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Incluso cuando las personas son más nobles, en Ucrania, el racismo saca su cara | Opinión

Residentes africanos en Ucrania esperan en el andén de la estación de tren de Lviv, el domingo 27 de febrero de 2022, en Lviv, al oeste de Ucrania. (AP Photo/Bernat Armangue)
Residentes africanos en Ucrania esperan en el andén de la estación de tren de Lviv, el domingo 27 de febrero de 2022, en Lviv, al oeste de Ucrania. (AP Photo/Bernat Armangue) AP

Esto iba a ser un canto de alabanza. En cambio, será una expresión de frustración.

En otras palabras, iba a ser una columna en la que se anunciara el valor titánico de Ucrania frente a los ataques rusos, los actos de desafío que han hecho que el mundo ame a esa nación. Como aquella mujer que dio semillas de girasol a un soldado ruso para que la flor nacional de Ucrania floreciera de su cadáver, o el comediante convertido en presidente que ha reunido a su pueblo como un Churchill en sus últimos días, o los defensores ucranianos superados en armamento que invitaron a sus atacantes a realizar un acto anatómicamente imposible.

La columna habría señalado el conmovedor ejemplo que Ucrania ofrece a Estados Unidos, donde tanta gente confunde el patriotismo y las agallas con la sedición y la insurrección.

Pero ese himno de aclamación murió en medio de los reportes sobre cómo las personas de piel oscura procedentes de África e India están siendo señaladas para ser maltratadas segregadas de otros refugiados, golpeadas y abandonadas por las autoridades ucranianas— cuando se unen al casi millón de almas asustadas que huyen del país asediado.

“Nos pararon en la frontera y nos dijeron que los afrodescendientes no estaban permitidos”, dijo Moustapha Bagui Sylla, un estudiante de Guinea, a France 24, una cadena de televisión francesa. “Pero pudimos ver pasar a los blancos”.

Saakshi Ijantkar, estudiante de medicina indio, le contó a CNN cómo los guardias de un puesto de control fronterizo se negaron a dejar pasar a los hombres originarios de India.

“Tuvimos que llorar y suplicar literalmente a sus pies. Después de que se permitió pasar a las muchachas indias, los varones fueron golpeados. No había ninguna razón para que nos golpearan con esta crueldad. Vi a un egipcio de pie en la parte delantera con las manos en las barandillas, y por eso un guardia lo empujó con tanta fuerza que el hombre se golpeó contra la valla, que está cubierta de picos, y perdió el conocimiento”.

Rachel Onyegbule, estudiante de medicina originaria de Nigeria, contó a la cadena cómo la echaron de un autobús público en un control.

“Llegaron más de 10 autobuses”, dijo, “y veíamos cómo se iban todos. Pensábamos que después de llevarse a todos los ucranianos nos llevarían a nosotros, pero nos dijeron que teníamos que irnos caminando, que no había más autobuses. Mi cuerpo estaba entumecido por el frío, y llevamos unos cuatro días sin dormir. Los ucranianos han tenido prioridad sobre los africanos —hombres y mujeres— en todo momento.

“No hace falta que preguntemos por qué”, añadió. “Sabemos el porqué”.

Una portavoz del Servicio de Guardia Fronteriza de Ucrania negó estas acusaciones y recordó a CNN que los guardias están trabajando bajo gran presión mientras procesan el torrente de refugiados. Tomo nota de ello. Pero hay que preguntarse: ¿por qué iban a inventarse esto los estudiantes? ¿Cuál sería el objetivo? No surge ninguna respuesta obvia.

Y, francamente, es profundamente decepcionante, en medio de la crisis, que incluso tengamos que tener esta discusión.

Tras los atentados del 11 de septiembre, el periódico francés Le Monde publicó un titular que se convirtió en un icono: “ Nous sommes tous Américains” (Todos somos estadounidenses). En ese mismo sentido, ahora mismo, todos somos ucranianos, una declaración que nos conecta, no simplemente con la situación geopolítica de otra nación, sino con la humanidad que todos tenemos en común.

En un momento de urgencia, cuando tenían la oportunidad de reivindicar esa humanidad, los guardianes de la frontera de Ucrania más bien la pisotearon. No se equivoquen: Los corazones de todas las personas de bien están con los ciudadanos de Ucrania. Han demostrado sin lugar a dudas que tienen el valor suficiente para luchar por su país.

Pero que también tengan el valor suficiente para ser un país por el que valga la pena luchar.

Leonard Pitts Jr. es un galardonado columnista del Miami Herald.

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