El ataque a la sinagoga de Texas fue un crimen de odio contra los judíos, y todos tenemos que decirlo| Opinión
Si un pistolero toma a un rabino como rehén durante el servicio de Sabbat, el día sagrado del judaísmo, no es necesario que investigadores especiales de las fuerzas del orden de Texas indaguen el motivo.
Sin embargo, en los días después del ataque en el 15 de enero, el debate para definirlo continúa. Para la mayoría de los judíos, por la experiencia de tragedias recientes similares y siglos de incidentes en el mismo tono, la violencia de este acto tiene todas las características de los actos antisemitas.
Para los que no se acuerdan, ese dia, Malik Akram, un paquistaní británico de 44 años armado con una pistola, tomó como rehenes a cuatro personas en la sinagoga de la Congregación Beth Israel en Colleyville durante un servicio sabático.
Todas las señales están ahí: ¿Objetivo judío? Marcado. ¿Día sagrado judío? Marcado. ¿Rehenes judíos? Marcado.
Eran de esperar los tuits de los sospechosos habituales advirtiendo sobre la islamofobia mientras había judíos retenidos a punta de pistola, pero ¿por qué a los medios de comunicación y agentes del orden les resultaba tan difícil de comprender el motivo del ataque?
Poco después de que los rehenes fueran liberados una declaración del FBI de Dallas llamaba la atención. Decía que el atacante “estaba únicamente centrado en un tema, y que no está específicamente relacionado con la comunidad judía, pero seguimos trabajando para encontrar el motivo.”
Tal vez la intención de la declaración fuera aplacar los temores de los judíos de todo el mundo que veían cómo se desarrollaba la terrible experiencia durante 11 horas.
Pero en realidad tuvo el efecto contrario en la minoría que con mayor frecuencia es objeto de crímenes de odio en Estados Unidos.
Es imposible saber qué realmente motivó a Akram a viajar desde su hogar en Lancashire, en Gran Bretaña, hasta un suburbio de Texas y tomar a fieles judíos como rehenes, una vez fue abatido y muerto en el lugar de los hechos.
Muchos detalles son aún vagos, cómo obtuvo un arma siendo turista, por ejemplo, pero por lo que sabemos hasta ahora las señales son inquietantemente familiares. Un pistolero ataca un objetivo judío y lanza discurso de odio contra los judíos e Israel.
Esto pasó en 2018 en la masacre de la sinagoga Tree of Life (el árbol de la vida) en Pittsburgh y un año después en el ataque a la sinagoga en Poway, California. Ha pasado de nuevo este fin de semana en Texas.
Ha habido otros actos de violencia en EEUU en los últimos años. Desde ataques físicos contra judíos en las calles de Nueva York y Los Ángeles, hasta actos intimidatorios a estudiantes en campus universitarios de todo el país.
El guion sigue siendo el mismo.
Malik exigió la liberación de una presa pakistaní llamada Aafia Siddiqui, conocida también como “dama al Qaeda”, quien cumple una condena en prisión de 86 años por disparar a soldados estadounidenses y agentes del FBI. La mujer es una antisemita declarada quien incluso pidió a los miembros del jurado que se sometieran a un test de ADN para determinar si tenían sangre judía.
¿Por qué entonces la reticencia de los medios y los agentes de seguridad de llamar, clara e inequívocamente, al incidente por su nombre?
Lamentablemente este no es un fenómeno nuevo. Los judíos se sienten cada vez más temerosos y frustrados cuando personas o instituciones son atacadas y, seguidamente, se minimiza la seguridad de nuestras comunidades.
Hasta ahora ha sido difícil precisar con exactitud por qué estos casos de odio abierto hacia los judíos se desdeñan tan fácilmente.
En un intento por comprender mejor el asunto, la organización mediática sin ánimo de lucro Fuente Latina encargó en agosto de 2021 a Bendixen & Amandi International, una firma líder en investigación de opinión pública, que realizara un estudio nacional en EEUU sobre no judíos de entre 18 y 35 años para calibrar sus percepciones sobre judíos y antisemitismo.
Los hallazgos arrojan luz sobre por qué tenemos la sensación de que a nadie le importa cuando somos atacados.
Cuando se les preguntó qué grupos enfrentan la menor cantidad de discriminación en EEUU hoy en día, la mayoría de los encuestados respondió que son los judíos. Cuando se les preguntó por qué, las tres respuestas principales fueron:
Los judíos son blancos y, por lo tanto, no son una minoría.
El antisemitismo y el judaísmo no son cubiertos por los medios de comunicación convencionales.
El antisemitismo ya no es un problema en EEUU.
Todavía más preocupante es la incapacidad de los sondeados de definir antisemitismo y cómo identificarlo ¡Más de un tercio de los encuestados ni siquiera estaban familiarizados con el término “antisemitismo”!
Cuando la palabra “antisemitismo” era sustituida por la frase “odio a los judíos” había apenas un 10 por ciento de incremento entre los sondeados que reconocían que es una forma de racismo.
Más aún, muy pocos en el estudio lograban identificar diferentes formas de antisemitismo.
Las respuestas de esta encuesta son preocupantes por lo siguiente:
▪ Los judíos no son blancos. Somos un grupo étnico-religioso diverso. Hay judíos originarios de Asia, África, Europa, América Latina y otros lugares remotos del mundo.
▪ Porque se percibe a los judíos como blancos y, por lo tanto, no susceptibles a ser discriminados, los medios de comunicación generales cubren los incidentes de odio judío como crímenes en lugar de como actos de violencia racista.
▪ El antisemitismo es, sin embargo, un problema principal en EEUU hoy en día.
¿Qué podemos hacer nosotros, como sociedad, sobre este asunto?
Debemos trabajar juntos para desmontar los estereotipos.
Los judíos son latinos, negros, asiáticos, medio orientales. Y son también estadounidenses que temen por su seguridad.
Minimizar el odio dirigido a nuestra identidad, como sucedió en la sinagoga de Colleyville, en Texas, conduce a más desinformación y percepciones erróneas.
Si las señales están ahí, no las ignoren. Llámenlo por su nombre y denúncienlo. Nuestras vidas dependen de ello.
Leah Soibel es fundadora y CEO de Fuente Latina; Rachel Fish es cofundadora de Boundless.; Daniella Greenbaum es escritora, productora y activista y Aviva Klompas es cofundadora de Boundless.