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La CIA sigue ocultando los archivos del asesinato de JFK. Pero esto es lo que sabemos | Opinión

El presidente John F. Kennedy y la primera dama Jackie Kennedy llegan a al Aeropuerto Dalla Love Field el 22 de noviembre de 1963.
El presidente John F. Kennedy y la primera dama Jackie Kennedy llegan a al Aeropuerto Dalla Love Field el 22 de noviembre de 1963. Getty Images

Como periodista profesional que lleva casi 30 años informando sobre el asesinato de John F. Kennedy, hace tiempo que soy escéptico sobre la búsqueda de la proverbial “pistola humeante” que supuestamente abrirá el caso del presidente asesinado.

Cuando el mes pasado se acercaba la fecha límite del Congreso para la publicación de los últimos de los archivos sobre JFK, instintivamente aconsejé a mis amigos que no habría ninguna pistola humeante en el material publicado.

Al fin y al cabo, ningún periodista de investigación serio busca una sola prueba que demuestre decisivamente algún tipo de delito. Por el contrario, el buen periodismo de investigación ensambla una miríada de pruebas en un mosaico que describe una historia granular de fechorías que antes no eran visibles para el público y las fuerzas del orden. La mayoría de las investigaciones periodísticas premiadas no dependen de una prueba “irrefutable”, ni siquiera la presentan. Entonces, ¿por qué debería ser así con la historia del asesinato de JFK?

Como editor del blog JFK Facts, informo sobre nuevas pruebas que llenan espacios en blanco en el archivo histórico del asesinato de JFK. Piensa en un mosaico, no en una pistola humeante.

Pero cuando la Casa Blanca de Joe Biden anunció a última hora de la noche del 22 de octubre que los últimos de los documentos sobre JFK no se publicarían hasta diciembre de 2022 cuando muy pronto, empecé a replantearme mi cautela.

Los viernes por la noche son tradicionalmente el momento en que la oficina de prensa de la Casa Blanca saca la basura más pestilente del presidente con la esperanza de que el hedor haya pasado para el lunes por la mañana. El anuncio de que la CIA y otras agencias federales habían retrasado el cumplimiento de la Ley de Registros JFK de 1992 por segunda vez en cuatro años era una noticia que la Casa Blanca, comprensiblemente, quería que se disipara.

¿Pistola humeante?

El retraso me pareció y al profesor de la Universidad de Texas James Galbraith, entre otros— una pistola humeante en sí misma. Las tácticas de demora de la CIA no son una prueba definitiva de una conspiración contra JFK. Sin embargo, demuestran que la CIA no tiene intención de obedecer una ley relativa al asesinato de un presidente estadounidense en ejercicio.

La explicación más plausible de la historia de seis décadas de engaños y demoras de la CIA sobre los registros relacionados con el asesinato es el deseo de ocultar los motivos de vergüenza o las malas acciones. Si no hay nada más, la orden de Biden sobre los archivos de JFK indica que la CIA tiene un problema con JFK: el servicio clandestino no puede permitirse hoy en día la plena divulgación de lo que ocurrió en Dallas hace mucho tiempo.

Sin duda, hay otras explicaciones posibles. Mark Zaid, un destacado abogado de seguridad nacional en Washington, sugiere que la CIA está ocultando secretos legítimos no relacionados con JFK. Esto es posible, si no probable. Pero la CIA, al enfrentarse a una fecha límite fijada por el presidente Trump en octubre de 2017, no publicó ningún tipo de documento sobre JFK, diciendo básicamente: “el perro del COVID se comió mi tarea”. No hay que ser un teórico de la conspiración para preguntarse si los secretos no relacionados con JFK es todo lo que están reteniendo.

De hecho, los investigadores de JFK saben algo sobre lo que la CIA está ocultando. La mayoría de los archivos aún secretos de JFK han sido parcialmente desclasificados. En algunos documentos solo un párrafo, una frase o una sola palabra siguen siendo secretos. Por el contexto podemos deducir mucho sobre lo que aún se oculta.

Un archivo de la CIA de 123 páginas tachado sobre el ladrón de Watergate Howard Hunt, publicado en abril de 2018, por ejemplo, podría arrojar luz sobre lo que el presidente Richard Nixon llamó “todo el asunto de Bahía de Cochinos”. Nixon utilizó esta frase como una referencia codificada al asesinato de JFK, según su jefe de gabinete, H.R. Haldeman. El archivo de Hunt da credibilidad a la afirmación de Haldeman.

La política hacia Cuba

En 1970, Hunt, una de las principales figuras de la fallida invasión de Cuba, hizo circular el manuscrito de su autbiografía, “Give Us This Day”, que denunciaba la política de JFK hacia Cuba como débil, si no traidora. Hunt no pasó por el proceso de autorización previa a la publicación de la agencia, lo que supone una grave infracción del protocolo. Cinco documentos, que comprenden ocho páginas de material, han sido retirados del archivo de Hunt con la anotación de que pueden encontrarse en los archivos de la CIA sobre JFK. Dudo que estos documentos incluyan una pistola humeante, pero sin duda son relevantes para la historia del asesinato.

El archivo de la CIA del compañero de Hunt, Frank Sturgis, tiene más potencial para ser una pistola humeante. Sturgis, antiguo residente de Miami, fue un soldado de la fortuna involucrado en operaciones contra Cuba en la década de 1960. Acusado de participar en el asesinato de Kennedy, Sturgis negó haber estado en Dallas el 22 de noviembre de 1963. Pero a puerta cerrada, Sturgis se jactó ante los investigadores de que el FBI lo consideraba un sospechoso plausible en el asesinato de JFK. El material tachado en el expediente de Sturgis podría arrojar luz sobre las cuestiones relativas a la participación de la mafia en el asesinato de JFK.

