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Opinión

RAMÓN MESTRE: Alabada sea la consecuencia

Sospecho que soy uno de los pocos articulistas que se han leído del principio al fin la carta encíclica papal “Laudato si” en torno al cambio climático. Sucede que me he topado con varios comentarios cargados de sectarismo que hacen una interpretación superficial de los complejos argumentos políticos, teológicos, científicos y éticos de la encíclica a fin de castigar a indolentes políticos nacionales que no creen en la existencia de un calentamiento global exacerbado por los seres humanos. Como mucho, los comentarios delatan la lectura de un resumen de esta larga encíclica papal, un texto escrito con claridad y elegancia. Acepto que es de buen tono tronar contra los supuestos enemigos del medio ambiente. En estos casos el análisis sesgado convive con un reconfortante discursito “verde”.

Pero “Laudato si” (“Alabado seas”) cuyo título proviene de un hermoso cántico de san Francisco de Asís, es mucho más que el respaldo apasionado del Papa Francisco a las conclusiones de estudios científicos que demuestran la realidad del cambio climático antropogénico: Las alteraciones en el clima que son el resultado de las actividades del ser humano. El papa escribe con razón que “hay un consenso científico sólido” sobre “este fenómeno” el cual provoca sequías, inundaciones atroces, el crecimiento del nivel del mar y otros males.

A su vez, la carta encíclica es un diagnóstico psicoespiritual del ser humano contemporáneo y un encendido llamado a la acción, al desarrollo mancomunado de estrategias “urgentes e imperiosas” que requerirán enormes sacrificios y una “valiente revolución cultural.” (Siempre y cuando no tenga rasgos en común con la del inmundo Mao Zedong) Con todo, “Laudato si” no es un texto infalible. Junto con su visión unidimensional de la tecnología moderna y la economía de mercado, la carta encíclica está repleta de sentencias y generalizaciones debatibles que el autor no sustenta con argumentos. Las afirma y a otra cosa. Por ejemplo, el papa Francisco prodiga las supuestas relaciones idílicas entre el ser humano y la naturaleza en los milenios antes de la denostada revolución industrial (la cual marca el inicio de nuestros crecientes niveles de contaminación planetaria pero esta revolución también propició milagrosas transformaciones económicas, médicas, tecnológicas, científicas y agrícolas que han salvado de la pobreza y enfermedades letales a millones de personas). Es un cuadro seráfico falso. Dentro de sus posibilidades, el ser humano preindustrial hizo barbaridades contra el ecosistema. Cazó muchas especies hasta la extinción, arrasó inmensos bosques en varios continentes, contribuyó a la creación de desiertos y convirtió en páramos a miles de kilómetros cuadrados de tierras fértiles. Nuestros antepasados no fueron émulos de san Francisco de Asís.

¿Otra incongruencia de “Laudato si” que me llama la atención? El hecho de que un documento que se nutre de la investigación científica ignore la ciencia cuando “sólidas” conclusiones científicas importunan al autor. El ejemplo devastador: En un brevísimo comentario el papa rechaza con desdén y sin discusión el control de natalidad y “ciertas políticas de salud reproductiva”. Según el autor de la carta encíclica el desbordado crecimiento demográfico no contribuye al cambio climático ni a la pobreza planetaria. ¡Qué dictamen más disparatado! Que se lo diga a los científicos invocados con tanto respeto a lo largo de la encíclica. Estos mismos científicos le señalarían al Papa Francisco con evidencia irrefutable que, aunque sea cierto que países desarrollados de bajo crecimiento demográfico como Estados Unidos emiten gran parte de los gases de efecto invernadero, para el año 2050 los superpoblados India y China serán los responsables de más de la mitad de las emisiones. Y de aquí a 30 años algunos países altamente poblados y en vías de desarrollo también harán un aporte considerable a la contaminación atmosférica. Además, se ha demostrado que el alto crecimiento de la población pone en peligro el desarrollo humano, dificulta la distribución de servicios básicos, sabotea iniciativas cuyo propósito es disminuir la pobreza y debilita la capacidad de los pobres para adaptarse al cambio climático. A los efectos de las metas enunciadas por “Laudato si” su invidencia sobre la relación entre el alto crecimiento demográfico y el cambio climático menoscaba su alcance. El control de la natalidad es una necesidad planetaria.

Como dijo alguna vez San Francisco de Asís, “debemos comenzar por hacer lo necesario, después lo que es posible, entonces de repente estaremos haciendo lo imposible.”

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de junio de 2015, 2:00 p. m. with the headline "RAMÓN MESTRE: Alabada sea la consecuencia."

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