Tercera ola pandémica pone en peligro la recuperación económica en EEUU | Opinión
Entre las consecuencias más importantes de esta tercera arremetida pandémica están las económicas.
Esta pandemia, particularmente agresiva, se caracteriza por su mutación constante. Es por eso que ahora mismo se están infectando las personas en una proporción cercana al inicio, incluyendo a las que están vacunadas.
De las cepas no tan conocidas, se está hablando ahora de “Epsilon”, la cual se caracteriza por disminuir el porcentaje de inmunidad en aquellas personas ya vacunadas, quienes en caso de contagiarse, mayormente tendrán síntomas leves y pasarán su cuarentena en casa.
La recuperación económica que se venía experimentando en EEUU puede tener un retroceso importante, especialmente en aquellas regiones donde el sector servicios y espectáculos es intenso, como por ejemplo en Las Vegas y Orlando.
La Asociación de Hoteles y Alojamientos (AHLA) reportó que para mayo 2021 el sector había perdido unos 3.1 millones de empleos y que se esperaba que esa situación empeorara con una reducción adicional de 500,000 empleos.
Evidentemente, esta falta de ocupación hotelera, con negocios cerrados o parcialmente abiertos, ha generado un efecto multiplicador negativo en la economía ya que muchos establecimientos a su vez, dependen de los huéspedes hoteleros, como son los restaurantes, tiendas al detal y empresas proveedoras de suministros para hoteles y construcción.
Esta reducción que se espera en los empleos hoteleros, apuntalada ahora por la tercera ola pandémica, a su vez hace peligrar a unos 1.3 millones de empleos respaldados por hoteles. Los estados supuestos a perder más empleos este año en el sector hotelero, según la AHLA, son California (61,000), Florida (39,560), Nueva York (38,028) y Nevada (22,282).
Otro sector fuertemente afectado es el de los cruceros. Antes de la pandemia, esta industria albergaba 450,000 empleos Estadounidenses y aportaba unos $56,000 millones anuales a la economía.
Tras una cifrada esperanza que este sector pudiera recuperarse paulatinamente siguiendo los protocolos del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), ahora las expectativas son más escasas dada la nueva arremetida de la pandemia.
Por eso muchas importantes líneas de cruceros estaban trasladándose a las islas del Caribe, como Bermuda y Sint Maarten. Bermuda, una isla frecuentemente devastada por huracanes tropicales, estimaba un impulso económico de unos $40 millones para este verano, algo vital en una nación cuya columna vertebral económica es el turismo. Este ejemplo ilustra cómo otras islas del Caribe también han decidido correr el riesgo de contagios a cambio de tener una recompensa económica.
Ante la deficiente aplicación de vacunas en estas islas, los lugareños están más expuestos ahora al virus de rápida propagación como la cepa Delta, por ejemplo. Esta es la razón por la que se han adoptado medidas para exigir prueba de vacunación a todos los huéspedes y tripulación, así como un test rápido para todos los que aborden el barco.
El problema que surge ahora con las variantes Epsilon y Delta es que también están afectando a los vacunados, que aunque sufran síntomas leves, también están contagiados y son transmisores. Sin duda, esto es una pésima noticia para la industria, quienes a pesar de haber recibido una asistencia masiva gubernamental, no podrán subsistir bajo estas condiciones, ni tampoco podrán ser receptores permanentes de ayudas multimillonarias.
En todo caso, en la nación americana, estamos experimentando ahora una gran inflación, especialmente marcada en el precio de bienes y servicios y en particular en los alimentos, cuyo costo se ha disparado hasta el doble en muchos casos. En cuanto al precio de productos domésticos y vehículos, también vemos un aumento que supera muchas veces al 20%. Esto se complica aún más con el desabastecimiento de todos estos renglones, donde el consumidor recibe como respuesta del vendedor “simplemente no hay”.
Si a esto le añadimos la próxima crisis que se avecina por las personas que no han pagado su renta en muchos meses y que serán oficialmente desalojados, entonces tenemos que concordar en que estamos ante un panorama económico sombrío.
Lógicamente, la cantidad de personas que quedarán desempleadas no podrán ser absorbidas por Amazon, ¿Acaso todos trabajarán para Amazon? Improbable, sobre todo porque hay una merma en la producción de muchos bienes.
Por los últimos años hemos venido anunciando una gran crisis económica. Demás está decir que un descenso sostenido de los ingresos y un alza desmesurada de los gastos, sobre todo por la pandemia, nos acerca peligrosamente a esta posibilidad.
Rogamos a Dios porque las mutaciones de esta peligrosa pandemia cesen y se pueda elaborar un nuevo plan para reactivar la economía.
Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.