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La agroecología ayuda a la sostenibilidad de las comunidades | Opinión

La primera vez que escuchamos la palabra “agroecología” fue cerca del 2014. Todos los miembros del Colectivo Agroecológico Güakiá estábamos buscando qué era lo que tenía sentido sentido hacer y aportar a la sociedad, a nuestras comunidades y a nuestras convicciones políticas.

Luego de tomar el curso de promotores y productores agroecológicos del Josco Bravo comprendimos que la agroecología era esa respuesta que estábamos buscando.

Antes de continuar, definamos la agroecología. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) la agroecología es “una disciplina científica, un conjunto de prácticas y un movimiento social”.

“Como ciencia, estudia cómo los diferentes componentes del agroecosistema interactúan”.

“Como un conjunto de prácticas, busca sistemas agrícolas sostenibles que optimizan y estabilizan la producción.”

“Como movimiento social, promueve la justicia social, nutre la identidad y la cultura, y refuerza la viabilidad económica de las zonas rurales”.

Pero hay algo importante que para todas nosotras tuvo sentido cuando comprendimos la agroecología y es que no queríamos hacerlo solas. En el 2015 tuvimos nuestra primera reunión colectiva para hablar de nuestros sueños individuales y cómo eso se transformaba en el sueño colectivo; así comenzó nuestro viaje.

Mientras trabajábamos en ese sueño seguimos buscando el acceso a tierra. En mayo del 2017 firmamos nuestro contrato de arrendamiento y acuerdo de colaboración con las propietarias del pedacito de tierra de 11 cuerdas que trabajamos hoy día en el barrio Higuillar de Dorado.

Una de las primeras cosas que realizamos al llegar a los terrenos fue explorar la comunidad y los alrededores. Realizamos una caminata por la comunidad de San Carlos repartiendo hojas con el nombre del proyecto, dónde estaríamos y nuestros contactos. Pero más allá de eso, no hicimos mucho más en la comunidad y nos enfocamos en tener las condiciones apropiadas para sembrar la finca. Y en eso llegaron los huracanes Irma y María. Desastre tras desastre. Los huracanes nos obligaron a pausar la finca y eso estuvo bien, de todas maneras, porque todavía no habíamos podido sembrar. Nos enfocamos en la comunidad de San Carlos.

Normalmente cuando escuchamos hablar del municipio de Dorado, pensamos en los ricos, en las casas de mayor valor vendidas en la historia de Puerto Rico, pero esta no es la realidad de la mayoría de las comunidades establecidas históricamente y la comunidad de San Carlos es una de ellas.

Comenzar con almuerzos calientes comunitarios semanalmente fue un primer paso para completar nuestra inserción en la comunidad. Comprender sus necesidades y como autogestionarlas, pero además que sus necesidades nos unían como comunidad y finca en todos los sentidos, que sus problemas eran nuestros también.

Este proceso le devolvió el poder a la gente dentro de la crisis. Poder que supieron reconocer, apropiarse y continuar. Desde la finca pudimos apoyarles en su proceso y crear nuevos espacios de encuentro, diálogo y compartir.

En agosto de 2018, a casi un año del paso de los huracanes, realizamos en los predios de la finca nuestro primer festival de verano. Tuvimos talleres de defensa personal, talleres de circo, música en vivo, mercado, comida, bingo, torneo de dominó y más. La finca se llenó de familias.

Nuestras comunidades aledañas a la finca han comprendido que la finca es un espacio seguro y abierto para todas. En el 2019 repetimos el evento y recibimos más de 300 personas durante el festival en la finca. Recientemente en el 2021, reabrimos la finca a estudiantes para hacer su voluntariado y realizamos un taller infantil acerca de la importancia del agua como recurso. Los desastres que ha enfrentado Puerto Rico en los últimos años han sido fuertes y corridos, pero a su vez, han demostrado la resiliencia de las comunidades y de las fincas agroecológicas.

La agroecología no ocurre dentro de un contexto aislado a la comunidad, es parte de ella y es ella la que le da sentido a la agroecología en sí misma. No podemos pensar en la producción de alimentos desde la individualidad de la producción, porque a final de cuentas, es la gente misma la que consume lo que se produce.

Son momentos complejos de mucha vulnerabilidad social colectiva, de amenazas constantes ante la crisis climática, económica y de acceso a la salud y alimentos. Se vuelve más urgente asumir la agroecología como proyecto de sostenibilidad y desarrollo comunitario. La sostenibilidad comunitaria es posible y solo se logra desde la base.

Es importante que la política pública de un país comprenda la urgencia que representa viabilizar el acceso a tierra a personas que quieran trabajar desde la agroecología, porque desde ahí se logra su sostenibilidad ante todas las amenazas que nos apremian.

Al día de hoy, no solamente la comunidad de San Carlos sabe que la finca de Güakiá está abierta para ella, sino que se amplía a otras comunidades que van expandiendo su campo de visión y comprensión de la urgencia de proyectos como estos. Güakiá sabe que no está solo en esta tarea, ya que así como nosotras hay otras fincas haciendo un trabajo integrado monumental y es lo que está permitiendo el acceso a la comida saludable trabajada en colectivo.

Solo esperamos que el número de fincas siga en aumento y que podamos seguir adelantando una seguridad alimentaria que nos lleve a una soberanía alimentaria aun con la crisis, porque sabemos adaptarnos, escucharnos y trabajar en comunidad y para la comunidad.

Marissa Reyes-Díaz es miembro del Colectivo Agroecológico, Güakiá, en Puerto Rico.

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