¿Será que el término Latinx se mantendrá vigente? | Opinión
La identidad se ha convertido en un problema para las nuevas generaciones de estadounidenses cuyos padres y madres tienen origen en un país de América Latina.
En años pasados, el conocido concepto de “Melting Pot” (el espacio donde se fusionan las razas, nacionalidades y etnicidades) se encargaba de determinar la cultura y las costumbres norteamericanas y promovía una aparente “hermandad” entre los grupos étnico-nacionales.
En términos académicos, a este proceso de aceptación de la nacionalidad estadounidense se conoce con el nombre de “asimilación”, cuyos matices, particularmente entre la población latinoamericana, actualmente denota elementos peyorativos, como el entreguismo o el término de “vende patria”.
Cuando el “Melting Pot” era un principio popular en la sociedad, las organizaciones civiles latinoamericanas, concretamente durante la década de los 1940 y 1950, jugaron un papel significativo para la adopción de este concepto.
Por ejemplo, la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC) y el G.I. Forum, entre otros grupos, emprendieron la tarea de crear mecanismos de asimilación para que sus miembros tengan mejores oportunidades económicas en la sociedad norteamericana.
Sin embargo, dichos grupos no llegaron a captar o simplemente ignoraron que la sociedad norteamericana estaba estructuralmente viciada por leyes discriminatorias —por ejemplo, la segregación escolar, leyes migratorias intolerantes, etc.— y prejuicios sociales que hacían imposible una asimilación justa de las minoritarias.
Por el contrario, una década después, específicamente a fines de los 1960 y principios de 1970, la movilización emprendida por miembros y simpatizantes de los chicanos rompió con el concepto de la asimilación o el “Meeting Pot”.
Los chicanos tomaron como base de su movimiento la abrogación de aquellas premisas de asimilación que no les permitían mejoras económicas y sociales. También rescataron las costumbres de sus antepasados y encontraron en su historia estímulos para hacer frente a la discriminación de la sociedad norteamericana.
El movimiento chicano creó, por unos años, una identidad que fue aceptada por sus miembros durante el movimiento cultural de los años 60 y 70. Sin embargo, el chicanismo no resolvió el problema de identidad de las nuevas generaciones que nacieron en la década de los 80, 90 y 2000.
Debido a que el chicanismo hizo énfasis en las raíces mexicanas, personas provenientes de algún país de Centro o Sur América no aceptaron este término como identidad de reconocimiento social. Es decir, no compartían un término cuyas bases tenía matices ideológicos, políticos y regionales.
Hoy, el problema de identidad todavía persiste con las nuevas generaciones de “Latinos”. Sin embargo, a inicios del nuevo milenio, se introdujo el término de Latinx para sobreponer este problema. ¿Será que Latinx se mantendrá vigente e imperecedera? ¿O será otro de esos términos pasajeros?
Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com