ROBERTO CASIN: La bandera de la discordia
Mira tú. Resulta que lo que hasta ayer algunos tenían como un mero atavismo histórico y hasta pintoresco emblema de un singular estilo de vida (música, cocina, acento y demás ingredientes de la cultura sureña) se ha convertido de repente en tema divisivo que inflama el debate nacional. Todo ha sido a raíz de la reciente matanza de nueve fieles negros en una iglesia en Charleston. La bandera confederada, que sirvió de enseña a las tropas del sur contra las del norte en la Guerra Civil (1861-1865) es el símbolo de la discordia. Y su detonante es Dylann Roof, el asesino, que la utilizó para ilustrar sus proclamas en pro del supremacismo blanco.
La bandera ondeó por primera vez en andas de un ejército que batalló para preservar en el país la esclavitud negra, y por esa razón algunos grupos de blancos racistas se la han adueñado como emblema. Pero la enseña tiene también sus defensores, quienes insisten que más que un símbolo de odio asociado con la esclavitud se trata de un estandarte de la herencia sureña. Para ellos, la devoción por la bandera busca honrar a los soldados que, dicen, murieron en una guerra civil con apego a su sentido del deber con Dios y la familia, y no movidos por la discriminación racial.
El asunto es complicado en la franja meridional del país, especialmente en Carolina del Sur, donde una encuesta realizada por la Universidad Winthrop indicó que el 73 por ciento de los blancos en ese estado opinan que la bandera debe permanecer donde está, mientras que el 61 por ciento de los negros creen que debe ser arriada. Luego de la masacre en Charleston ha ido creciendo la proporción de los que alegan que el sitio ideal para exhibirla debe limitarse al ámbito de los museos históricos.
La gobernadora de Carolina del Sur, la republicana Nikki Haley, pidió que la bandera, que ha ondeado durante más de medio siglo en el perímetro del capitolio estatal, sea removida. Pero el lance no parece ser tan sencillo, puesto que la ley del año 2000 que obligó a trasladar la enseña de la cúpula del edificio a un monumento a los confederados, a unos doscientos pies de distancia, también dispuso que ésta no puede ser nuevamente cambiada de sitio a menos que los dos tercios de la Legislatura lo aprueben. Por lo pronto, el senador Doug Brannon busca poner el dilema en manos de los legisladores. Tampoco se descarta una apelación judicial con tal de conseguirlo.
Las voces más críticas sostienen que para no exacerbar los enconos raciales que perviven en el país, la enseña sureña debe ser quitada de todos los sitios públicos (otra cosa son los hogares, donde suele vérsele ondear en jardines y portales junto al pabellón nacional o incluso en su lugar). También hay quienes afirman, como Ben Jones, que el estandarte simboliza “el coraje y valor de sus antepasados, que en su época hicieron lo que creían correcto”, un criterio compartido por muchos en el sur, donde de hecho en más de una docena de estados existen monumentos conmemorativos en honor a las tropas o a generales confederados (solo entre Arkansas y Kentucky hay más de medio centenar) ¿Acaso no aluden a lo mismo la bandera y los obeliscos?
Lo peliagudo del asunto son las consecuencias. En Mississippi, un líder republicano demandó que el emblema confederado sea borrado de la enseña estatal; en Alabama, el gobernador arrió cuatro enseñas que flameaban en predios del capitolio, y en Virginia y en Georgia buscan prohibirlas en las placas de registración de vehículos. Walmart ordenó retirar de sus tiendas todo lo que huela a confederado, gorras, pegatinas y camisetas incluidas. Con todo, nada de eso evita que de las banderas y los símbolos pueda apropiarse cualquiera.
Yo he visto a muchos idiotas portando estandartes insólitos, y usando camisetas con la figura del Che. ¿Saben ellos qué lo que llevan al pecho es el rostro de un asesino? Probablemente, no. Porque de ignorantes estamos todas las sociedades hasta el cuello. Lo cierto es que cada vez que alguien busca reescribir la historia borrando el pasado con rencor y son los emblemas los que presiden la cuestión en vez de las ideas, inexorablemente lo que perdemos es el buen juicio, la mesura y la sensatez.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de junio de 2015, 6:00 p. m. with the headline "ROBERTO CASIN: La bandera de la discordia."