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Peligrosa generalización sobre ataques a personas de origen asiático | Opinión

Protestors march at a rally against Asian hate crimes past the Los Angeles Federal Building in downtown Los Angeles , Saturday, March 27, 2021. The gathered crowd demanded justice for the victims of the Atlanta spa shooting and for an end to racism, xenophobia and misogyny. The “LA vs. Hate” initiative encourages people to call 211 if they are victims or witness an incident of hate. (AP Photo/Damian Dovarganes)
Protestors march at a rally against Asian hate crimes past the Los Angeles Federal Building in downtown Los Angeles , Saturday, March 27, 2021. The gathered crowd demanded justice for the victims of the Atlanta spa shooting and for an end to racism, xenophobia and misogyny. The “LA vs. Hate” initiative encourages people to call 211 if they are victims or witness an incident of hate. (AP Photo/Damian Dovarganes) AP

Tengo dos entrañables amigas y colegas especiales, de los años que laboré en Miami Dade College. Pertenecen a esas familias chinas, establecidas en Cuba, luego de huir del comunismo de Mao y de otros sinsabores sociales y económicos.

Personas que fundaron el prominente Barrio Chino en pleno corazón habanero. Muchos eran dueños de pequeños y grandes negocios, perversamente incautados luego de 1959.

Mis amigas, a su vez, han creado familias que honran la sociedad de Miami con su decencia y laboriosidad. Ya algunos de sus descendientes han contraído matrimonio, así que los genes asiáticos siguen su noble curso de enriquecimiento cultural.

Mis dos colegas son del llamado exilio histórico, llegaron de niñas temprano en los 60, huyendo del otro comunismo, el de los Castro, y la conexión que establecí con ellas desde el primer día que nos conocimos fue instantánea, sin obstáculos de ninguna índole.

Como han sido tantos años de afecto, hemos disfrutado los éxitos y llorado las tristezas, como si fueran propios. En alguna otra ocasión he explicado que el ambiente creado en Miami Dade College, en términos de integración y entendimiento étnico, pudiera ser el modelo de sociedad al cual queremos aspirar.

Pienso que, en Miami, debido a la presencia cuantiosa de los cubanos y su rica cultura, formada principalmente por personas de origen blanco, negro y asiático, entre otras procedencias geográficas, las manifestaciones de racismo resultan atemperadas y terminan por disiparse.

La reciente masacre ocurrida en Georgia, donde seis mujeres de origen asiático perdieron la vida, en circunstancias aún no del todo esclarecidas, manifiesta, según la prensa corporativa, un ambiente nacional xenofóbico contra esa etnia, debido a que cierta ignorancia social la culpa de la llegada de la pandemia a estas tierras, procedente de China, lo cual, por supuesto, es una inferencia totalmente absurda.

En un país como Estados Unidos, dado al “copycat”, en sus más aberrantes versiones, es peligroso generalizar sobre estos acontecimientos criminales y relacionarlos directamente con otros hechos aislados de racismo, no resueltos en la sociedad americana, lo cual crea una narrativa antiasiática específica entre perturbados y potenciales asesinos.

Hay también un hartazgo de tanto llamado de atención y requerimiento de buen comportamiento con respecto al prójimo, algo que aprendemos desde la infancia en nuestras respectivas familias, y sobre lo cual no debemos ser constantemente aleccionados por el gobierno.

Estamos abocados a otra racha excesiva de manifestaciones, declaraciones políticas y medidas de variada índole, rayana en el pastiche, para defender a nuestros generosos y laboriosos vecinos y amigos de origen asiático, de los cuales no puede prescindir la cultura de Estados Unidos.

En el último ataque a una mujer de 65 años de origen asiático en Nueva York, a manos de un ex convicto, acusado de asesinar a su madre, se muestra toda la perturbación del ambiente creado alrededor de estos hechos, al mismo tiempo de lo que impele el miedo y la hipocresía social.

Tres hombres contemplan la golpiza, a muy corta distancia, en el lobby de un edificio de apartamentos, sin el más mínimo gesto de intervención, uno de los cuales llega, incluso, a cerrar la puerta del inmueble luego de que la mujer quedara inconsciente en la acera y el delincuente se retirara tan campante.

Ahora el hecho se investiga como un crimen de odio, el gobierno federal separa 50 millones para lidiar con este tipo de escenarios y una oficial de policía negra se refiere en televisión al peligroso efecto “copycat”.

Yo no dejo de pensar en mis amigas del College. Del ambiente ríspido que suelen alentar los medios de prensa en busca de anunciantes, con historias hipertrofiadas, y del que pudieran ser víctimas en otras ciudades.

En Miami, estamos más cerca de la convivencia pacífica y el entendimiento, por eso nos asombramos y protestamos cuando quieren traer a nuestras costas la brutalidad incivilizada de otros sitios.

Ser chino, cubano y americano, solo engrandece la admiración personal y cultural que siempre he sentido por mis dos amigas, con las cuales he disfrutado momentos que ya anidan en mi corazón.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.

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