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Las ‘soluciones’ del gobierno para la inflación pudieran hacer subir los precios aún más | Opinión

Al menos el 48% de los empleadores de Estados Unidos reportó que había aumentado la compensación en diciembre de 2021.
Al menos el 48% de los empleadores de Estados Unidos reportó que había aumentado la compensación en diciembre de 2021. AP

Con la inflación en el nivel más alto de los últimos 40 años, es comprensible que los políticos quieran aliviar el dolor.

La buena noticia es que los legisladores federales pueden ayudar reduciendo el gasto financiado por el déficit y eliminando las barreras impuestas por el gobierno al trabajo y la actividad económica.

La mala noticia es que muchos políticos buscan soluciones artificiales fáciles, como suspender temporalmente el impuesto federal sobre la gasolina o imponer salarios mínimos más altos, lo que pudiera empeorar las cosas.

Por ejemplo, la reciente orden ejecutiva del presidente Biden que exige un salario mínimo de $15 para todos los empleados y contratistas federales. Aunque $15 por hora no parece mucho, y dado que la inflación perjudica más a los estadounidenses de menores ingresos (porque gastan una parte mayor de sus ingresos), podría parecer una buena idea imponer salarios mínimos más altos.

El problema, sin embargo, es que los salarios más altos que surgen de una orden gubernamental, en lugar de la demanda del mercado, pueden terminar perjudicando a las personas a las que pretenden ayudar y conducir a consecuencias no deseadas.

Una de ellas es una inflación más alta.

Las políticas equivocadas en torno al COVID-19, que funcionaron como aumentos salariales artificiales, demuestran cómo los aumentos salariales artificiales causan precios más altos. Los beneficios del seguro de desempleo, ampliamente disponibles y sobredimensionados, funcionaron como un enorme aumento del salario mínimo. Como dos tercios de los trabajadores desempleados podían ganar más con el desempleo que trabajando, los empleadores tuvieron que subir los salarios para conseguir los trabajadores que necesitaban.

Los restaurantes de comida rápida empezaron a ofrecer $15 o más por hora, a veces con bonos de contratación de $1,000, permisos familiares pagados o asistencia para colegiaturas. Entre marzo de 2020 y marzo de 2021, el salario de reserva –el salario más bajo por el que los trabajadores dicen estar dispuestos a aceptar un empleo– subió un 26%, de $40,197 a $50,825.

Los salarios más altos es algo estupendo si es el resultado de que los trabajadores sean más productivos. Pero si los empleadores tienen que pagar más a la gente para hacer exactamente lo mismo, tienen que subir los precios.

Un sorprendente 48% de los empleadores informó que aumentó la compensación en diciembre de 2021, y el 32% dijo que planeaba aumentar la compensación en los próximos tres meses.

Aunque los salarios por hora promedio de los trabajadores subieron un 5.7% en el último año, la inflación del 7.5% borró con creces esas ganancias.

Los aumentos del salario mínimo se sumarán a este ciclo inflacionista. Y eso es solo el comienzo de las consecuencias no deseadas de las leyes de salario mínimo.

Los estudios demuestran que los empleadores que se ven obligados a pagar salarios superiores a los del mercado responden eliminando empleos de salarios bajos, no contratando a trabajadores inexpertos o marginados, reduciendo o eliminando beneficios como el seguro médico y las contribuciones para la jubilación, imponiendo horarios irregulares y recortando las horas de trabajo.

La declaración de la Casa Blanca que anunció el salario mínimo federal de $15 afirma: “Sabemos que los salarios más altos impulsan la productividad”.

Si eso es cierto, ¿por qué las empresas no tendrían salarios mínimos de $100 o incluso de $1,000?

El presidente está en lo cierto al afirmar que los salarios están vinculados a la productividad, pero invirtió la relación: una mayor productividad impulsa los salarios. Y la educación, la experiencia y las inversiones en tecnología –no las leyes del gobierno– son las claves del aumento de la productividad.

Pero la alternativa de aumentar los salarios con la esperanza de una mayor productividad es como pagar voluntariamente una colegiatura más alta con la esperanza de ganar un salario más alto al graduarse; no es el precio de la colegiatura, sino el desempeño de los estudiantes lo que afecta a lo que producen y ganan.

Los empleados federales ya reciben importantes primas de compensación y carecen de responsabilidad, ya que solo el 21% de los trabajadores federales dicen que los aumentos de sueldo dependen de lo bien que la gente hace su trabajo, y solo un tercio cree que los ascensos se basan en el mérito.

Esto sugiere que los legisladores federales pudieran impulsar la productividad y los salarios pasando a una remuneración basada en el rendimiento, lo cual, según estudios económicos, conduce a aumentos salariales de entre el 6% y el 10%.

Los trabajos con salario mínimo no son una aspiración profesional y, desde luego, no son suficientes para mantener a una familia. Afortunadamente, son pocos los trabajadores que permanecen mucho tiempo en empleos con salario mínimo, y solo el 0.07% de los trabajadores de Estados Unidos son padres solteros que viven en la pobreza mientras ganan el salario mínimo.

Pero los empleos con salario mínimo han sido importantes peldaños para que muchos estadounidenses (yo incluido) adquieran la experiencia necesaria para ascender en la escala de ingresos. Eliminar los peldaños inferiores de la escalera mediante leyes de salario mínimo sería especialmente perjudicial para las personas con discapacidades, habilidades limitadas en el idioma inglés, antecedentes penales o educación limitada.

Hay mejores maneras de ayudar a los trabajadores a conseguir mayores ingresos, como por ejemplo ampliando las formas de educación alternativas, reduciendo las regulaciones innecesarias para que las empresas puedan invertir más en los trabajadores y abriendo las puertas a las oportunidades de emprendimiento para los trabajadores con menores ingresos mediante la reforma de las leyes de licencias profesionales y permitiendo a todo tipo de trabajadores la libertad de contratación.

Desde luego, son mejores que aumentar el salario mínimo, que hace más daño que bien.

Rachel Greszler es investigadora de economía, presupuesto y derechos en el Centro Grover M. Hermann para el Presupuesto Federal de The Heritage Foundation.

©2022 Tribune Content Agency

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