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Gustavo Petro no es ‘progresista’. Como presidente, va a destruir la democracia de Colombia | Opinión

El senador y excandidato presidencial de Colombia Gustavo Petro habla en la emisora radial La W el martes 4 de diciembre de 2018, en Bogotá (Colombia). EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda
El senador y excandidato presidencial de Colombia Gustavo Petro habla en la emisora radial La W el martes 4 de diciembre de 2018, en Bogotá (Colombia). EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda EFE

El silencio de los demócratas con respecto a la crisis en Colombia ha sido tan penetrante que su significado es demasiado obvio para ignorarlo.

Madres, padres e hijos están soportando los sucesos similares a una guerra civil, pero todo lo que he escuchado de los líderes demócratas y sus asistentes son escuetas declaraciones a los medios de comunicación que condenan a Colombia por violaciones de derechos humanos, o retórica que pide represalias contra Iván Duque y Álvaro Uribe por apoyar a Donald Trump.

¿Estamos tan quebrantados moralmente que no podemos ver más allá de nuestra división política?

Me siento traicionado, especialmente después de que dediqué tanto tiempo y esfuerzo a promover las voces de los muchos demócratas vulnerables que temían perder su propia democracia hace solo unos meses.

La democracia no es de izquierda, derecha, conservadora, liberal o progresista. La democracia es libertad y debemos defenderla en Colombia, donde está siendo atacada. Debemos poner fin al apoyo directo e indirecto a Gustavo Petro y su engañoso movimiento “progresista”.

Una victoria del candidato presidencial Petro, ex militante de la guerrilla terrorista M-19 y amigo ideológico del fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, será el fin de la democracia en Colombia.

Hemos visto su populismo redistributivo y sus peligrosas tendencias autocráticas y antidemocráticas durante su mandato en el Congreso y como alcalde de Bogotá. Hemos sido testigos de los militantes guerrilleros terroristas que nombró para puestos de gabinete de alcalde que, irónicamente, tienen aún menos consideración por las violaciones de derechos humanos. Hemos aprendido a reconocer estos pilares de toda dictadura comunista.

Hoy, Petro está a la izquierda, la derecha y el centro de las protestas pacíficas y violentas que alimentan las crisis socioeconómicas que desestabilizarán al país hasta llegar a la sumisión. El dolor del pueblo es su ganancia, al igual que toda vida perdida. Cada condena de las violaciones de derechos humanos por parte del Estado colombiano es su ganancia, medida por todas y cada una de las almas que son engañadas bajo su corrupta marca de la palabra “progresista”.

Así como los partidarios de Donald Trump se autodenominaron “patriotas” cuando atacaron el Capitolio el 6 de enero de 2021, buscando robar nuestros votos electorales, Petro utilizó “progresista” para atacar la democracia de Colombia.

No hay duda de que el marco neocapitalista-autoritario de Colombia necesita evolucionar. Debemos luchar no solo por una Colombia más digna, sino también por una nación que abrace un nuevo tipo de capitalismo basado en los principios de libertad, igualdad y justicia.

Sin embargo, el tipo de cambio por el que nosotros, como demócratas, debemos defender, se mide en grados. No podemos permitir que nuestras ideologías progresistas pasen por alto las obvias deficiencias del gobierno de Colombia y permitir que nuestra pasión mal dirigida triunfe sobre nuestro mejor sentido de la razón. Si lo hacemos, correremos el riesgo de que surja una nueva dictadura comunista en Colombia a manos de Petro, y quienes lo apoyaron directa o indirectamente tendrán sangre en sus manos.

Para ser claros, no me identifico con el presidente Iván Duque. Sin embargo, sí sé que una sola condena general de las violaciones de derechos humanos por parte del gobierno colombiano no es la respuesta, sé que Petro no es la respuesta, y sé que el silencio ante el colapso del Estado democrático en Colombia definitivamente no es la respuesta.

Por lo tanto, nos corresponde a nosotros y a nuestros líderes políticos comprender las complejidades que afligen a la guerra socioeconómica en Colombia para encontrar una voz no partidista que apoye un futuro estado democrático en Colombia, así como a la mayoría de nuestra comunidad colombiana en esta época de crisis.

Carolina Castillo es empresaria y defensora del derecho al voto. En 2018, fue presidenta de la Cámara de Comercio de Mujeres del Condado Miami-Dade.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de junio de 2021, 1:12 p. m..

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