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Con Putin decidido a ganar en Ucrania, Occidente parece estar cansándose | Opinión

Vista de un edificio residencial dañado por obuses en Donetsk, en territorio bajo el gobierno de la República Popular de Donetsk, este de Ucrania, miércoles 22 de junio de 2022. (AP Foto/Alexei Alexandrov)
Vista de un edificio residencial dañado por obuses en Donetsk, en territorio bajo el gobierno de la República Popular de Donetsk, este de Ucrania, miércoles 22 de junio de 2022. (AP Foto/Alexei Alexandrov) AP

La semana pasada estuve en las colinas del norte de Italia, sobre todo de vacaciones, pero también con la curiosidad de ver cómo la guerra en Ucrania ha afectado a la vida del vecino de al lado en Europa. No fue difícil encontrar los efectos.

¿Está descontento con los $5 por galón de gasolina? Pruebe con $8. “Es doloroso llenar el tanque”, se quejaba mi amigo Roberto Pesciani, profesor jubilado.

“¿Y las facturas de los servicios públicos? El costo del gas natural es cuatro veces mayor en Italia que en Estados Unidos”.

“Los precios de la calefacción subieron. Los precios de los comestibles suben. Todo sube”, dice Pesciani.

Las preocupaciones van más allá de la inflación. El ministro de Asuntos Exteriores de Italia, Luigi Di Maio, advirtió recientemente que el bloqueo ruso a las exportaciones de grano de Ucrania pudiera desencadenar una guerra mundial del pan, produciendo hambrunas en África y una nueva oleada de migrantes hacia Europa.

“El problema de las sanciones a Rusia es que solo funcionarán si también nos perjudican a nosotros”, dijo Pesciani.

El dolor económico está creando problemas políticos a los gobiernos europeos que se unieron a la campaña de sanciones contra Rusia liderada por Estados Unidos: “La fatiga de Ucrania”.

“Ya está aquí”, me dijo Nathalie Tocci, directora del Instituto de Asuntos Internacionales de Italia. “El dolor (de las sanciones) es mucho mayor en Rusia que en Occidente, por supuesto, pero nuestra tolerancia al dolor es menor. Así que la cuestión es qué curva es más pronunciada: la capacidad de Rusia para hacer la guerra o nuestra capacidad para soportar el dolor económico”.

El gobernante ruso, Vladimir Putin, apuesta por ganar esta contienda. Las sanciones económicas de Occidente “no tenían ninguna posibilidad de éxito desde el principio”, dijo en un encendido discurso en San Petersburgo el 17 de junio. “Somos un pueblo fuerte y podemos hacer frente a cualquier desafío”.

La ansiedad política en Italia y sus vecinos se reflejó en un sondeo de 10 países publicado la semana pasada por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

Tanto en Alemania como en Francia, una pluralidad de un 40% están en lo que los encuestadores llamaron “campo de la paz”: Quieren que la guerra termine lo antes posible, incluso si eso requiere concesiones ucranianas a Rusia. Alrededor del 20% están en el “campo de la justicia”: Quieren que Rusia sufra una derrota decisiva, aunque eso signifique una guerra más larga.

Los italianos son aún más dóciles. Una mayoría, el 52%, está en el campo de la paz. A pesar de ello, el presidente francés, Emmanuel Macron, el canciller alemán, Olaf Scholz, y el primer ministro italiano, Mario Draghi, tomaron la semana pasada un tren nocturno desde Polonia hasta Kiev, la asediada capital ucraniana, para mostrar su apoyo al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy.

Hace tan solo unas semanas, los tres se mostraban indecisos ante la guerra. Macron hizo un esfuerzo muy público para atraer a Putin al diálogo y dijo que Occidente debería evitar tratar de “humillar” a Rusia. Scholz y Draghi hicieron intentos más discretos para ver si el líder ruso podría considerar las negociaciones.

Putin, empeñado en la victoria militar, rechazó a los tres. Así que la semana pasada, tras mostrar a sus inquietos votantes que habían intentado hacer las paces, los tres líderes occidentales adoptaron una línea más dura en Kiev: Ucrania “debe poder de ganar”, declaró Macron. “Ucrania forma parte de la familia europea”, dijo Scholz. “El pueblo ucraniano defiende los valores de la democracia”, dijo Draghi.

Ninguno de los tres entregó lo que más deseaba Zelenskyy: nuevas armas. Pero sí respaldaron la solicitud de adhesión de Ucrania a la Unión Europea.

El principal impacto, sin embargo, fue una señal sorprendentemente firme para Putin de que el frente unido de Europa no se está desmoronando todavía. El presidente ruso respondió cortando inmediatamente el flujo de gas natural a Occidente, un recordatorio de que puede infligir dolor económico a sus vecinos cuando quiera.

Los estadounidenses, incluido el presidente Joe Biden, lo tienen más fácil. No dependemos del gas natural ruso para calentar nuestros hogares. Y a nivel interno, la confrontación con Rusia ha producido un inusual consenso bipartidista: Los demócratas se alinearon detrás de la postura bélica de Biden; la mayoría de los republicanos también, excepto el ala más celosamente pro-Trump del Partido Republicano.

Sin embargo, incluso en Estados Unidos, la inflación erosionó el apoyo público a la guerra, aunque de forma menos dramática que en Europa. En abril, una encuesta de Associated Press encontró que la mayoría de los votantes estadounidenses pensaba que Estados Unidos debería imponer sanciones severas contra Rusia, incluso si eso significa un dolor económico para Estados Unidos. En mayo, la mayoría había cambiado; el 51% dijo que la principal prioridad debería ser limitar el daño a la economía estadounidense.

Como señaló el mes pasado Gideon Rachman, del Financial Times de Londres, la guerra en Ucrania se libra en tres frentes, y Occidente está implicado en los tres. “El primer frente es el propio campo de batalla”, escribió. “El segundo frente es el económico. El tercer frente es la batalla de voluntades”.

El mayor desafío en ese tercer frente puede llegar este otoño, cuando aumente la demanda de combustible para calefacción, cuando Putin encuentre nuevas formas de socavar la cohesión occidental y cuando Biden vuelva al Congreso para pedir miles de millones más de ayuda.

¿Podrán los líderes de Europa y de Estados Unidos reunir a sus pueblos para que soporten el sacrificio económico por el bien de Ucrania, o es una contienda que solo Putin puede ganar?

Doyle McManus es columnista de Los Angeles Times.

©2022 Los Angeles Times

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