FRANK CALZON: ¿Buena idea o cortina de humo?
Andrés Oppenheimer escribió recientemente sobre la economía cubana, las inversiones extranjeras en la isla, y el impacto de una población cada día menos joven. Oppenheimer, uno de los periodistas mejor informados sobre América Latina, presenta un documentado análisis en un artículo titulado “Mucho ruido y pocas nueces”, concluyendo que muchos de los empresarios, inversionistas y emprendedores entusiasmados con el romance entre Obama y Raúl Castro, “van a perder hasta la camisa”. El mismo título, “Mucho ruido y pocas nueces”, pudiera encabezar un artículo sobre el entusiasmo de los que consideran una buena idea la apertura de Obama hacia Cuba.
Es una frase: “la apertura de Obama hacia Cuba es, en general, una buena idea”, que sin un análisis que la justifique incluye Oppenheimer en su artículo.
En su análisis sobre los empresarios e inversionistas entusiasmados con los espejismos raulistas, Oppenheimer tiene en cuenta la naturaleza de la economía cubana, las inversiones en la isla, el poder adquisitivo de los cubanos (unos $20 al mes), el Producto Nacional Bruto y lo que puede esperarse de una población cada día más vieja. La juventud cubana no cree en la revolución; no sueñan con crear una familia, sino con escapar del país. Son asuntos que difícilmente podrá cambiar Obama. Desde el 17 de diciembre último, cuando Obama anunció su nueva política, el número de cubanos huyendo de la isla ha aumentado considerablemente, lo mismo que la represión.
¿Y si la apertura de Obama no es “una buena idea” para los hombres de negocios extranjeros, para quién es una buena idea?
No para los latinoamericanos que han luchado por elecciones democráticas multipartidistas, ni para el futuro de gobiernos civiles en América Latina. La aceptación de la dictadura militar castrista por Obama y por otros, tendrá consecuencias cuando haya que oponerse a más de un coronel convencido de que “la política” es inútil, y que “la patria” lo necesita.
La apertura cierra un capítulo de cooperación hemisférica definido por la Carta Democrática, la cual hoy sin valor para los cubanos no servirá mañana de contén a las aspiraciones castrenses latinoamericanas. La iniciativa de Obama es una buena idea para el futuro de las dictaduras en el continente.
También es una buena idea para los terroristas. El mensaje práctico es que Obama ha levantado la bandera de la impunidad. Pregúntenles a los asesinos condecorados por el más “joven” de los Castro – si no tenemos en cuenta a su hijo Alejandro, coronel de la Seguridad del Estado. Para los terroristas y sus oficiales que cumplen sus órdenes de matar, Obama tiene buenas ideas.
Sí señor, para Raúl y para los oficiales de la fuerza aérea cubana que asesinaron en espacio aéreo internacional a cuatro seres humanos que buscaban refugiados en la inmensidad del mar en el Estrecho de la Florida, el Presidente tiene buenas ideas.
Joanne Chesimard, la terrorista americana negra que mató a sangre fría a un policía de carreteras de New Jersey, está de acuerdo con las ideas del Presidente: hay que pasar la página porque el tema es muy viejo y desagradable. Condenada a cadena perpetua, Chesimard escapó a Cuba y Fidel la recibió como una verdadera revolucionaria.
¿Es la apertura una buena idea para los intereses nacionales americanos? Obama ignora la realidad, enfatiza la “normalización” y apertura de embajadas, pero después de dos años de negociaciones, la USINT, la misión diplomática en La Habana, sigue rodeada por cordones policiacos y Raúl Castro todavía no se ha comprometido a no violar la valija diplomática norteamericana.
Las ideas tienen consecuencias. Tienen consecuencias en Cuba, donde continúan las golpizas de las Damas de Blanco y de disidentes. Y en Washington. ¿Por qué la apertura de Obama no tiene en cuenta los aviones de guerra que Raúl Castro trató de enviar de contrabando bajo toneladas de azúcar a Corea del Norte, o la anunciada reapertura de la base de espionaje cibernético ruso en Cuba? ¿No es la nueva presencia militar rusa en Cuba y la alianza de los Castro con Corea del Norte el inicio de una nueva guerra fría?
¿Es la apertura una buena idea para los derechos humanos en Cuba, o es una cortina de humo, como avisó Amnistía Internacional, si no se hacen reformas políticas reales?
Hay más. Los turistas disfrutan las playas tropicales, y se aprovechan de la miseria de las cubanas. Pero hay que reconocer que la apertura es un momento histórico, como el reconocimiento de Batista en 1952 por Washington, o como tantos crímenes perpetrados con la anuencia de Washington.
Director ejecutivo del Centro para Cuba Libre
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de junio de 2015, 4:30 p. m. with the headline "FRANK CALZON: ¿Buena idea o cortina de humo?."