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Opinión

ALEJANDRO RÍOS: Una plaga recorre el mundo

En la estremecedora película polaca Ida –disponible ahora en DVD-, dirigida por Pawel Pawlikowski, una joven huérfana bajo el cuidado de monjas debe decidir si tomar los hábitos o incorporarse a la vida civil. Antes de elegir, a sugerencia de la madre superiora, tendrá que conocer a una tía, quien es su único familiar vivo.

Se trata de otra de las películas —no muy abundantes por cierto cuando abordan las atrocidades del comunismo— sobre el daño malsano de los “ismos” incubados y desarrollados en la vieja Europa y luego expandidos, cual plaga, al resto del mundo.

Cuando Anna confronta la vida real más allá de las paredes del convento se entera de que se llama Ida y que no es católica, sino miembro de una familia judía desaparecida en secretas circunstancias.

La tía es una mujer otoñal de armas tomar, dada al trago y a los hombres. Después sabremos que durante los años cincuenta fue una nefasta jueza conocida como Wanda “La Roja”, con numerosas penas de muerte a su haber entre los opositores al comunismo.

Dice el director que le resultó difícil reproducir la destartalada Polonia socialista de los años sesenta, que es cuando ocurre el argumento, porque su país ha experimentado un desarrollo notable luego de ser libre.

Queda claro que Polonia devino campo de experimentación de cuanta aberración ideológica produjo el siglo veinte. La familia de Ida fue muerta a hachazos por un buen vecino que no quería problemas con los nazis y enterrada en un bosque mientras la tía, única sobreviviente junto a Ida, se alista como soldado en la Segunda Guerra Mundial; luego deviene furibunda estalinista y elimina a los contrarios con saña mientras vive de las bonanzas del corrupto sistema burocrático socialista.

Cuando Anna-Ida deambula por esos pueblos grises de miedo y silencio en su atuendo religioso, junto a la tía arrogante y frustrada, hay personas que miran para los lados y lo piensan dos veces para pedirle la bendición.

Es curioso cómo se manifiesta con frecuencia en el arte y la cultura en general, una lógica piedad por las víctimas del Holocausto, que es parte consustancial también a este filme, y se suele aceptar la otra macabra inmolación, la dictadura del proletariado, como un destino sin remedio para los pueblos que no han podido sacudírselo de encima.

El director ha dicho que el personaje de Wanda se lo inspiró una encantadora señora polaca que en Londres lo invitaba a tomar el té para conversar amenamente, sin sospechar siquiera que luego leería en la prensa que la habían extraditado a Polonia para responder por crímenes de lesa humanidad.

Por estos días The New York Times trae a colación unas excavaciones que se vienen realizando en Polonia de donde emergen restos de personas dadas por desaparecidas, primero por los nazis, luego por las tropas de ocupación soviéticas y finalmente por la policía política nacional. No son cementerios, apuntó uno de los investigadores, sino “campos de muerte”, de polacos matando a polacos, algunos cerca de una antigua prisión y otros en patios de modernos edificios de apartamentos.

“La gente no quiere hablar sobre el tema —ha dicho el sociólogo Maciej Bialous—, no es parte de la conversación común entre polacos. Simplemente prefieren olvidar”.

Otro especialista relacionado con las exhumaciones ha dicho que las personas temen a lo que se pueda inferir sobre sus propios familiares o vecinos con respecto a los crímenes.

“Tienes a los perpetradores que alguna vez mataron y luego fueron muertos, una ideología enferma detrás de otra”, señala el procurador encargado del caso.

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de octubre de 2014, 3:00 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Una plaga recorre el mundo."

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