Mario Diaz-Balart: No podemos vender la libertad del pueblo venezolano por petróleo sangriento | Opinión
Prohibir el petróleo ruso y reemplazarlo con el petróleo sangriento del régimen venezolano es irresponsable y completamente peligroso para la seguridad nacional de EE. UU.
Si la Administración Biden acepta debilitar las sanciones contra la dictadura asesina y antiamericana de Nicolás Maduro, estaría vendiendo descaradamente y traicionando al pueblo venezolano y la causa de la libertad, al igual que los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. En cambio, Estados Unidos debe seguir una política que priorice los valores americanos, en lugar de cambiar un tipo de petróleo sangriento por otro.
Estoy profundamente alarmado por los informes de que representantes americanos de alto nivel se reunieron en persona, en secreto, con Maduro y sus cómplices en un intento de apaciguar a la dictadura venezolana en un momento en que la Administración Biden está buscando nuevos recursos petroleros en cualquier lugar menos en Norteamérica.
Es esencial que la Administración Biden mantenga fuerte sanciones contra el régimen de Maduro. El Congreso americano otorgó al presidente importantes facultades para sancionar al régimen de Maduro, incluida la Ley de Defensa de Derechos Humanos y Sociedad Civil de Venezuela, que apoyé plenamente.
Fuertes sanciones son esenciales para evitar que los dólares americanos enriquezcan a los opresores del pueblo venezolano.
Estados Unidos debe demonstrar solidaridad con el pueblo venezolano a través de asistencia sólida. Por esta razón, he trabajado durante mucho tiempo para lograr asistencia humanitaria para los venezolanos que han y siguen sufriendo las consecuencias del régimen de Maduro.
Ayuda humanitaria
Desde el año fiscal 2017 hasta el año fiscal 2021, Estados Unidos proporcionó $1.650 millones en ayuda humanitaria a los venezolanos y $323 millones para democracia, desarrollo y atención médica.
Para el año fiscal 2022, el proyecto de Ley de asignaciones del Departamento de Estado, las operaciones en el extranjero y los programas relacionados aprobado por la Cámara de Representantes proporciona $50 millones en asistencia democrática a Venezuela.
Y, para garantizar que los venezolanos puedan permanecer en EE.UU., legalmente y sin temor a la deportación, mi colega el representante Darren Soto y yo presentamos la Ley TPS de Venezuela en los congresos 116 y 117.
El presidente Joe Biden debe aprender de la dependencia errónea de Europa del petróleo ruso y negarnos a aceptar un trato peor con la brutal dictadura de Maduro, un régimen que está siendo investigado por la Corte Penal Internacional y una Misión Internacional de Investigación de la ONU por crímenes contra la humanidad.
Debemos recordar que, con la entrada de dinero en efectivo del petróleo a las arcas de Vladimir Putin, pudo declarar la guerra a sus vecinos, proveer equipo militar y soldados a Venezuela, perdonar la deuda cubana y enviar barcos de espionaje a aguas cubanas para espiar a los EE. UU.
De manera similar, cuando la dictadura venezolana disfrutaba de recursos económicos casi ilimitados, ayudó a los terroristas marxistas de las FARC a desestabilizar Colombia, se dedicó al tráfico de médicos cubanos y oprimió brutalmente al pueblo venezolano.
Rusia ha enviado miles de millones en equipo militar y ha enviado “asesores” militares para ayudar a Maduro a aferrarse al poder. Irán continúa enviando alimentos y petróleo para sostener el régimen de Maduro. No debemos lanzar un salvavidas al brutal régimen de Maduro para apretarle las tuercas a otro. El pueblo americano entiende que apoyar cualquier parte de su alianza maligna cada vez más entrelazada los apoya a todos.
Desafío a cualquiera a descifrar una política exterior consistente que guíe a la Administración Biden que no sea apaciguar a la izquierda radical y enriquecer a dictadores despiadados y sus conglomerados petroleros. Al igual que el desastroso acuerdo con Irán de la Administración Obama, las negociaciones actuales con Venezuela e Irán se llevan a cabo en secreto porque son inmensamente peligrosas e impopulares.
Trato con el diablo
De hecho, son una vergüenza. Los americanos, muy conscientes de la multitud de maldades perpetradas por Irán desde la toma de rehenes de 1979, no quieren aliviar la presión sobre ese régimen u otro similar. Sin embargo, incomprensiblemente, la Administración Biden sigue negociando acuerdos con ellos. Si estos acuerdos fueran tan buenos como indudablemente se nos dirá que son, la Administración Biden los promocionaría en cada oportunidad.
Hacer un trato con el diablo es extremadamente miope y peligroso, y eventualmente será demasiado costoso. Con el poder que el mundo le ha dado, Putin ha convertido la energía en un arma y ahora las naciones occidentales intentan desenredarse de la red que ayudaron a tejer. No nos pongamos en esa posición con Irán y Venezuela.
Nunca debe olvidarse que las personas que están bajo el control de estos regímenes represivos también son víctimas. En tiempos de crisis como estos, necesitamos claridad moral. El exprisionero político ruso Natan Sharansky dijo: “En las dictaduras se necesita valentía para luchar contra el mal; en el mundo libre se necesita coraje para ver el mal”. No podemos vender la libertad del pueblo venezolano por petróleo sangriento.
En cambio, debemos seguir una política de sanciones férreas que priorice los intereses de la seguridad nacional, los derechos humanos y la libertad de EE. UU., en lugar de asegurar un mal trato con un diablo diferente.
Mario Díaz-Balart es el representante republicano de EE. UU. para el distrito 25 del Congreso de Florida, que incluye gran parte del suroeste de Miami-Dade, Hialeah y gran parte de la parte norte de los Everglades.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de marzo de 2022, 1:20 p. m..