¿Guerra con China por Taiwán? Los dados ruedan peligrosamente | Opinión
Pekín realiza maniobras militares en el estrecho de Taiwán, en respuesta a la visita de congresistas norteamericanos a Taipéi. Reporta esta semana la prensa en Estados Unidos. “China puede invadir Taiwán pronto”, pronosticó el ex primer ministro australiano Tony Abbot. Y, además, piensa “que debemos estar preparados para pensar en lo impensable”.
El presidente Joe Biden también hurgó en la herida durante su último “town hall”, en Baltimore, dijo que Estados Unidos estaba comprometido en participar de la defensa de Taiwán si se producía un ataque de China, una postura en oposición a la política de “ambigüedad estratégica” mantenida hasta ahora por Washington.
Jen Psaki, portavoz presidencial, a las 24 horas rectificó al presidente y dijo que nada cambiaba en la tradicional política de Estados Unidos hacia Taiwán.
Pero, ¿cuál es la historia de esa “ambición hegemónica de China comunista” como a menudo la presentan en los medios informativos norteamericanos?
Un breve recuento.
En 1971 Taiwán fue expulsada de Naciones Unidas, en favor de la República Popular China. De esa manera, la antigua Formosa quedaba en el limbo de las relaciones internacionales. Pero febrero de 1972 también fue crucial, porque durante reuniones secretas en Pekín, entre el presidente Richard Nixon, Henry Kissinger, Chou En Lai y el presidente Mao Ze Dong, se reconoció la soberanía China sobre la provincia de Taiwán. Es decir que no es solo una “reclamación territorial” de los comunistas. A Nixon lo movieron intereses geopolíticos y buscaba balances internacionales respecto a la Unión Soviética y la guerra de Vietnam, que perdería Estados Unidos tres años después.
En aquella reunión quedó saldado el destino del Taiwán nacionalista, hasta el día de hoy, cuando China es la segunda economía mundial, cuenta con el segundo ejército más poderoso del mundo y parece reclamar el acuerdo alcanzado con Estados Unidos en aquella ocasión.
Gracias a Watergate las relaciones diplomáticas entre Washington y Taipéi se mantuvieron iguales hasta 1978, cuando al fin el demócrata Jimmy Carter rompió con Taiwán y estableció relaciones diplomáticas con Pekín. Empezó entonces un enorme y fructífero comercio para el capital estadounidense. Y también comenzaba el gran desarrollo de China.
Cuando se menciona en los medios informativos occidentales el conflicto entre China y Taiwán, no solo se ocultan ciertas verdades, sino que se disfrazan otras, como el mismo Abbot quien anima a más presencia militar extranjera basada en la incompleta aserción de que “China considera a Taiwán su territorio”, sin aclarar que el mundo estuvo también de acuerdo en eso.
En general la prensa occidental evade aclarar que, de facto, el mundo ha aceptado a China como un solo territorio, y que la reunificación de China y Taiwán sería perfectamente considerada un asunto interno según el Comunicado de Shanghái, firmado por Nixon y Mao a los pocos días de sus conversaciones en 1972. Por su parte, Abbot representa los mismos intereses de Australia debido al reciente acuerdo con Gran Bretaña para la fabricación de submarinos atómicos Aukus: la contención de China o la confrontación.
En 1979, Jimmy Carter estableció relaciones diplomáticas con la República Popular China bajo las bases del Comunicado de Shanghái, y empezó el comercio, que llegaría a crecer con esteroides, entre Estados Unidos y China.
¿Se involucraría Estados Unidos y Occidente en una nueva guerra si se produce la unificación de Taiwán a China por la fuerza?
Sí, como dijo Biden en Baltimore el pasado 22 de octubre. Pero eso significaría no solo una guerra fácilmente escalable hasta el arma atómica entre los dos ejércitos más poderosos del mundo, sino seguramente una gran parálisis del comercio mundial. Y no solo por parte de China. Taiwán posee 54% del mercado mundial de semiconductores y dicha guerra mutilaría el suministro de ese importante renglón a nivel mundial.
El conflictivo tema de Taiwán ha sido perenne en las relaciones sino-estadounidenses desde la victoria comunista en 1949. Y puede decirse que Estados Unidos traicionó a Taiwán por motivos geopolíticos y comerciales. Pero además los listos de Nixon y Kissinger introdujeron un ambiguo texto en el mismo Comunicado de Shanghái, para nublar al Congreso estadounidense en lo que habían hecho:
Estados Unidos apelaba a “su interés” en una solución pacífica. ¿Pero solo era “un interés” o querían poner un “pero” a los compromisos acordados con China en el Comunicado de Shanghái?
En ese mismo año 1979, el presidente Jimmy Carter rompe con Taiwán y se arregla con China, pero al mismo tiempo Washington y Taipéi establecen el Acta de Relaciones con Taiwán que efectivamente involucra a Estados Unidos “en caso de que China agreda militarmente a Taiwán”.
Los trucos de la diplomacia son muy sagaces, pero pueden costar muy caros al pasar del tiempo.
Efectivamente, Estados Unidos puede perfectamente entrar en guerra por Taiwán. Y Biden estuvo claro cuando contestó la pregunta. Pero la causa no sería exclusivamente Taiwán, sino la batalla, para muchos inevitable, entre dos mundos: el unipolar, donde decide solo Estados Unidos y el multipolar, donde China reclama su puesto en las decisiones planetarias. Una guerra sin precedentes.
Jorge Dávila Miguel es analista político y columnista de CNN en Español. Twitter: @jorgedavilaCNNE.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de noviembre de 2021, 11:17 a. m..