Estos pasajes se refieren al largo interés de la agencia en un hombre llamado Robert Maheu. Era un ex agente corrupto del FBI que facilitó la primera conspiración de la CIA para asesinar a Fidel Castro en 1960. En 1971, Maheu compartió lo que sabía de los complots de Castro con el columnista sindicado Jack Anderson. La fuente de Maheu, el sicario mafioso Johnny Rosselli, había insinuado que los esfuerzos de la CIA por matar a Castro habían conducido al asesinato de JFK.

Rosselli, bajo investigación federal, con la posibilidad de ser deportado a Italia, amenazó con contar toda la historia a un gran jurado de Las Vegas. La táctica del chantaje funcionó. La agencia protegió a Rosselli de la deportación, y Maheu nunca contó la historia a los fiscales. Años más tarde, Rosselli, que se enfrentaba a una citación del Congreso en busca de su testimonio sobre JFK, fue encontrado metido en un bidón de aceite que flotaba en la Bahía de Biscayne antes de su comparecencia en el Capitolio.

Otro expediente todavía secreto se refiere a un hombre de Miami llamado Eladio del Valle. Algunos de sus asociados —no teóricos de la conspiración ni enemigos— creían que estuvo involucrado en el asesinato de Kennedy. Del Valle fue asesinado en 1966, un crimen que nunca se resolvió. David Kaiser, historiador diplomático y autor de “The Road to Dallas”, un libro académico sobre el asesinato de Kennedy, trató de acceder a los archivos de Del Valle en la CIA. Se enteró de que el expediente de Del Valle estaba —y está— clasificado en su totalidad.

Conscientes de Oswald

También hay un archivo de 338 páginas que traza la muy interesante carrera de James Walton Moore, el jefe de la oficina de Dallas de la División de Contactos Domésticos de la agencia en 1963. Moore sabía todo sobre Lee Harvey Oswald un año antes de que supuestamente matara a Kennedy. En el verano de 1962, Moore se enteró de que Oswald, un ex marine que había desertado a la Unión Soviética por simpatía con el comunismo, había regresado a Texas con una esposa rusa. Si la historia oficial de JFK es cierta —si Oswald mató por su propia cuenta al presidente—, Moore fue uno de la media docena de altos funcionarios de la CIA que no supo discernir la amenaza que representaba.

La CIA se las arregló para mantener a Moore fuera de las investigaciones sobre JFK. Nunca fue interrogado sobre su conocimiento del asesino acusado previo al asesinato. Su expediente personal fue parcialmente publicado en 2018. Una docena de páginas permanecen tachadas en su totalidad.

Aún más sensibles son los archivos de George Joannides, jefe de operaciones de acción encubierta de la CIA en Miami. En 1963, Joannides dirigió una red de agentes cubanos, reclutados en el marco de un programa denominado en clave AMSPELL, que generó propaganda sobre el procastrista Oswald antes y después del asesinato de JFK. Una docena de documentos del expediente personal de Joannides en 1963 todavía se mantienen en secreto con el argumento de que su publicación perjudicaría a la seguridad nacional de Estados Unidos en 2021.

Esta afirmación parece extrema, pero me inclino a creerla. La publicación de estos archivos pudiera dañar realmente la reputación de la CIA. Un memorando muy tachado que obtuve en una demanda bajo la Ley de Libertad de Información se refiere a una autorización de seguridad que Joannides recibió para participar en una operación altamente secreta aún no revelada en el verano de 1963. Si esa operación implicaba a agentes de AMSPELL y las actividades de Oswald en Cuba, el memorándum será una prueba contundente de que ciertos oficiales de la CIA fueron cómplices del asesinato de Kennedy.

La CIA desclasificó parcialmente un archivo sobre AMSPELL de 87 páginas en 2018. Una docena de páginas siguen ocultas a la vista del público. Si, y cuando, se desclasifiquen, estas páginas pueden arrojar luz sobre el encubrimiento de la CIA que siguió al asesinato de JFK.

Por supuesto, mis conjeturas pudieran estar equivocadas. Después de todo, no puedo ver el material tachado. Solo los altos funcionarios de la CIA saben lo que la agencia publicará —y lo que no— en cumplimiento de la orden de Biden. Sin embargo, la gran variedad de los archivos de JFK, todavía secretos, indica el alcance del problema que representa JFK para la agencia en la actualidad. Seis décadas después de la emboscada de Dallas, hay mucho material potencialmente embarazoso sobre JFK —cientos de páginas— que la CIA se resiste a compartir con el Congreso y con el pueblo estadounidense.

¿Una o más de estas piezas del mosaico de JFK equivale a una verdadera pistola humeante?

En mi opinión, sí, y por eso dudo que se publique algún archivo importante sobre JFK en las próximas semanas o en diciembre de 2022. La CIA, por supuesto, pudiera demostrar que estoy equivocado y disipar todas las dudas publicando estos archivos en su totalidad en cualquier momento. Eso no va a suceder por una razón cada vez más obvia. Cuando se trata de la historia del asesinato de JFK, los archivos de la CIA humean de forma sospechosa.

Jefferson Morley, editor del blog JFK Facts, es autor del libro de próximo lanzamiento “Scorpions Dance: The President, the Spymaster, and Watergate”, que se publicará en junio de 2022.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de noviembre de 2021, 10:49 a. m..

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