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Opinión

FRANK CALZÓN: Washington y La Habana y la nueva vieja política


Roberta Jacobson, secretaria de Estado adjunta, da un reporte a la prensa en el segundo día de negociaciones desde La Habana, el 22 de enero.
Roberta Jacobson, secretaria de Estado adjunta, da un reporte a la prensa en el segundo día de negociaciones desde La Habana, el 22 de enero. AP

La muy esperada apertura de la embajada norteamericana en La Habana, como parte de la normalización de relaciones entre los dos países, incluye importantes concesiones al General Raúl Castro que difícilmente podrán ser aceptadas por las administraciones norteamericanas futuras.

Entre otras concesiones, está el pago al gobierno cubano por los servicios dentro de la misión norteamericana de cientos de empleados cubanos que reportan a los servicios de inteligencia castristas.

Las embajadas estadounidenses en América Latina contratan empleados que son ciudadanos de los países donde operan, pero en Cuba esos empleados lo son del gobierno cubano y a él responden; por más que se esperaba que esa anómala situación se terminase con la apertura de embajadas.

Además, el Departamento de Estado aún no ha respondido a las preguntas del Congreso sobre si el régimen raulista por fin se ha comprometido a respetar la valija diplomática de su vecino del norte.

Más de un senador se ha quejado de la falta de transparencia en las negociaciones con La Habana, la falta de consulta con el Capitolio, y la presencia de un fuerte operativo policiaco que dificultará a los cubanos el acceso a la nueva embajada, que radicará en el mismo edificio de la actual Sección de Intereses, sólo que con un nuevo letrero más la bandera norteamericana ondeando de nuevo en Cuba después de 54 años.

Lamentablemente, el anuncio ocurre a pocos días del arresto de 226 disidentes pacíficos en toda Cuba, represión sistemática que ya no parece interesarle a la Casa Blanca. A la Administración tampoco parecen interesarles las alianzas de los Castros con Corea del Norte, ni con Irán, ni el restablecimiento de una presencia militar rusa cada día más hostil a los intereses norteamericanos. Esa presencia militar incluye la anunciada reapertura de una base de espionaje cibernética rusa en Cuba.

La normalización ocurre bajo circunstancias sin precedentes, si se revisa la diplomacia norteamericana en la región en años recientes, y no augura nada bueno ni para los derechos humanos en la Isla ni para el legado de Obama hacia Cuba.

Este cuatro de julio, cuando los norteamericanos celebran la independencia de su país y las libertades que disfrutan, los cubanos que sufren por querer reestablecer la democracia en la isla y que defienden los derechos humanos no serán invitados a la gran celebración auspiciada por la misión diplomática norteamericana porque al General Raul Castro le desagrada que los miembros de la oposición puedan compartir con diplomáticos y otros extranjeros. En realidad el régimen tiene poco menos que un veto en cuanto a quien invitaran los norteamericanos a su embajada, y como en años recientes la cuestión se resolverá organizando dos celebraciones, una como la que tiene lugar en todas las embajadas alrededor del mundo, y otra para los disidentes. En otras capitales la lista de invitados incluye el cuerpo diplomático, funcionarios del gobierno, profesores, periodistas, y representantes de partidos políticos, lo mismo los del gobierno que los de la oposición. El Presidente Obama posiblemente no está enterado de esa segregación, y los norteamericanos se horrorizarían si se enteran de ella.

En realidad, la nueva política no es más que un reciclaje de la vieja política de hace más de medio siglo, cuando los derechos humanos no eran importantes para Washington y los intereses económicos yanquis campeaban por sus respetos.

Los archivos están llenos de fotos de sonrientes presidentes norteamericanos con dictadores latinoamericanos en uniforme. El Presidente Obama tendrá que ir acostumbrándose a ver su foto con Raul Castro en la colección de fotos de sus predecesores con Trujillo, Somoza, Batista y otros hombres fuertes.

Director ejecutivo del Centro para Cuba Libre

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de julio de 2015, 5:31 p. m. with the headline "FRANK CALZÓN: Washington y La Habana y la nueva vieja política."

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