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Carlos Alberto Montaner fue el gran presidente que Cuba se perdió | Opinión

EL ESCRITOR y periodista cubano, Carlos Alberto Montaner, durante su participación en un foro de la Universidad Internacional de la Florida, el 6 de mayo del 2016.
EL ESCRITOR y periodista cubano, Carlos Alberto Montaner, durante su participación en un foro de la Universidad Internacional de la Florida, el 6 de mayo del 2016. Archivo/el Nuevo Herald

El título de esta columna no es mío, pero no recuerdo su autor, por lo que no puedo acreditarlo.

Sin embargo, nunca he olvidado esa frase que considero tan verdadera. Indudablemente, Carlos Alberto Montaner fue el gran presidente que Cuba se perdió.

No nos unía una amistad basada en vivencia compartida, sino una profunda admiración anclada en ideas comunes sobre el liberalismo clásico y el futuro de Cuba.Nadie como Carlos Alberto Montaner ha expuesto con más elocuencia el liberalismo clásico en nuestro continente.

En diversas ocasiones compartimos escenarios y, con su acostumbrada generosidad, Carlos Alberto me honro escribiendo el prólogo de varios de mis libros. Gracias Carlos Alberto.

En junio de este año (2023) estuve varias horas en Madrid y tratamos de reunirnos, pero no fue posible. Cuanto hubiera deseado darle lo que hubiera sido un último abrazo.

Cuando leí su “Última columna” le escribí una nota prometiéndole que, en lo que estuviera a mi alcance, yo seguiría exponiendo nuestras ideas comunes, y así lo haré. Otros escribirán sobra la persona, yo honrare sus ideas.

Carlos Alberto y los liberales clásicos nos hacemos una pregunta fundamental: ¿Para qué sirve el gobierno?

De hecho, un tema fundamental en la filosofía política gira con relación a: ¿Cuál es, o debería ser, el papel del gobierno en nuestras vidas? Para algunos, el gobierno debe desempeñar un papel amplio y activo, utilizando su poder coercitivo para lograr una sociedad más igualitaria.

Para los liberales clásicos, el papel del gobierno debe ser limitado, y preocupado principalmente en proteger nuestras vidas, nuestra libertad y nuestra propiedad.

Esto plantea la cuestión de qué filosofías políticas y programas de gobierno comenzarían a surgir en el paisaje político en Cuba después del gobierno comunista. Carlos Alberto nos hubiera guiado.

Contemplando el futuro político de Cuba, los liberales clásicos tendríamos una lista de deseos muy similar; estas serían las ideas que hubieran guiado a ese gran presidente que Cuba se perdió:

Aprender a amar y defender los derechos naturales individuales a la vida, la libertad y la propiedad. Asegurar el derecho a elegir libremente, en un entorno democrático competitivo, a quienes dirigirán la nación.

Buscar las enseñanzas de la libertad y la visión para seleccionar inteligentemente a los dirigentes. Comportarnos como los ciudadanos soberanos que somos.

Insistir en que todos los funcionarios del gobierno respeten las leyes con honestidad y transparencia. Recuperar los valores espirituales, la dignidad y la urbanidad necesarios para una vida virtuosa.

Utilizar esa virtud para erigir instituciones democráticas incorruptibles que protegen las libertades.

Disfrutar, como ciudadanos respetuosos de las leyes, las protecciones del Estado de derecho, que es el fundamento legal para la libertad.

Aspirar a disfrutar la prosperidad obtenible contribuyendo con sus talentos a una economía de libre mercado. Ver a Cuba integrar la familia de naciones democráticas y prosperas.

Construir orgullosamente un futuro en libertad, y de libertad para hijos y nietos.

Recordar: “somos criaturas del universo, tanto como los árboles y las estrellas”.

Tenemos derecho a ser libres.

Por definición, más gobierno implica menos libertad. Y Carlos Alberto asimilo profundamente, él discursó de Pericles durante la Guerra del Peloponeso, recordándoles a sus compatriotas que “…la felicidad depende de ser libres, y la libertad depende de ser valientes”.

Carlos Alberto fue un defensor inigualable de nuestras libertades individuales y autonomía personal recordándonos siempre que son esenciales para vivir plenamente, y fundamentales para la dignidad humana.

En el prólogo de uno de mis libros preguntó: “¿Como y por qué las buenas intenciones del colectivismo de izquierda llevan a los países al infierno?”

¿Por qué la libertad no es un subproducto de la prosperidad, sino una de sus causas?

Para Carlos Alberto, “Tomar decisiones es los que nos define como humanos. Cuando un gobierno, decide por nosotros, e impone una manera de vivir, patrones de conducta, y valores, nos roba la libertad”.

Efectivamente, como Carlos Alberto, comenta en el prólogo de su “Sin ir más lejos”, nuestra generación tiene que ir haciendo las maletas, pero esas maletas algún día llevaran a Cuba la sabiduría de ese gran presidente que Cuba se perdió.

El último libro del Dr. José Azel es “Sobre la Libertad”. Correo: Joeazel@me.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de junio de 2023, 0:00 a. m..

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