Patria y vida: Triste aniversario para un preso político cubano | Opinión
Me llamo Luis Manuel Otero Alcántara. Soy artista y preso político en Cuba. Fui detenido el 11 de julio de 2021, cuando me dirigía a la protesta en la que miles de mis conciudadanos se levantaron en toda la isla para exigir libertad.
El año pasado fui condenado a cinco años de prisión, por desórdenes públicos, desacato y ultraje a los símbolos nacionales, por haber utilizado la bandera cubana en un performance en agosto de 2019.
Así es como el gobierno cubano ve mi arte. Me juzgaron junto a mi querido amigo, el rapero ganador de un Grammy Maykel Castillo (mejor conocido como El Osorbo), que ahora cumple una condena de nueve años por delitos similares.
En realidad, este encarcelamiento es parte de una estrategia sistemática de las autoridades cubanas para acallar las voces de los jóvenes.
Ya me habían acosado durante años, no solo a través de más cincuenta detenciones de corta duración entre 2017 y 2021, sino también mediante la difamación, la violación de mi privacidad, las amenazas y las golpizas policiales.
Sin embargo, no fue hasta la histórica protesta de 2021 cuando el régimen decidió encerrarme a largo plazo para que no pudiera comunicarme con mi pueblo.
Estoy encarcelado en Guanajay, una prisión de máxima seguridad que se encuentra a 30 millas al suroeste de La Habana. Muchos de mis compañeros de prisión cumplen cadena perpetua por asesinato.
Las autoridades me han separado de otros presos políticos. Actualmente comparto celda con otros tres presos, pero ha habido periodos en los que he estado solo. Me permiten hablar con otros presos en el pasillo fuera de mi celda, pero cuando me sacan al patio, todos los demás prisioneros son retirados.
Debería poder estar fuera una hora al día, pero solo me dejan salir de vez en cuando por capricho de los guardias. He perdido mucho peso en la cárcel por la escasez y la mala calidad de la comida. A menudo tengo miedo de comer porque la comida parece podrida. Después de recibir sentencia en junio de 2022, mi régimen de visitas cambió. De dos veces al mes, ahora mi familia solo me puede visitar una vez al mes por dos horas.
Ninguna otra persona puede venir a verme a la cárcel, y a mi querido tío no se le permite verme por su implicación en el activismo.
Más de 1800 cubanos, la mayoría jóvenes y negros, fueron detenidos en la protesta del 11 de julio de 2021. De ellos, 897 han sido juzgados y 777 permanecen en prisión. Muchos son menores de edad. Algunos de los manifestantes han sido condenados a penas de hasta 30 años de prisión por sedición.
Sin embargo, ellos saben que esa protesta no fue premeditada. Todo empezó en un pequeño pueblo a las afueras de La Habana, cuando un muchacho colgó en Facebook un vídeo de gente protestando por los cortes de electricidad.
En cuestión de horas, miles de ciudadanos cubanos decidieron salir a la calle. Desde el 11 de julio del 2021, cientos de jóvenes cubanos han estado atrapados entre barrotes oxidados y rígidos. Aquí nada se mueve. La violencia es constante.
Solo cambia el cuerpo de uno. Se le cae el pelo y empieza a aparecer un rostro curtido prematuramente por la tristeza, la frustración y el dolor. Los amigos se han ido del país. Las caricias de la pareja han desaparecido. El paisaje sonoro es el mismo todos los días. Solo se escucha el murmullo del sonido que le acerca a la muerte.
En este duro escenario, los seres humanos son despojados de su juventud. Deambulan por los cuatro metros cuadrados de sus celdas sin ningún sentido de futuro.
Hablo como un joven en la Cuba de hoy. Estamos llenos de energía y confianza, poseídos de la voluntad de entregar nuestro talento a la búsqueda de una Cuba verdaderamente democrática y libre. El régimen cubano, que ha sobrevivido durante 64 años en la mayor isla del Caribe, intenta una vez más aplastar a una generación, igual que aplastó y borró a las generaciones que nos precedieron.
Hoy cada joven cubano es un preso político. Un artista censurado. Un exiliado dentro y fuera de Cuba. Incluso aquel que es cómplice del sistema, inevitablemente será aplastado como los demás, porque ser joven es ser atrevido y temerario, con ganas de traer cambios al mundo. Es ser un luchador por el amor, los sueños y la utopía. Sin embargo, estas cualidades son consideradas delitos en Cuba, y eso nos condena a todos al martirio.
Hoy, cuando me acerco a los 35 años con mi cuerpo y mi ser en prisión, reflexiono sobre la pérdida de la juventud en un sistema dictatorial. En un sistema así todos perdemos el 90 por ciento de nuestra productividad físico-intelectual, al tener que sobrevivir a la violencia política. Solo queda un 10% para desarrollar un proyecto creativo y vital.
En nombre de los cientos de jóvenes cubanos que han sido sepultados en las horribles prisiones de la isla, hago un llamamiento a las personas de conciencia de todo el mundo para que apoyen nuestra lucha por liberarnos y por liberar a nuestro país. Todo lo que hicimos fue exigir el derecho a elegir nuestro futuro político y a decir lo que pensamos.
Nadie debería tener que renunciar a su juventud por una causa tan justa.
Luis Manuel Otero Alcántara es un artista y preso político en Cuba desde el 21 de julio 2021.