Las trabajadoras de cuidado del hogar necesitamos salarios dignos y protecciones básicas | Opinión
Emigré a Estados Unidos de Cuba hace nueve años en búsqueda de una vida mejor y de un buen trabajo. Durante ese tiempo, he trabajado como cuidadora en el hogar, cuidando de los seres queridos de otras personas.
Esta labor es más que un trabajo, es mi pasión. Me enorgullece ayudar a otras personas mientras construyo vínculos profundos con ellas. Durante la pandemia, mi trabajo se sintió aún más importante. Me convertí en la única conexión en persona para mis clientes y sabía que ellos dependían de mí para mantener una apariencia de normalidad en sus vidas.
Si bien encuentro orgullo en mi trabajo y estoy consciente de su importancia, me siento explotada por un sistema injusto que no cuenta con protecciones para los trabajadores de cuidado en el hogar. Con un salario promedio de $11.73 por hora, la falta de una atención médica asequible, nuestra incapacidad de unirnos a un sindicato y la ausencia de protecciones básicas en el trabajo, hacen difícil que la gente busque una carrera cuidando a otras personas.
Toda la infraestructura del cuidado es un desastre, lo que ha llevado a una grave escasez de trabajadores y demasiadas familias que no pueden encontrar el cuidado necesario. Unos 10,000 estadounidenses llegan a los 65 años de edad cada día. En la década que abarca de 2018 a 2028, la industria del cuidado en el hogar necesitará cubrir aproximadamente 4.7 millones de empleos. Pero es difícil atraer a esa cantidad de trabajadores a un empleo que no paga bien, que ofrece pocos o ningún beneficio y les niega a los trabajadores un lugar en la mesa para negociar mejores salarios y beneficios.
Pero los trabajadores de cuidado en el hogar se han unido durante los últimos meses, años e incluso décadas. Como trabajadores esenciales, nos rehusamos a aceptar nada menos que salarios dignos, protecciones básicas y el derecho de unirse a un sindicato. Hemos alzado nuestras voces y nuestro mensaje resonó: el presidente Joe Biden y el Congreso nos escucharon. Como parte del plan de Reconstruir Mejor (Build Back Better), presentaron una propuesta que incluye una inversión significativa en el sistema de cuidado de nuestra nación.
De hecho, los demócratas en el Congreso aprobaron recientemente una resolución presupuestaria de $3.5 billones, lo cual es el primer paso para hacer realidad el plan de Build Back Better. Si se convierte en ley, este plan promete convertir los empleos de cuidado en el hogar en buenos empleos sindicalizados con salarios dignos, y asegurar que existan suficientes trabajadores para cuidar de todos los que dependen de ellos.
Uno de cada tres trabajadores de cuidado en el hogar es inmigrante. Afortunadamente, la resolución presupuesta también incluye un camino hacia la ciudadanía para 8 millones de inmigrantes indocumentados. Esta legislación no sólo invertiría en estos trabajadores, sino que les permitiría participar en nuestra sociedad sin miedo a la deportación.
El cuidado en el hogar es también una fuerza laboral compuesta casi del 90% de mujeres y la mayoría de mujeres de color. Invertir en nuestra industria, tanto creando nuevos trabajos y convirtiendo los empleos existentes en carreras reales que puedan mantener a la familia, sería una inversión importante en la justicia racial y de género.
Hoy día, hago un llamado al Congreso para que lleven estos planes hasta la meta final y se aseguren de que los trabajadores de cuidado sean respetados, protegidos y remunerados. Invertir en el cuidado no es un tema partidista; es un asunto estadounidense que las personas en todo el espectro político apoya y también es una necesidad económica.
El plan ayudaría sin duda a que nuestra industria atrajera más trabajadores cualificados y apasionados para satisfacer la creciente demanda de nuestros servicios. También le proporciona a 3.2 millones más de adultos mayores y personas con discapacidades los servicios de cuidado que tanto necesitan. El marco también le cambiaría la vida a las mujeres inmigrantes que realizan este trabajo al generar por lo menos un millón de nuevos empleos y le permitiría a 1.1 millones de cuidadores familiares reingresar a la fuerza laboral.
Cuando impulsas a los trabajadores de cuidado en el hogar, impulsas a todas las personas a las que cuidamos. Los adultos mayores y las personas con discapacidades merecen vivir con dignidad y tener la libertad de elegir los servicios que les funcionen, y nuestros líderes electos tienen el poder y la responsabilidad de hacer esto una realidad.
Tenemos una oportunidad para reflexionar en aquellos trabajadores cuyas contribuciones hacen que nuestras vidas diarias se desarrollen sin problemas. Pero la dura realidad es que los trabajadores de cuidado en el hogar necesitan más que una reflexión o aprecio; necesitamos acción. El cuidado hace que todos los demás trabajos sean posibles, y ahora es tiempo de que el Congreso nos cuide a nosotros.
Dorys Tellechea es una trabajadora de cuidado en el hogar que emigró a Estados Unidos de Cuba.