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Una noche de música y armonías con el controversial cantante Pablo Milanés | Opinión

El cantante cubano Pablo Milanés en un concierto en Madrid, España, el 02 de marzo de 2015.
El cantante cubano Pablo Milanés en un concierto en Madrid, España, el 02 de marzo de 2015. EFE

Desde el 2016 no se presentaba Pablo Milanés en ningún teatro de la ciudad de Miami o cercanías.

Y aunque ese último concierto en The Fillmore, Miami Beach, transcurrió también en paz y a casa llena, la ansiedad por las reacciones frente a lo que sucedería en la noche de este 21 de octubre de 2021 en el Charles F. Dodge City Centre de Pembroke Pines nos embargaba a muchos. Sin embargo, la noche devino lúcido ensayo de reconciliación y armonías.

La historia de vida de Milanés es asimismo hoja de ruta para los desaciertos, glorias y desmesuras del régimen de La Habana. De perseguido y encarcelado en las UMAP’s durante los años sesentas por “conductas impropias” a cantautor presente en la banda sonora de las marchas del pueblo combatiente, a crítico frontal del mismo gobierno al que un día celebró con sus canciones; el cantautor ha sido, es, capacidad de reinvención y posibilidad de futuro.

Cuando Milanés salió al escenario del teatro de Pembroke Pines con capacidad para 3200 invitados y situado a unas 30 millas de la tan cubana, mítica y dolida Calle 8 del Southwest; distintas generaciones de exiliados nos pusimos de pie para reverenciarlo. Es decir, para ensayar un país que espera. En ese país Milanés no recibió gritos, reproches o aplausos convencionales. Recibió, insisto, reverencia. Y gratitud por su música, sus gestos, sus lecciones de humildad digna sin que sus 78 años o su paso ya cansado se interpongan.

Cuando Milanés salió al escenario en una ciudad de las inmediaciones de Miami nos supo acoger cantando “vengan todos a mi jardín/ y juntos, hagamos, un solo canto a la felicidad que nos espera”. También habló/cantó a la libertad y a La Habana que añora, que añoramos… Temas como “Vestida de mar” e “Islas, cuerpos y algo mas” dieron buena cuenta de ese estar pensando a su ciudad con insistencia intacta, como (con) nosotros. Igualados por el tiempo que dura una canción, un concierto, una gira que comenzó en España y que gracias a “MGD Productions” ha llegado a Estados Unidos, Milanés nos acompañó en la soledad que impone la distancia.

Muchas cosas sucedieron también anoche desde las gradas. Cosas que cada quien viviría a su modo; pero este fue el mio. Éramos una docena de amigos. Algunos viven en Miami. Otros viajamos desde New Jersey, Idaho o Texas. Algunos hemos pasado cerca de 20 años fuera de Cuba. Otros, como la artista plástica y activista Camila Lobón, llegó hace solo cinco días desde La Habana. Perseguida, encarcelada y demonizada en televisión nacional, Camila pasó el concierto llorando. Lloraba por sus padres: el uno fiel a lo que dicta el NTV aunque sean mentiras en torno a su propia hija; la otra fiel solo ella. Lloraba porque Milanés es banda sonora de su vida y los discos “Años” son todo el archivo de música tradicional cubana que ha consultado. Y lloraba, como todos, por Cuba.

Muchas cosas sucedieron también anoche desde las redes. La activista Salomé García Bacallao, radicada en España e incansable denunciante de los desmanes, violaciones y corrupciones del actual gobierno, escribía en mi muro de Facebook: “allí está mi madre”. Natasha Vázquez, periodista cubana residente en Rusia quien hace diez años acompañó a Milanés en gira por este mismo país y estuvo al centro de los debates y protestas que dicha gira trajera, monitoreaba ansiosa cualquier detalle reportado por quienes estábamos presentes.

La cantante Haydeé Milanés y su esposo Alejandro Gutiérrez, desde La Habana, demandaban un “Facebook Live” para poder asistir con nosotros al concierto. Haydeé quería escuchar a su padre como si no hubiera sucedido antes. Como si de este concierto dependiera el resto de sus años. “Está cantando como un dios, como siempre”, le dije. “Está especialmente emocionado” me dijo después. Más de 1000 vistas tienen mis Facebook Lives del concierto. Más de 1000 cubanos sumados a los casi 3000 presentes.

En la mañana del mismo 21 de octubre pude tomarme un café con la representante artística de Milanés, también su esposa, Nancy Pérez Rey. En cierto momento me aventuré a confesar: “a Pablo, de alguna manera irracional y cálida, lo sentimos como padre simbólico”. Nancy respondió: “sucede en muchos lugares del mundo, cuando sale a escena la gente detiene la respiración por un segundo”.

Sucedió justo eso. La sala se vació de memoria, paró de respirar, fuimos solo posibilidad de futuro. Estuvimos todos en su jardín. Y aunque fue solo un segundo nos dejó la certeza de que ese país ensayado, espera.

Mabel Cuesta es profesora e Investigadora Cultural en la Universidad de Houston.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de octubre de 2021, 1:10 p. m..

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