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Opinión

¿El eterno retorno?

En medio de los atentados terroristas que el cartel de narcotraficantes que se hace llamar la guerrilla de las FARC planea y ejecuta en Colombia, con un gobierno que le está fallando a los colombianos en la principal razón por la que fue elegido, la seguridad, la continuidad de la seguridad, se ha dado una noticia que a mi juicio, por su gravedad, no se le ha procurado el despliegue que se le debe: me refiero al aumento en el año 2014 de un 44% de los cultivos de hoja de coca y al de la producción de cocaína de 290 toneladas a 492. ¿Saben lo que eso significa? Significa montañas de capitalistas narcodólares para esos tales comunistas defensores del pueblo contra el que atentan, cuyos jefes se pasean felices por las calles de la Habana.

Disculpen pero no sé cómo expresar lo que siento. ¿Rabia? ¿Dolor? ¿Ira? ¿A qué juega este gobierno? Hay vidas humanas en riesgo. Hay una generación en riesgo. Cuando creíamos que habíamos superado esa época desgraciada que comenzó con los cárteles de Medellín y Cali; con la proliferación de los Escobar y los macabros personajes con alias caricaturescos manchados de sangre hasta el tuétano; cuando pensamos que había pasado la época en que la gente de bien tenía que convivir con la zozobra de unos tipejos armados hasta los dientes creyéndose los dueños de todo y de todos, entrando a bares y restaurantes, y matando o amenazando a quien se atravesara en su camino; y la época en que ejércitos prácticamente de caníbales entraban a las veredas con la boca hecha agua y una motosierra en la mano dispuesta a cercenar todo miembro humano que le antojara; cuando creíamos que los tiempos en que los “frentes” dirigían la política agropecuaria de vastas regiones del territorio nacional e imponían su cobarde voluntad a plomo; cuando todo eso parecía para siempre enterrado en el olvido, nos encontramos con que regresamos, como si viviéramos en un texto de Nietzsche, al umbral de esos mismos escenarios.

Y todo por el eterno retorno del perfecto personaje que cree que se puede dialogar con la irracionalidad y con el crimen. ¿O cómo más se le puede llamar a una gente que se dice comunista pero se lucra y se financia de actividades netamente capitalistas? ¿Una gente que elogia al Papa por su pedido para la conservación del medioambiente mientras derrama cientos de barriles de petróleo en los ríos? ¿Una gente que dice ser la defensora de un pueblo al que atacan, violentan, intimidan, violan, roban, secuestran, asesinan? ¡Qué tal que no lo “defendieran”! Y aunque no se dijeran defensores, ¿qué son unas personas que secuestran, violan, ponen bombas, roban y asesinan?

¿Entre las promesas del presidente Juan Manuel Santos cuando dio inicio a estos (ya parecen marchitos) diálogos, no estaba que nada cambiaría en el plano militar hasta que se firmara la paz? Pues este país de nuevo inundado de cultivos de coca y que aumenta la producción de cocaína, no era lo que había cuando él llegó al gobierno.

Como tampoco estas fuerzas militares tan respetadas que de un momento a otro se encuentran con que le secuestran a un general, le emboscan una tropa, le asesinan a sus soldados, le sacan a la policía de los pueblos y les siembran minas donde van a aterrizar sus helicópteros.

¿Hasta dónde tenemos que retornar para que el señor presidente de la República de Colombia se espabile y nos devuelva la seguridad y la tranquilidad de la que ya gozábamos felices todos los colombianos?

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de julio de 2015, 5:14 p. m. with the headline "¿El eterno retorno?."

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