LYDIA HIDALGO: ¿De qué seguridad hablan?
Hace más de 13 años del ataque a las torres gemelas de Nueva York y desde entonces poco a poco en nombre de nuestra seguridad el gobierno nos ha quitado o nos ha reducido nuestros derechos como ciudadanos de este gran país. Nos vemos atosigados en los aeropuertos, donde nos conducen como animales por líneas de seguridad y nos hacen quitar los zapatos, los cintos, los abrigos, y todo efecto personal que pueda sonar al pasar por los detectores de metal los pobres enfermos o ancianos tienen que sufrir el bochorno de ser examinados muchas veces en publico y otras tantas cosas más. A cambio las aerolíneas nos cobran las maletas, los pasajes más caros que nunca, tenemos que comprar nuestras comidas y si tenemos sed el agua que no nos tomamos antes de pasar por la línea de seguridad tenemos que desecharla. Todos somos tratados como sospechosos menos aquellos de origen árabe a los cuales no les quieren discriminarpor estereotipo siendo ellos los que nos atacaron.
Cuando de verdadera seguridad se trata, como mantener nuestras fronteras seguras, todos los que quieren pueden entrar como les da la gana y otros tantos son recibidos y albergados por el gobierno (a cuenta nuestra, pues el pueblo es el que paga), como el caso de los jóvenes que a miles cruzan nuestra fronteras todos los días.
Yo comprendo que hay hambre y miseria en el mundo incluyendo este país y que de una u otra manera todos necesitamos de vez en cuando una ayuda, pero no recuerdo haber visto nada escrito en ninguna parte donde somos responsables de las obligaciones de otros gobiernos. Me molesta que los gobernantes de los países de los cuales proceden estos muchachos tengan la arrogancia y desfachatez de venir aquí a exigir para ellos lo que no son capaces de proporcionar a sus propios ciudadanos, los cuales arriesgan sus vidas en tan largos y peligrosos viajes para llegar aquí con la esperanza de una vida mejor o tal vez reunirse con sus padres, los cuales en su mayoría son ilegales también.
La economía de este país está en decadencia a pesar de que el gobierno tiene una forma muy especial de medir la inflación y el desempleo y nos dice que no hay inflación; sin embargo cada día es mas difícil comprar las cosas más necesarias para nuestros hogares y familias, ropa, comida, seguros de carro, medicinas, seguros médicos o pagar las rentas o hipotecas de nuestros techos. Los trabajos en este país se han vuelto en su gran mayoría empleos de tiempo medio; muchos tenemos que desempeñar dos y tres trabajos para sobrevivir, o tenemos un solo trabajo mientras los otros en casa no tienen ninguno.
Nuestros hijos se gradúan de las universidades y no encuentran trabajo, pero ya salen con deudas gigantescas y sin un porvenir volviendo a casa en vez de salir a conquistar el mundo como hicimos nosotros; aplazando tal vez un matrimonio, la compra de una casa o la llegada de un hijo, pues simplemente no pueden pagar nada de eso.
¿Adónde se quedó la seguridad de nuestro país, que cualquiera puede entrar a la Casa Blanca con solo brincar la cerca, o montar en el elevador armado hasta los dientes junto al presidente Barack Obama, teniendo un historial de arresto y convicciones o lo que es peor, montarse en un avión y entrar al país enfermo de ébola, una de las enfermedades más peligrosas, para curar la cual escasea la medicina?
Gastamos miles de millones de dólares y miles de vidas en dos guerras que duraron más de 10 años, de las cuales no ganamos nada; no acabamos con los terroristas que nos atacaron pues son como las cucarachas, que matas dos y mañana vuelven cuatro. Nuestro país sufrió las 130 pérdidas monetarias y de vidas de nuestros soldados, y de miles de otros militares que han perdido parte de sus cuerpos en explosiones y combates que nunca podrán ser compensados lo suficiente, por tener la nobleza y el valor de tratar de hacer pagar aquellos que un día nos robaron la tranquilidad y nuestros familiares y amigos en las torres y en los aviones con los que nos atacaron.
No puedes luchar a medias, no puedes mandar a luchar a un ejército y luego amarrarle las manos con reglas de combate, por miedo al que dirán o por no ofender las sensibilidades de los llamados moderados que no existen.
Y ahora que se retiraron las tropas que por apaciguar al pueblo echaron por la borda el progreso adquirido con tanto trabajo y sangre tenemos como regalo al Estado Islámico (EI), que todas las semanas nos regala un nuevo video de un decapitado. Por tratarse los dos primeros de dos periodistas, por primera vez la prensa se indignó y juzgó inepta la política exterior del presidente Obama, pidiendo una respuesta contra EI, terroristas que han cobrado fuerza precisamente por la ineficiencia del presidente que ha querido convencer al pueblo de que todo estaba bien después de la muerte de Osama bin Laden. Y ahora nos vemos nuevamente envueltos en una guerra sin ganador, pues las guerras no se ganan tirando bombas desde el cielo, pues no es Dios quien las produce. Para acabar con EI hasta los mismos árabes comprenden que hay que exterminar a ese grupo, ya que ellos son los que perderán sus torres próximamente. Pronto tendrán que lanzar al ejército de nuevo o estaremos en guerra por los próximos 30 años.
Pero aquí la lucha constante contra aquellos ciudadanos que legalmente adquieren armas para su defensa personal en sus casas o negocios y no combaten a los criminales que ilegalmente obtienen armas con las cuales matan a diario a indefensos en asaltos o a policías en el curso se su trabajo diario. Más gente muere a diario en las grandes ciudades de este país anualmente a manos de armas ilegales que todos los soldados que murieron en las guerras de Afganistán e Irak por la duración de ambas. En su mayoría son jóvenes con demasiado tiempo en sus manos pues no tienen un trabajo decente, y no lo tendrán, ya que aquí es más fácil apuntar el dedo a las armas que tratar de levantar el número de trabajos para el pueblo pues el propio presidente se pasa más tiempo echándoles la culpa a los ricos por ser ricos que tratando de cambiar las leyes para que esos ricos levanten fábricas en nuestro país y no en China.
¿Dónde está la seguridad de esta nación, que nos prometieron una ley de seguros médicos a costos razonables para todos y ahora nadie los puede pagar; los negocios solo contratan empleados a medio tiempo para no cumplir con las leyes y poder sobrevivir y otros más grandes reciben subsidios del gobierno que los ciudadanos no obtienen? Los seguros suben más aún las primas de aquellos que ya tenían seguro, haciendo cada vez más difícil y precaria la situación económica de cada uno, y muchos seguirán sin tal seguro pues no lo pueden pagar.
Nunca nos habían atacado por tantos frentes a la vez, nunca nos hemos vistos tan pobres y tan incapaces de cambiar nuestras vidas, nos ahogan las deudas pues los sueldos no aumentan, nos vemos enfrentando nuestra edad de retiro y tenemos que seguir trabajando porque estamos gastando ahora el dinero que teníamos para un futuro; no tenemos esperanza de un cambio ya que ambos partidos políticos se comportan de igual manera: solo se echan la culpa uno al otro y nosotros sin poder levantar cabeza.
No existe tal seguridad.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de octubre de 2014, 3:00 p. m. with the headline "LYDIA HIDALGO: ¿De qué seguridad hablan?."