

Existen videos, testigos, exámenes de peritos, reportes médicos, entre otros, los cuales demuestran claramente que Chauvin utilizó fuerza innecesaria y prácticamente acabó con la vida de Floyd injustamente. Fue un asesinato en plena vía pública y en frente de varias personas.

El jurado del caso Floyd no debería tener ningún problema en dictaminar la culpabilidad de Chauvin por los cargos que se le imputa. Sin embargo, la ley estadounidense no es tan neutral como lo pintan en las universidades de derecho, tampoco es objetiva como lo señalan la mayoría de los medios de comunicación o imparcial como lo presentan los policías. El Derecho norteamericano tiene tendencias y es, en algunos casos, injusto.

La estructura donde habitan las leyes de nuestro país tiende a proteger a un individuo de ascendencia euro-estadounidense, especialmente si este es un policía. Por el contrario, si la víctima pertenece a uno de los tantos grupos étnicos minoritarios, especialmente a la población afroamericana, las leyes brillan por su timidez y no hacen más que condonar, en algunos casos, a los delincuentes.

En consecuencia, la fiscalía de Minneapolis puede tener los mejores abogados del país para condenar a Chauvin, pero cuando el sistema jurídico opera en contra de quién representan (un afroamericano), el dictamen del jurado puede tener resultados contraproducentes.

Así, las víctimas aparecen como los “malos de la película” y los victimarios como los “buenos”. El resultado injusto del proceso crea impunidad y deja a una sociedad quebrantada por la irracionalidad de la ley.

Así sucedió con Rodney King en Los Ángeles en marzo 1991, como también con Breonna Taylor en Louisville, Kentucky, en marzo 2020. Los dos fueron víctimas de policías, quienes hoy pasean libremente por las calles.

Esperemos que el jurado del caso Floyd sepa nadar contra la corriente institucional del Derecho de nuestro país. Chauvin debe ser procesado y condenado a vivir en la cárcel por todos los delitos que cometió.

Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com

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