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No podemos permitir que cancelen las tradiciones de EEUU | Opinión

Debemos oponernos a los grupos progresistas que quieren borrar las tradiciones más importantes de Estados Unidos, como el Día de Acción de Gracias. 
Debemos oponernos a los grupos progresistas que quieren borrar las tradiciones más importantes de Estados Unidos, como el Día de Acción de Gracias.  Unsplash

El Día de Acción de Gracias es considerado por muchos la fiesta nacional más importante de los Estados Unidos, superando a la de Navidad y la del 4 de Julio, porque es una tradición que reúne a las familias, y las acerca como ninguna otra en la venerable acción de dar gracias y el espíritu de agradecimiento.

La cena para celebrar la fiesta más venerada en esta nación fue una de las primeras costumbres norteamericanas que adoptamos los cubanos al llegar a estas tierras, quizás porque queríamos solidarizarnos con quienes nos acogían con los brazos abiertos, demostrándoles así nuestra gratitud a su gran nación. Ello a pesar de que el pavo, plato principal en la cena norteamericana y símbolo de ese día, no era favorito del paladar cubano.

Pero ello no nos detuvo en nuestro afán de emular a nuestros benefactores, y agregamos platos nuevos a la tradición. Por años mi madre asaba una paleta de puerco para acompañar al pavo en la mesa, el cual perdía su insipidez después de estar adobado toda una noche en mojo criollo. El puré de papas y el de boniato compartían también la mesa con el arroz blanco y los criollísimos frijoles negros, y el pastel de calabaza competía con el delicioso flan de leche con dulce de coco encima.

Si alguna vez hubo una cena representativa de diferentes etnias, como quizás lo fuera la de los peregrinos y los indígenas de la tribu Wampanoag en Plymouth en 1621, la de mi casa era una buena muestra de ello.

Pero los vientos progresivos que azotan a nuestra nación ahora, ya se arremolinan alrededor de esta importante celebración para dar al traste con ella. Solapados periodistas y escritores afines a la cultura de la cancelación, restan valor a esta tradición y a menudo se refieren a la histórica cena entre peregrinos e indígenas como un mito o una leyenda. En otros casos, se dedican a desprestigiar a esta gran nación, enumerando y exagerando sus errores, pasando por alto sus grandes virtudes para crear la impresión que este país no representa la bondad y generosidad que el Día de Acción de Gracias significa, por lo que debe ser cancelado.

Hace solo unos días, las asociaciones de ex alumnos de varias universidades norteamericanas entre las cuales se encuentran la Florida Gulf Coast University, Washington State University, California State University, University of Maryland y Hiram College en Ohio, participaron en un seminario web auspiciado por el Alumni Learning Consortium (ALC), por sus siglas en inglés, cuyo tema fue si los norteamericanos debían “reconsiderar” la fiesta del Día de Acción de Gracias “en vista del complicado pasado de este país”. La recomendación derivada del tema es rededicar nuestra tradicional fiesta de dar gracias como el Día Nacional de Luto, para así reflejar el desplazamiento y persecución de los nativos americanos en el pasado.

Tal magnanimidad es falsa. Hay motivos ocultos en lo anterior y son obvios. Porque se puede nombrar una fecha para conmemorar la tragedia del indígena norteamericano, su pueblo y su cultura sin necesidad de cancelar el Día de Acción de Gracias. Ese es el verdadero propósito de estos nuevos ideólogos que la han emprendido contra nuestra historia e intentan borrarla para reescribirla de una manera que encaje a su narrativa. Y esta no incluye dar gracias, y mucho menos gratitud a Dios.

Hay una gran verdad que glorifica el Día de Acción de Gracias. En 1621, 52 peregrinos que habían venido en el Mayflower desde el Viejo Continente y entre los cuales se encontraban hombres, mujeres y niños, se reunieron con 90 guerreros Wampanoag del área donde ahora se encuentra Plymouth, Massachusetts, para celebrar su buena cosecha y dar gracias a Dios por ello. Los Wampanoags eran nativos del área, y su asistencia práctica hizo posible la prosperidad de aquellos peregrinos con los cuales firmaron un tratado de paz que duró medio siglo.

Esa es la razón por la cual celebramos esa fiesta; por ese simple hecho. Al igual que una foto que capta un instante, ese día conmemora el espíritu de lo que allí pasó, una expresión de gratitud al Creador por personas de diferentes credos dando gracias por sus bendiciones.

Lo que vino después no es consecuente. Es ruido que hacen para distraernos.

Escritora y activista de derechos humanos.

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