Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

El silencio no es una opción. Debemos apoyar a los cubanos que luchan por su libertad | Opinión

En enero de 1959, Fidel Castro habló en La Habana y dijo: “Tenemos un país libre. No tenemos censura y la gente puede reunirse libremente. Nunca usaremos la fuerza y el día que la gente no me quiera, me iré”.

Castro prometió una mejor forma de vida. Pero la realidad es que la revolución de Castro, que comenzó efectivamente el 26 de julio 1953, se convirtió en una especie de contradicción tropical: una isla rica en tradiciones, rica en tierra fértil, rica en espíritu empresarial; sin embargo, encarcelados por las garras de una dictadura que ha traído solo hambre, pobreza y opresión a su pueblo.

Ese mismo año, mis padres, Víctor y Teresita Sánchez, se casarían y empezarían a construir una vida juntos. Tenían poco más de 20 años y eran optimistas, ambiciosos y ansiosos por empezar una familia. Sin embargo, sus sueños de una vida próspera en el paraíso se convirtieron aparentemente en una pesadilla de la noche a la mañana.

Mi padre recordaba cómo en medio de la toma de posesión, todo estaba fuera de control: se confiscaron propiedades privadas, decenas de miles de personas perdieron sus hogares, granjas y negocios, y peor aún, los cubanos estaban perdiendo la vida a manos de mercenarios y pelotones de fusilamiento por hablar en contra de la revolución.

Para muchos, incluyendo mis padres, la situación llegó a un punto clave cuando el régimen castrista lanzó una guerra contra la religión. Cerraron iglesias, silenciaron a los líderes religiosos, a menudo infiltrándose en los mismos bancos con simpatizantes y espías comunistas, todo con el propósito de acabar con la libertad de religión.

Pero los miedos, las mentiras y el engaño llegaron a un punto culminante este 11 de julio de 2021.

Con su grito de guerra de “Patria y Vida”, el pueblo cubano salió a las calles públicamente en actos de rebelión significativos y espontáneos a través de toda la isla. Motivados e indignados, nuestros hermanos y hermanas en la isla exigieron un cambio, suplicando por los derechos que Dios les ha otorgado después de tantas décadas de morir en silencio. No podía creer lo que estaba desarrollándose.

Los cubanos, finalmente, ya no se escondían. Ya no temían las palizas y los encarcelamientos que vendrían pronto. Se manifestaron proclamando para que todos escucharan que el uso del miedo, la intimidación y las amenazas ya no tenían un efecto paralizador en su disposición a exclamar la verdad. “Si callamos, nos matan. Si hablamos, nos matan. Por eso, hemos decidido hablar para no morir en silencio”, decía un cartel en las calles de Cuba.

¿Qué tan grave puede ser la situación en la isla que ellos estén dispuestos a arriesgar la vida y la integridad física por una oportunidad, solo una, de experimentar verdaderamente la libertad?

Esa lucha por la libertad continúa, pero esta vez, es diferente.

Esta no es la Cuba de los 60. Es una isla llena de desesperación, que vive sin las necesidades más básicas. Es un país que ha sido testigo de miles y miles de hombres, mujeres y niños detenidos, desaparecidos, encarcelados o asesinados por el régimen. Ahora es una Cuba que comparte las verdades crudas y sin editar de su lucha a través de las redes sociales para que el mundo las vea.

¿Y qué hace el régimen en represalia? Cerraron la Internet para ocultar las atrocidades que se estaban cometiendo.

Pero aún así, marcharon y se alzaron en pueblos y ciudades en toda la isla. La gente ya no estaba dispuesta a acobardarse ante el régimen tiránico y comunista que asfixia a sus ciudadanos, ni se unirá a la desgastada reacción del dictador de culpar a Estados Unidos por la angustia de Cuba. Esa excusa ya no resuena con el pueblo cubano.

Por esa razón, los cubanos que están sufriendo no pueden, ni deben ser utilizados como herramienta geopolítica.

Estados Unidos se fundó sobre los valores de la libertad y la democracia, dos ideologías que tanto apreciamos. De hecho, hemos apoyado esos mismos ideales a lo largo de la historia y en todo el mundo en un esfuerzo por garantizar que todas las personas, independientemente de su color, raza o religión, tengan acceso a estos principios. Sin embargo, estos ideales requieren oportunidad, coraje y liderazgo en Washington para tener éxito.

Las sanciones del Presidente Joe Biden son teóricamente un primer paso, aunque retrasado, para presionar a los criminales responsables de la brutal represión contra los cubanos que buscan la libertad, pero desesperadamente necesitan más.

Penalizar a un funcionario cubano ya sancionado muestra lo desconectado que está esta administración con lo que está ocurriendo en la isla y es un insulto a todos los que caen víctimas de la crueldad perpetrada por la dictadura. La violencia, represión y violaciones de derechos humanos a gran escala que se están cometiendo contra el pueblo cubano requieren una respuesta diplomática abrumadora por parte de entidades como la Organización de Estados Americanos. Esto enviaría un fuerte mensaje al régimen de Díaz-Canel de que las atrocidades que se están cometiendo contra sus ciudadanos no quedarán sin consecuencia.

Un componente clave para esto es asegurar el acceso gratuito a Internet para todos los cubanos con el fin de garantizar que la presión internacional aumente a medida que se exponen las horribles verdades que tienen lugar en la isla todos los días.

Por último, Estados Unidos y los grupos de esta nación libre deberían estar indignados y no deberían aplaudir ni simpatizar con un régimen despótico asesino que asfixia a su pueblo. Necesitamos apoyar y unirnos detrás de ideales compartidos. El silencio no es una opción y no hablar es, en esencia, estar del lado de la tiranía y la opresión.

Por eso debemos actuar ahora, mientras que nuestros hermanos y hermanas cubanos continúan rebelándose contra un régimen cruel y totalitario. ¡Este 26 de julio de 2021, unamos nuestras voces para dar forma a una nueva historia para la isla de Cuba, una en la que juntos proclamemos una revolución de “Libertad, Patria y Vida”!

Jeanette Nuñez es la primera vicegobernadora cubanoamericana del estado de la Florida y ex representante de la Cámara de Representantes de la Florida.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de julio de 2021, 3:16 p. m..

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA