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Vivian Maier, la niñera fotógrafa que alcanzó fama mundial tras su muerte | Opinión

Un autoretrato sin título de la fotógrafa Vivian Maier.
Un autoretrato sin título de la fotógrafa Vivian Maier. Archivo/el Nuevo Herald

Las grandes ciudades siempre han sido los escenarios perfectos de la llamada “fotografía callejera”: París, Londres, Berlín. Y también, desde luego, Nueva York.

Sobre todo, en la década de los años 50 cuando varias fotógrafas, entre ellas Jill Freedman y Helen Levitt, se hicieron de un nombre en el mundo del arte reflejando, a través de sus fotos en blanco y negro, no solo la opulencia de la Quinta Avenida sino también la pobreza del Bronx.

No fueron las únicas que lo hicieron. Otras, aunque de una manera casi secreta, también testimoniaron la cotidianeidad de su ciudad, como Vivian Maier, que primero lo hizo en Nueva York, donde nació, y más tarde en Chicago, donde pasó los últimos años de su vida recorriendo las calles con una cámara Rolleiflex al cuello y tomando artísticas instantáneas —edificios, calles, vidrieras, hombres, mujeres y niños— que nunca llegó a exhibir.

Vivian Maier vivió y murió en el anonimato, ocultando su pasión por la fotografía y sin compartir sus trabajos. No fue hasta el año 2007 que su increíble historia se supo. Todo comenzó cuando un corredor de bienes raíces, John Maloof, compró en una subasta pública un lote con más de 100,000 negativos que, al ser revelados, resultaron ser de una extraordinaria calidad visual.

Como lo único que John Mallof sabía era que los negativos pertenecían a una mujer nombrada Vivian Maier (que había dejado de pagar la renta del almacén donde estaban guardados), decidió iniciar una investigación sobre la misteriosa fotógrafa, tan extensa y exhaustiva que le permitió, algún tiempo más tarde, publicar dos libros: Vivian Maier: Street Photographer, y Vivian Maier: Self-Portraits, y realizar un documental sobre su vida, Finding Vivan Maier, nominado para un Oscar en el 2015.

Lo demás es, como se dice, historia. Después de su muerte, la obra de Vivian Maier, que había permanecido inédita durante su vida, terminó siendo reconocida en todo el mundo y exhibida en las más prestigiosas galerías de arte. De repente, la celebridad que nunca buscó le llegó póstumamente. Y se convirtió en un mito en el mundo del arte.

Nacida en Nueva York en 1926, de madre francesa y padre austriaco, vivió parte de su juventud en Francia. En 1930, su padre abandona la familia. Junto a su madre, convivió algunos años con Jeanne J. Bertrand, una pionera de la fotografía, de quien pudo adquirir su vocación por el medio, hasta que en 1951 regresó a Estados Unidos.

Trabajó como niñera durante más de 40 años en Nueva York y Chicago, donde tomó la mayoría de sus famosos autorretratos —fugaces reflejos de su rostro junto a los maniquíes de las vidrieras— y también sus icónicas imágenes callejeras: niños sorprendidos en la candidez de sus juegos urbanos, mujeres paseando alegres en sus chillones vestidos de domingo, vagabundos durmiendo a los pies de una escalera de incendio, jóvenes negros frente a las puertas de los supermercados, vendedores de perros calientes junto a sus carros de venta. Es decir, la vida misma.

Roberta Smith, crítica de arte de The New York Times, comparando la obra de Vivian Maier con la de los más famosos fotógrafos del siglo XX, como Robert Frank y Richard Avedony, dijo: “Sus imágenes mantienen un elemento distintivo de calma y una extraordinaria claridad de composición”.

En sus últimos años, Vivian Maier, la niñera fotógrafa, vivió casi en la indigencia. Los hermanos Gensburg, a quienes ella había cuidado de niños, la ayudaron cuando estaba a punto de ser desalojada del miserable apartamento en el que vivía y le buscaron un lugar mejor.

El 21 de abril de 2009, justo cuando el mundo comenzaba a conocer su extraordinaria obra fotográfica, Vivan Maier moría sola en un asilo de ancianos de la ciudad de Chicago.

Solo le sobreviven sus dramáticas fotos en blanco y negro.

Manuel C. Díaz es un escritor cubano. Correo: manuelcdiaz@comcast.net.

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