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Opinión

SERGIO MUÑOZ BATA: Resucita el ‘Americano Feo’

Cuando veo a Donald Trump (afortunadamente solo por la televisión) la desagradable imagen del llamado “Americano Feo” me asalta. Curiosamente, Trump me hace pensar que el estereotipo que define a los turistas americanos como gordos vestidos de forma estrafalaria derrochando arrogancia y hablando a gritos, puede ser verdadero en algunas instancias.

Es claro que de Abraham Lincoln a Franklin Delano Roosevelt, de Walt Whitman a William Faulkner, de Ansel Adams a Jackson Pollock, de Eleanor Roosevelt a Maya Angelou, de Benjamin Franklin a Carl Sagan, de Humphrey Bogart a Meryl Streep, de Martin Luther King a John Muir, de Duke Ellington a Marilyn Monroe, el mundo está en deuda con Estados Unidos. Pero la lista de las celebridades nacidas en este país no impide los manchones en la historia nacional.

El “Americano Feo” también tiene su nicho en la historia nacional, aunque nada ilustre. A fines de los 50, dos escritores norteamericanos, William J. Lederer y Eugene Burdick, popularizaron su caracterización con la novela que llevaba el mismo título y que es un devastador relato de la incompetencia y el engreimiento de la política exterior estadounidense de esa época.

Y cada vez que leo en los periódicos lo que dice y hace Trump, recuerdo un memorable ensayo de Simon Schama publicado en el New Yorker, donde hace un recuento de la incomodidad que sienten algunos extranjeros cuando escuchan a los estadounidenses definirse como miembros exclusivos de un club excepcional. Durante su estancia en Estados Unidos, nos cuenta Schama, a Rudyard Kipling, “le irritaba sobremanera la implacable seguridad con la que los estadounidenses exaltaban sus ‘incomparables virtudes’ ”. Al novelista noruego Knut Hamsun, que también vivió un tiempo aquí, le parecía “increíble la ingenua certeza de los estadounidenses de que pueden vapulear a cualquier enemigo”, y señalaba que “su patriotismo no tiene límites, nunca titubea y es tan vehemente como vociferante”. Schama también cita las palabras del abolicionista inglés Thomas Day que en 1776 describía la hipocresía de aquellos congresistas estadounidenses que “con una mano firman resoluciones de independencia y con la otra sostienen el látigo que descargan sobre sus atemorizados esclavos”.

Por otro lado también debo reconocer que no solo en Estados Unidos hay patanes como Trump, pienso por ejemplo en el italiano Silvio Berlusconi. Un excéntrico que comparte con Trump no solo el gusto por los peinados estrambóticos sino un repertorio semejante de bufonerías. Ambos son ricos y a los dos les interesa la política y decir barbaridades. La diferencia, quizá, podría ser que Berlusconi es menos provinciano que Trump aunque sean igual de desagradables. Otro insufrible gritón, parecido al neoyorquino en su belicismo, sería el político ruso Vladimir Zhirinovsky, quien en sus paroxismos de histeria ha lanzado advertencias a países contiguos a Rusia, amenazando con bombardear a Polonia y a los países bálticos.

Las estridentes declaraciones de Trump sobre los mexicanos han tenido varios efectos. El primero y más ruidoso, es que han tenido eco en ese segmento de la población que tiene la misma visión desfigurada de los inmigrantes que tiene Trump. Otro es el ascenso de su popularidad en las encuestas, hoy está casi a la par de Jeb Bush. Quizá de mayor trascendencia ha sido el debate que empieza en el Congreso acerca de las ciudades que ofrecen santuario a los migrantes y su posible interferencia en asuntos judiciales. Un tema cuyas consecuencias todavía no podemos aquilatar.

Yo no creo que la candidatura presidencial de Trump tenga futuro. Ya sabemos por experiencia que los candidatos débiles siempre acuden a las declaraciones sensacionalistas para darse visibilidad. Y también creo que mientras más duren sus diatribas contra las minorías, mayor será el daño al Partido Republicano. Y esto lo pienso porque Trump no solo ha insultado a los mexicanos. También ha dicho que “la pereza es un rasgo característico de los negros” y estereotipando a los judíos dijo que le gustaría que su dinero lo contaran solamente “esos hombrecitos que llevan la kipá todo el día”. De su machismo no es necesario hablar, basta con recordar que así no se gana el voto de las mujeres. En fin, Trump es una agrura que no resistirá un buen antiácido.

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de julio de 2015, 11:34 a. m. with the headline "SERGIO MUÑOZ BATA: Resucita el ‘Americano Feo’."

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