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La cumbre Biden-Putin puede que tenga un gran impacto en la seguridad de EEUU y el mundo | Opinión

El presidente estadounidense Joe Biden y su homólogo ruso Vladimir Putin ríen durante su reunión el miércoles 16 de junio de 2021 en la “Villa la Grange”, en Ginebra, Suiza. (AP Foto/Patrick Semansky)
El presidente estadounidense Joe Biden y su homólogo ruso Vladimir Putin ríen durante su reunión el miércoles 16 de junio de 2021 en la “Villa la Grange”, en Ginebra, Suiza. (AP Foto/Patrick Semansky) AP

Para sorpresa de algunos expertos desconcertados, la historia bien puede concluir que, si bien el presidente Joe Biden y el mandatario ruso Vladimir Putin no produjeron grandes titulares de noticias, su cumbre puede resultar uno de los eventos cruciales del siglo XXI.

Es posible que pronto lo sepamos.

Como dijo Biden a los periodistas y al mundo después de que terminó la cumbre: “Lo que sucederá a continuación es que podremos mirar hacia atrás... de tres a seis meses y decir: ‘¿Pudimos hacer las cosas que acordamos realizar e intentamos hacer? ¿Funcionó todo esto? ... ¿Estamos más cerca de una estabilidad estratégica importante?’... Esa será la prueba”.

Va a ser la prueba de Putin, una prueba en donde hay dos calificaciones, aprobado o reprobado. Y así es como sucedió: Biden y Putin crearon dos grupos de trabajo conjuntos: uno, para detener la amenaza de los ciberataques globales que pueden ser las armas nucleares de la nueva era; el otro para reducir el riesgo todavía amenazante que suponen los viejos arsenales nucleares.

La creación de los grupos de trabajo puede parecer una noticia burocrática aburrida, pero podría traer resultados muy positivos, porque significa que los funcionarios estadounidenses y rusos volverán a trabajar juntos. (Al igual que lo hicieron poco después del 11 de septiembre, cuando el general ruso a cargo de los cohetes compartió en su oficina del Kremlin historias de cómo acababa de regresar de EEUU, en donde, para su sorpresa y asombro, su homólogo general de EEUU lo llevó a inspeccionar ¡un silo de misiles nucleares ultrasecreto de EEUU!).

Además, no solo es la prueba de Putin, sino que él sabe cuál es la respuesta para la obtener la calificación necesaria: “¡Alto!”

Los expertos estadounidenses están convencidos de que Putin tuvo que haber aprobado los dos recientes ciberataques de ransomware en Estados Unidos, en los que criminales con sede en Rusia cerraron un importante oleoducto y un importante productor de carne. Además, las agencias de inteligencia estadounidenses anunciaron hace mucho tiempo que Putin aprobó personalmente el ciberataque masivo de las campañas presidenciales estadounidenses de 2016 y 2020.

El momento clave en la cumbre de Ginebra bien pudo haber sido la amenaza que no fue un momento de amenaza. Al hablar de los ciberataques, Biden le dio la vuelta a Putin: “Hablé sobre la propuesta de que cierta infraestructura crítica debería estar fuera de los límites de los ataques, punto”, dijo Biden a los periodistas. “… Les di una lista… 16 entidades específicas… definidas como infraestructura crítica bajo la política de Estados Unidos, desde el sector energético hasta nuestros sistemas de agua.

“Cuando hablé sobre el oleoducto [petrolero] que atacó cibernéticamente por $5 millones, un ransomware que fue un ataque a Estados Unidos, lo miré y le dije: ‘Bueno, ¿cómo te sentirías si el ransomware se enfocara en los oleoductos de tus campos petroleros? Dijo que le importaría’. No se trata solo de nuestro propio interés; se trata de un interés mutuo“. (Recuerde: el difunto John McCain una vez llamó a Rusia “una gasolinera disfrazada de país”).

Un entrevistador de televisión le pidió a la exsecretaria de Estado Madeleine Albright que resumiera el desempeño de Biden en la cumbre. “Pensé que fue... una clase magistral de diplomacia”, dijo. “Tienes que ponerte en el lugar de la otra persona sentada frente a ti, para que sepas... lo que quieren”.

Exactamente. Ahora a Putin puede resultarle útil recordar un gran plan que alguna vez tuvo para convertir a Rusia en un actor importante en la economía mundial, y cómo casi lo hizo posible. Hasta que, en un estallido de ira, arruinó las cosas para él y Rusia.

Lo he llamado “Los dos pasos en Sochi” de Putin. Rusia estaba económicamente estresada y aislada de la economía mundial antes de 2014 cuando Putin casi realizó una apuesta brillante, pero arriesgada: 1. Putin gastó una fortuna para hacer de Sochi el sitio de los Juegos Olímpicos de Invierno de febrero de 2014, ganando elogios mundiales; 2. Putin, como presidente rotatorio del G-8, también organizó que Sochi fuera la sede de la reunión económica del grupo a finales de junio, y planeaba utilizar el nuevo respeto ganado por Rusia para atraer grandes empresas e inversores internacionales.

Pero en cambio, después de los Juegos Olímpicos de Sochi, Ucrania acordó nuevos lazos comerciales con Europa, rechazando a Rusia. Putin lo consideró una vergüenza nacional. Enfurecido, se apoderó militarmente de Crimea. Por supuesto, el G-8 canceló su reunión de Sochi, expulsó a Rusia y se rebautizó como G-7. La economía de Rusia ha sufrido desde entonces, agravada por el militarismo de línea dura y los ciberataques de Putin.

En la cumbre, Biden maniobró hábilmente a Putin hacia una posición de ganar-ganar que nunca podría haber conseguido militarmente: una oportunidad que puede lograr que Rusia vuelva a ingresar a la economía global y que el resto de nosotros gane un poco de paz.

Ahora Putin tiene que replantearse cómo quiere que sea juzgado su legado.

Martin Schram, columnista de opinión de Tribune News Service, es un veterano periodista, autor y ejecutivo de documentales de televisión de Washington.

©2021 Tribune Content Agency

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