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Atacar a Trump es una táctica que ya no funciona para los demócratas | Opinión

El gobernador electo de Virginia, el republicano Glenn Youngkin, sostiene una escoba mientras saluda a sus seguidores durante la celebración de su victoria en la madrugada del miércoles 3 de noviembre de 2021, en Chantilly, Virginia. Youngkin derroto a al demócrata Terry McAuliffe.
El gobernador electo de Virginia, el republicano Glenn Youngkin, sostiene una escoba mientras saluda a sus seguidores durante la celebración de su victoria en la madrugada del miércoles 3 de noviembre de 2021, en Chantilly, Virginia. Youngkin derroto a al demócrata Terry McAuliffe. AP

Unas elecciones fuera de año electoral no dan un pronóstico fiable para predecir lo que va a ocurrir en las elecciones intermedias del próximo año, y desde luego tampoco dan para la campaña presidencial de 2024.

Es una muestra demasiado pequeña para ser contundente. También hay demasiado tiempo en el calendario entre ahora y aquellas contiendas más amplias como para estar seguros de que las tendencias se mantendrán; hay mucho tiempo para que acontecimientos imprevistos dirijan a los votantes en una nueva dirección.

Pero hay algunas ideas que se pueden extraer de la votación del martes que pueden ser relevantes el año próximo en los estados donde hay elecciones para gobernador.

Lo que los demócratas deberían sacar de su mal día en Virginia es que no ser Donald Trump ya no es suficiente para garantizar una victoria electoral.

El demócrata Terry McAuliffe llevó a cabo una campaña centrada en el ámbito nacional, centrada en agitar constantemente el espectro de Donald Trump y la revuelta del Capitolio del 6 de enero, pero, como en la mayoría de las contiendas estatales, esta elección fue acerca de asuntos locales, o en este caso sobre cómo la agenda del despertar nacional de los demócratas tuvo impacto en la gente a nivel local.

McAuliffe tenía una cómoda ventaja sobre su oponente republicano, Glenn Youngkin, al llegar a la recta final del otoño. Y entonces empezaron las clases.

Los padres enfadados y frustrados por los mandatos del uso de mascarillas y los planes de estudio basados en la raza que se imponían a sus hijos empezaron a llenar las reuniones del consejo escolar.

Su enfado se cristalizó cuando el fiscal general Merrick Garland envió al FBI tras los padres que hablaban en las reuniones, etiquetándolos de terroristas internos.

En lugar de alejarse de esa evidente mina terrestre, McAuliffe se lanzó sobre ella. Hizo uno de los comentarios más suicidas jamás realizados por un político cuando declaró: “No creo que los padres debieran decir a las escuelas lo que deberían enseñar”.

Los padres no estaban dispuestos a entregar a sus hijos al Estado y alejarse.

En lugar de escucharlos, McAuliffe los menospreció, con la ayuda del ex presidente Barack Obama, que voló ahí para culpar a los padres de dividir a la nación.

Resulta que la artillería pesada de los demócratas no tenía mucha fuerza. McAuliffe bailó extrañamente alrededor de Biden en un escenario de campaña y jugó a las amigas con la vicepresidenta Kamala Harris, y aun así sus números siguieron bajando.

El demócrata mencionaba el nombre del ex presidente cada vez que abría la boca, advirtiendo que Youngkin llevaría a Virginia una política al estilo Trump. Incluso apodó a su oponente Trumpkin, y en el último día de campaña, mintió sobre la celebración de un mitin de Youngkin con Trump.

Pero los votantes de Virginia estaban menos preocupados por lo que Trump hizo al país que por lo que los demócratas le están haciendo ahora.

Por su parte, Youngkin caminó por una línea delgada con Trump, aceptando su respaldo pero sin llevarlo a hacer campaña en su nombre, y presentándose con su propia agenda. Ese podría ser el camino para evitar el problema de Trump para los republicanos en las elecciones intermedias.

Los progresistas tratarán de interpretar la pérdida de Virginia como un reproche a los demócratas por no haberse movido lo suficientemente a la izquierda, al no aprobar su gran proyecto de ley de reconciliación de gastos antes del día de las elecciones.

Eso es ilusorio. McAuliffe cometió el grave error de presentarse contra Trump en lugar de contra Youngkin. No ofreció nada más que el miedo al coco. Mientras tanto, Youngkin habló de los problemas cotidianos que están creando tanto malestar en el país: la inflación, la delincuencia, la escasez de mano de obra, la crisis fronteriza, la creciente escasez de bienes.

Los demócratas ignoran esas preocupaciones, convencidos de que gritar “Trump, Trump, Trump” será todo lo que se necesita para ganar.

Virginia demostró que no será así. Ciertamente no será suficiente para ocultar sus ambiciones de extrema izquierda y de gran gobierno, tan perfectamente expresadas por la visión de McAuliffe sobre quién debe decidir lo que es mejor para los niños.

Nolan Finley es editor de la página editorial de The Detroit News.

©2021 www.detroitnews.com

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de noviembre de 2021, 6:32 p. m..

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