Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

Capri en la memoria: una isla, una canción y un sueño | Opinión

Archivo

A mediados de los años 70 se escuchaba en Cuba la canción, “Capri se acabó”, una versión en español de Capri c’est fini, interpretada por su autor, el cantante francés Hervé Vilard.

La pasaban constantemente en Nocturno, aquel famoso y escuchado programa radial que a través de la música nos abría, quizás sin proponérselo, las puertas de un mundo que no conocíamos.

Muchas veces me he preguntado cuáles habrían sido las razones por las que crearon un programa que, contrariando sus propios lineamientos ideológicos, transmitía la llamada “música del enemigo”.

Solo ahora se me ocurre pensar que era porque se sentían seguros y porque podían, en cualquier momento y por el motivo que fuese, eliminar de la programación al artista extranjero que por sus posiciones políticas (como muchas veces hicieron), no les conviniese.

Ese no fue el caso de Hervé Vilard, cuya música nunca dejó de escucharse en Cuba. Ninguno de los jóvenes cubanos de aquella época sabíamos quién era él. ¿Cómo íbamos a saberlo si vivíamos dentro de un férreo aislamiento cultural? Te dejaban escuchar la canción, casi como un favor, pero te quedabas sin saber nada con relación a ella o a su autor.

Era una canción sencilla cuya letra hablaba de una historia de amor en la isla de Capri. Y como todas las canciones de aquella época, era sentimental y pegajosa. Todos la tarareábamos. Y mientras lo hacíamos —al menos, mis amigos y yo— soñábamos que algún día podríamos escapar de aquel infierno y visitar la romántica (así la imaginábamos) isla de Capri.

Sabíamos que era algo casi imposible, pero aun así soñábamos.

Pasó el tiempo y la mayoría de mis amigos y yo logramos, de diferentes maneras, salir de Cuba y reconstruir nuestras vidas. Y nos olvidamos, al menos yo lo hice, de aquella famosa canción.

Sin embargo, al parecer, no lo hicimos del todo. En algún oscuro rincón de nuestra memoria quedó agazapado su recuerdo. Lo supe muchos años después cuando en ocasión de un viaje que mi esposa y yo preparábamos a la isla de Capri, volvimos a recordarla.

Así, mientras planeábamos el itinerario y hacíamos reservaciones, pensamos en lo romántico que sería poder recorrer los lugares que se mencionaban en la canción. Pero fue solo un momento porque enseguida nos dimos cuenta de que en su letra solo se hablaba de “una isla serena y una isla de amor”, sin ninguna otra referencia.

Así que sin la voz de Hervé Vilard sirviéndonos de guía, lo primero que hicimos al llegar a Capri, como hacen todos los turistas, fue visitar su famosa Gruta Azul, una cueva marina misteriosamente iluminada desde el fondo por rayos de luz solar.

Cuando la lancha que nos había llevado a la gruta atracó de vuelta, no perdimos tiempo en la marina y tomamos un funicular que nos llevó hasta la Plaza Umberto I, que es donde están los hoteles, restaurantes y tiendas famosas, así como los Jardines de Augusto, un lugar ideal para descansar y desde donde pueden verse los llamados Farallones, las rocas más fotografiadas del mundo.

Seguimos recorriendo el camino, siempre tratando de hallar una conexión nostálgica con la canción, hasta llegar al lugar donde están las famosas terrazas de Capri, repletas de flores y limoneros y que se asientan en los bordes de sus riscos.

Nos detuvimos un momento en una de ellas y contemplamos en silencio el exclusivo azul del mar Tirreno y los acantilados que se precipitaban dramáticamente en sus aguas.

Fue entonces que, ante aquel espectáculo de ensueño que se abría a nuestros pies y dejándonos envolver por nuestras nostalgias compartidas, volvimos a recordar la canción.

La serenidad del paisaje invitaba a la reflexión. Permanecimos callados por unos instantes pensando en lo que aquella melodía había significado para nosotros: un rayo de luz en la desesperanza de nuestra juventud.

Y así estuvimos, en silencio, hasta que sin darnos cuenta comenzamos tristemente a tararearla.

Manuel C. Díaz es un escritor cubano: manuelcdiaz@comcast.net. Su libro más reciente es “Escritores cubanos exiliados: sesenta reseñas literarias”, publicado por Ediciones Universal.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de junio de 2021, 4:16 p. m..

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA