Documental examina la triste vida en Cuba del autor y poeta José Lezama Lima | Opinión
En 1991, veinticinco años después de ser retirada de los estantes de las librerías, se volvió a publicar, en Cuba, Paradiso, magistral y controvertidamente homoerótica novela del autor y poeta José Lezama Lima.
Para entonces, el libro, traducido a todos los idiomas importantes, le había dado la vuelta al mundo, y una nueva generación de cubanos se disputaban para obtener un ejemplar de un libro que se había transformado en sinónimo de rebelión contra décadas de homofobia institucionalizada y represión política y cultural.
El colapso de la Unión Soviética había dejado a Cuba desprovista de aliados naturales y, para sobrevivir, la revolución necesitaba alejarse de los excesos estalinistas de antaño, y qué mejor manera que instalar al intelectual más prominente y más silenciado de Cuba al panteón literario de la nación sutilmente arrepentida.
Para ser justos, el rescate de Lezama ya estaba en marcha, el éxito internacional de Paradiso le había valido al escritor el reconocimiento mundial, y estudiantes de la Universidad de La Habana, donde la obra de Lezama estaba prohibida, leían sus ensayos y poesías. y ensayos.
Lezama se había convertido en símbolo de callada resistencia, y los pasajes de Paradiso ya alcanzaban un estatus mítico. Pero la restauración oficial de Lezama era otro asunto.
Desde al año 1976 con la creación del Ministerio de Cultura un relajamiento en el control político de la cultura prometía una cierta apertura. Lezama, sería rescatado no ya como un escritor aplastado y silenciado sino como un revolucionario, víctima de “errores;” de funcionarios excesivamente celosos durante un período de tiempo comprendido en “el quinquenio gris.”
Fueron exaltados el entusiasmo de Lezama por la revolución que su prosa enalteció como el advenimiento de una nueva “era imaginaria;”, donde florecería la cultura cubana”, y el hecho de que Orígenes, la revista literaria de Lezama, se había creado en como alternativa a la corrupción y modernización americanizadora de la República de Cuba.
Su “Ché Guevara, Comandante Nuestro”, escrito en 1967, fue la guinda del pastel. Pero las cartas escritas a sus hermanas Eloísa y Rosita en el exilio, contaban otra historia; una historia de amargas limitaciones, evidencia del desastroso desempeño económico de la revolución, y la preocupación de un escritor Lezama que ya veía despuntar un gobierno autoritario. “He recordado la frase de Nietzsche en el Zaratustra, “ el desierto está creciendo,” “Qué frase para los tiempos que corren... Si no hay libertad no hay posibilidad, no hay imágenes, no hay poesía ... si no hay libertad no puede haber verdad ”. (Septiembre de 1963).
A la muerte de Lezama el 9 de agosto de 1976, Eloísa decidió releer las cartas de su hermano para compartir con el mundo el Lezama íntimo y tierno que ella conocía. Pero pronto comenzó a notar el drama y el dolor que emanaban de aquellas cartas; la desesperación de un hombre solo, asmático, atrapado en una casa donde el calor y la humedad de La Habana se convertían en moho sobre las parades. Un hombre separado de todos y de todo lo que le había dado sentido a su vida. Una tragedia que comenzó con la publicación y el escándalo de Paradiso y continuó hasta su muerte.
La verdad que me dijeron esas cartas me obligó a hacer este documental llamado, Cartas a Eloísa — que se estrena en la serie VOCES de PBS en Miami el viernes 15 de octubre — a arrojar luz sobre un oscurecido genio y literario y, en el espíritu de la justicia, tanto como Eloísa había hecho cuando decidiópara publicar las cartas con la esperanza de dejar las cosas claras.
Era la historia de un hermano que anhelaba reunirse con su hermana y un gobierno que obstinadamente le negaba todas las oportunidades para hacerlo; de un genio de la literatura al que se le prohibía publicar su obra, o viajar para recibir el reconocimiento del boom literario de la novela latinoamericana; donde en su país estaba prohibido leerlo, enseñarlo y hasta citarlo; de alguien que valoraba la amistad por encima de todo y estaba rodeado de “soledad y más soledad ”, ya que muy pocos se atrevieron a correr el riesgo de visitarlo. “Vivo para el temor y la más arrasante melancolía ”, escribiría a Eloísa en 1971.
En dos breves visitas cada una de 3 días a La Habana entre 2011 y 2013. Fué un momento época en la que una leve brisa de libertad sopló sobre la isla, coincidiendo con las celebraciones del Centenario de Lezama en diciembre de 2010.
Visité su casa, hablé con sus amigos recolecté grabaciones y fotografías. Con la certeza de que en Cuba nada es permanente, guardé los materiales como un tesoro, esperando que algún día pudiera volver atrás, profundizar, aprender más. Para cuando pude comenzar a hacer este documental, las puertas de Cuba se habían cerrado. Se me negó cualquier acceso adicional.
Entre los que prestaron su voz a Cartas a Eloísa, el poeta cubano César López, (1933 y 2020) habló de la necesidad de evitar una repetición de los años 70 y 80 en Cuba: “Hemos sido crueles, crueles con las criaturas más vulnerables “y debemos permanecer alerta para que nunca se repita nada como esto.”
El regreso de luna censura acérrima y la represión en Cuba ha hecho de sus palabras una profecía.
Adriana Bosch es una cineasta galardonada cuya carrera abarca más de 30 años. Cartas a Eloisa, que se estrenó por primera vez en el Festival de Cine de Miami, ahora se mostrará en la serie VOCES de PBS en Miami el viernes 15 de octubre a las 10 p.m. ET (consulte los listados locales).
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de octubre de 2021, 6:00 a. m..