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Las caras de Putin en Latinoamérica | Opinión

El gobernante de Venezuela, Nicolás Maduro y su homólogo ruso, Vladimir Putin, durante su encuentro en julio del 2013 en Moscú.
El gobernante de Venezuela, Nicolás Maduro y su homólogo ruso, Vladimir Putin, durante su encuentro en julio del 2013 en Moscú. EFE

La preocupación de Occidente por Rusia tomó otra dimensión hace casi tres semanas, con la invasión ordenada por Vladimir Putin contra el pueblo ucraniano.

Más allá del horror de esta guerra, expresado en las escalofriantes imágenes que nos llegan por medios tradicionales y por las nuevas plataformas de comunicación, es fundamental propiciar un debate sobre el fenómeno de Rusia en el mundo, un debate que no se quede en el contexto guerrerista que actualmente atravesamos, sino que trascienda la coyuntura y conduzca a un plan para frenar el proyecto antioccidental. Debe ser un debate sobre las raíces rusas en cada rincón del planeta y sus vastas implicaciones para la seguridad, así como para el desarrollo pleno de los valores que defendemos en Occidente.

América Latina es una de las regiones donde Rusia ya tiene una enorme influencia, incluso mucho mayor a la que en su momento tuvo la extinta URSS. El comercio de armas, la provisión de bienes y servicios, el intercambio militar, las operaciones de inteligencia a grandes escalas y la penetración ideológica son solo algunos de los cimientos que dan cuenta de las raíces echadas por Rusia en esta parte del mundo.

Venezuela es sin lugar a duda el país donde Putin tiene mayores niveles de influencia, no en vano Maduro fue el primero en salir a condenar a Occidente y exculpar a Rusia por la invasión que hoy está causando muertes de inocentes en Ucrania. Son más de 300 acuerdos que Moscú y Caracas han firmado en estos 20 años, los cuales trastocan todas las áreas que podamos imaginarnos. Comercio, turismo, petróleo, gas, minerales, banca y por supuesto, cooperación militar.

Solo en este último rubro nuestro país ha desembolsado al menos $11,000 millones para hacerse de equipos y tecnología militar rusa de primer nivel. Lo último que sabemos en esta materia es que la dictadura de Maduro afina detalles para adquirir misiles S-400 provenientes de Rusia, un hecho que configuraría la mayor amenaza a la paz y tranquilidad de América Latina; pues se trata de un armamento con capacidad balística de hasta 400 kilómetros.

De manera que Venezuela se ha transformado en un santuario ruso, desde donde Putin coordina operaciones para infiltrar otros países de la región, afectando la estabilidad democrática del hemisferio. Pero no es el único país donde las operaciones rusas se han acrecentado.

Cuba y Nicaragua, los otros regímenes dictatoriales del continente, también le han abierto las puertas a Putin. Cuba por deuda histórica, Nicaragua por la necesidad del régimen de Ortega de mantenerse en el poder, pero la verdad es que estos son otros archipiélagos que responden a los intereses geopolíticos del Kremlin. Para que tengamos una idea del tamaño del fenómeno, actualmente Nicaragua es el país de la región con mayor presencia militar rusa en el continente.

Pero Putin también se ha metido de cabeza en el bloque que conforma el centro del eje democrático de la región. Solamente en el año 2021, el intercambio comercial entre los gobiernos de Putin y Bolsonaro alcanzó la cifra de $7,286 millones, lo que representa 1.5% del total de las exportaciones e importaciones mundiales de Brasil.

El mismo patrón se repite en Argentina, aunque con una menor intensidad. El intercambio comercial ya roza los $1,500 millones al año, con el agravante de que el presidente Alberto Fernández enfatizó en su reciente visita a Moscú su intención de que Argentina se convierta en la puerta de entrada de Rusia a la región. Y para variar México, con la llegada de un Gobierno de corte de izquierda, ha venido profundizando sus lazos con el Kremlin. Razón por la que el balance comercial entre ambas naciones alcanza una cifra superior a los $2,000 millones al año.

El próximo objetivo de Rusia es Colombia. Ya desde hace un tiempo despliega una agresiva política desde Venezuela para tratar de penetrar los estamentos de la sociedad colombiana. Por eso hemos visto aviones rusos sobrevolando el espacio aéreo de este país sin autorización del Estado colombiano, han capturado a diplomáticos de Moscú en actividades de espionaje, se han movilizado rusos a la frontera de Colombia con Venezuela para ejecutar operaciones de infiltración de las comunicaciones del ejército colombiano, entre otras cuestiones que nos dan indicios muy precisos sobre los propósitos de Moscú.

La expansión de Rusia en el continente ha sido silenciosa, pero estratégica. Inició disfrazada de alianza económica y hoy en medio de la guerra se destapa, dejando entrever que es parte de un proyecto geopolítico en el que no solo se busca debilitar la posición de Estados Unidos, sino trasladar una visión antioccidental que persigue destruir la democracia, los derechos humanos y la libertad como valor supremo. En donde más claro están todas las caras de Putin es en Venezuela, donde el proyecto ruso ya echó raíces y se manifiesta en espionaje, armas, desestabilización de Colombia, crimen organizado y corrupción.

Resultaría un acto muy peligroso que Occidente continúe pasivo frente a la expansión rusa en América Latina, en años podríamos concebir una dependencia energética de la región con respecto a Putin, o lo que es peor, un continente repleto de dictaduras pro-rusas. O lo que incluso pudiera ser más catastrófico que conflictos bélicos como los que presenciamos en Europa del este se repliquen en nuestro vecindario. No podemos esperar que las campanas de la guerra resuenen en nuestra región para comenzar a actuar, la lección de Ucrania nos debe movilizar para contrarrestar a tiempo las amenazas a los valores democráticos y la seguridad hemisférica. Una respuesta tardía a lo que enfrentamos sería el comienzo de la disolución de nuestra región, ¡aprendamos de Ucrania!

Julio Borges es un político venezolano, miembro del partido Primero Justicia, y es expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela. Actualmente, cursa el doctorado en Filosofía en la Universidad Santo Tomás en Colombia.

Julio Borges es un político venezolano, miembro del partido Primero Justicia, y es expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela. Actualmente, cursa el doctorado en Filosofía en la Universidad Santo Tomás en Colombia.
Julio Borges es un político venezolano, miembro del partido Primero Justicia, y es expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela. Actualmente, cursa el doctorado en Filosofía en la Universidad Santo Tomás en Colombia.


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