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No dejemos que Putin asesine también al buen periodismo | Opinión

El presidente ruso Vladimir Putin asiste a una videoconferencia con altos funcionarios para tratar el apoyo a la industria de la aviación rusa en medio de las sanciones occidentales, el jueves 31 de marzo de 2022, en la residencia Novo-Ogaryovo situada en las afueras de Moscú, Rusia. (Mijail Klimentyev, Sputnik, Foto compartida por el Kremlin/ AP)
El presidente ruso Vladimir Putin asiste a una videoconferencia con altos funcionarios para tratar el apoyo a la industria de la aviación rusa en medio de las sanciones occidentales, el jueves 31 de marzo de 2022, en la residencia Novo-Ogaryovo situada en las afueras de Moscú, Rusia. (Mijail Klimentyev, Sputnik, Foto compartida por el Kremlin/ AP)

Qué, quién, dónde, cuándo y por qué.

Las famosas cinco W del buen periodismo resuenan en mi cabeza en las últimas semanas.

Recuerdo mis tiempos de estudiante de periodismo y recuerdo a los profesores enseñándonos la buena praxis profesional cuando no existían ni Twitter, ni los haters, ni las empresas de fact checking, y los conspiranoicos no abundaban porque, entre otras cosas, no tenían cuentas opacas de redes sociales donde esconderse.

La negación de la matanza rusa de civiles en la ciudad ucraniana de Bucha ha sido un paso más en la destrucción de la prudencia y el sentido común que desde las redes —en especial Twitter— se está imponiendo.

Tener que escuchar afirmaciones como “hay que escuchar las dos versiones”, “las muertes pueden ser un montaje” o “cómo puedes acusar a Vladimir Putin de ser el responsable si no estabas allí” son una amenaza no solo para el periodismo y los medios —que bastantes problemas tienen ya— también para la constatación y la escritura de la Historia con mayúscula.

¿Alguien en su sano juicio hubiera evitado condenar la matanza de judíos en la Segunda Guerra Mundial a la espera de la versión de los nazis?

¿Se podría haber planteado que las imágenes de los cadáveres esqueléticos y hacinados de los judíos asesinados fueron un montaje de los aliados? ¿Era preciso que cualquier persona que estuviera lamentando esa barbarie estuviera mirando por un agujero dentro de las cámaras de gas?

Estoy seguro de que estas preguntas les suenan ridículas al lector, pero hoy, 77 años después y, con la invasión rusa de Ucrania como escenario de guerra, medios y periodistas hemos caído en la provocación para justificarnos de algo que no merecemos.

Porque hemos visto, escuchado y leído crónica rigurosa y profesionales de corresponsales que nos han contado lo que están viendo como es su obligación. Muchos de ellos pagando con su vida.

En ocasiones también me parece exagerado y a veces ridículo el trabajo de las empresas de verificación, en una suerte de asuntos internos, de película policial, investigando al periodista, al testigo directo, aquel que en otra época era considerado un profesional que desarrolla una labor social, un servicio público.

Porque aunque el New York Times utilice imágenes satelitales para demostrar que la matanza en Bucha se produjo cuando todavía estaban en la ciudad las tropas rusas, la propaganda de Putin y sus medios subvencionados lo van a seguir negando.

He repetido muchas veces cuando me han preguntado en radio y televisión que la supervivencia del periodismo pasa por hacer entender a la audiencia de que tiene que buscar la información en las grandes marcas históricas contrastadas que cuentan con periodistas en los lugares que se desarrolla la noticia. Las ocurrencias de perfiles anónimos en Twitter no pueden ser nunca una fuente de información.

Confiemos entonces en los medios serios y sus periodistas, independientemente de su línea editorial. Es legítimo y saludable que haya diarios, radios y televisiones con una visión conservadora, como lo es que los hay con una tendencia más liberal o de izquierdas.

En el sur de la Florida está aflorando un desconcertante movimiento que asegura estar dando la batalla contra la desinformación. Está acusando especialmente a emisoras de radio en español de tener una agenda republicana y de estar propagando falsedades.

Pero —sorpresa— cuando uno investiga en los perfiles de los promotores del movimiento comprueba que son analistas y opinadores de tendencia demócrata. Los políticos no son buenos consejeros para unos medios de comunicación libres.

En este punto quiero volver a mi clase de periodismo y recordar las 5W, una cosa son los hechos y otra la opinión que nos merezcan. Exijamos a los medios que nos separen claramente la información de la opinión. Todo es una cuestión de buenas prácticas profesionales. Aún hay esperanza.

Manuel Aguilera es fundador y CEO de HispanoPost Media Group. Es exeditor ejecutivo de la plataforma en línea de Univision y exeditor principal de Diario las Américas.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de abril de 2022, 1:59 a. m..

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