SERGIO MUÑOZ BATA: Reaparecen las pistolas y el racismo
En los últimos siete años, el Presidente Obama ha intentado 14 veces explicarle a los estadounidenses el por qué de la violencia armada que estremece a su país y les ha invitado a preguntarse por qué este tipo de violencia no sucede en otros países avanzados.
La semana pasada, en su discurso posterior a la matanza de nueve personas en Carolina del Sur, Obama insistió en el tema del fallido control de venta de armas que permite que cualquier persona pueda comprar con enorme facilidad armas de fuego.
Se estima que en los últimos treinta años se ha duplicado el número de armas de fuego en manos de civiles, y que en total los estadounidenses poseen 310 millones de armas de fuego. Es decir, 88 de cada cien estadounidenses tienen por lo menos una arma de fuego.
Obama tiene razón, en ningún otro país del mundo tanta gente tiene tantas armas, en Yemen, el segundo país más armado en el mundo, solo 28 de cada 100 poseen armas. Y si bien es cierto que la tasa de homicidios en EE UU es menor que la de Honduras, El Salvador, Venezuela Colombia o Panamá, es mucho mayor que la de países desarrollados como Alemania, Francia, Gran Bretaña o los países escandinavos.
Otra anomalía estadounidense es que los asesinatos masivos suceden más frecuentemente y cada día son más letales. Entre enero de 2014 y mayo de 2015, ha habido 43 tiroteos masivos (por definición, aquellos en los que mueren tres o cuatro personas). De noviembre de 1991 a diciembre de 2004, perecieron 151 personas víctimas de este tipo de tiroteos mientras que de esa fecha a 2013 el número de muertos aumentó a 285. El problema mayor, sin embargo, es que en 2013, hubo 11,208 homicidios con armas de fuego en todo el país. Y esto para no hablar de el número de accidentados con armas de fuego y de quienes las utilizaron para suicidarse.
En este sentido, debería ser evidente que el país necesita mayor control sobre la venta de armas, desafortunadamente, estoy convencido de que todo continuará igual. Si la matanza de 26 blancos, 20 niños y seis adultos en Newtown, Connecticut en 2012, no conmovió a la mayoría republicana en el Congreso a reforzar medidas para detener esta locura, la probabilidad de que el asesinato de nueve afroamericanos en Carolina del Sur lo haga es nula. Un año después de la matanza de Newtown, tres estados aprobaron algunas restricciones a la venta de armas intentando rectificar a nivel estatal la inacción del Congreso pero otros diez las relajaron.
De lo que no cabe duda es de que cuando suceda la próxima matanza volveremos a escuchar los dos viejos debates que nunca prosperan, ¿cómo limitar el obsceno comercio de armas de fuego? y ¿cómo avanzar en la lucha por la igualdad racial? Pues para muchos hay un vínculo estrecho entre el odio racista y las matanzas.
Según el FBI, de los casi seis mil crímenes por odio que hubo en 2013 y que produjeron un poco más de siete mil víctimas, casi la mitad fueron de carácter racial, una quinta parte contra homosexuales, lesbianas y bisexuales y un 17.4% por temas de tipo religioso. De los crímenes por odio racial, casi siete de cada diez fueron contra afroamericanos.
Sin embargo, para un amplio sector de la población la persistencia del racismo en el país es una invención de los liberales anti-estadounidenses. Cuando la Primera Dama Michelle Obama relató sus experiencias personales de discriminación racial, Glenn Beck, uno de los comentaristas de la cadena de televisión FOX le reclamó diciéndole, “¿Cómo te atreves a hablar de racismo cuando la gente votó por ti?”
Algo semejante sucede con el tema del control de la venta de armas. Para una gran parte de los estadounidenses, las armas no matan y un individuo desequilibrado lo mismo puede matar con una bomba que con un cuchillo. Si esto es así, la conclusión es inevitable y contundente: el problema está en la gente.
La bandera confederada sigue ondeando en el Capitolio de la capital del estado donde sucedió el tiroteo porque a 150 años de la Guerra de Secesión, todavía hay un poderoso grupo de obstinados que no quiere aceptar que a final de cuentas esa bandera simboliza el horror de la esclavitud.
A este país le cuesta mucho trabajo admitir sus fallas porque estas no son compatibles con la imagen del país excepcional con la que crece la inmensa mayoría de los estadounidenses.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de junio de 2015, 3:30 p. m. with the headline "SERGIO MUÑOZ BATA: Reaparecen las pistolas y el racismo."