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Gustavo Petro: Es hora de eliminar los combustibles fósiles para proteger la Amazonía | Opinión

DIANA RIOS es una líder asháninka que pertenece a la comunidad nativa de Alto Tamaya Saweto, ubicada en la Amazonia peruana en la frontera con Brasil.
DIANA RIOS es una líder asháninka que pertenece a la comunidad nativa de Alto Tamaya Saweto, ubicada en la Amazonia peruana en la frontera con Brasil.

El destino de la Amazonía es el destino de todos los seres humanos, sin importar donde residamos. Solo a través de la acción climática global garantizamos un futuro sostenible para nuestro planeta.

Como presidente de uno de los ocho países que albergamos a este bosque vital, Colombia se dedica a la erradicación de la deforestación, pero también a eliminar el desarrollo de los combustibles fósiles, porque la salud de la selva depende de nuestro equilibrio climático frágil y global.

Hago un llamado a los países con territorio amazónico, y a nuestros socios en el Norte Global, a comprometerse a frenar la explotación de combustibles fósiles en una manera que proteja nuestro derecho a una transición justa al mundo post-carbón.

Por esta razón nos reunimos el fin de semana pasado en Leticia, Colombia, con líderes de 8 países amazónicos para determinar un camino sostenible de cara a esta región, uno de los pulmones de la tierra. Este plan se acordará en el próximo mes durante la Cumbre del Amazonas en Belem, Brasil, en la desembocadura del río Amazonas.

Sin dudas, acabar con la deforestación en la Amazonía es fundamental. Estados Unidos dio un paso al frente para ayudar a que esto sea una realidad con su reciente compromiso de aportar $500 millones de dólares a la causa.

Sin embargo, abordar la deforestación por sí sola estará muy por debajo de lo necesario.

Incluso con la deforestación bajo control, la Amazonía enfrenta graves amenazas si el calentamiento global alcanza los 1,5ºC. Para evitar el punto de no retorno, necesitamos una política transnacional ambiciosa que elimine gradualmente los combustibles fósiles. El apoyo de países como Estados Unidos es vital para lograrlo.

Los países del Sur Global, dotados de reservas probadas de combustibles fósiles, enfrentamos un serio dilema. Por un lado, podríamos explotar estas reservas para generar recursos para pagar nuestras deudas e invertir en desarrollo, pero a costa de devastar la Amazonía y exacerbar la crisis climática.

Por otro lado, podemos optar por mantener el petróleo, el gas y el carbón bajo tierra, aceptando las desafiantes consecuencias económicas.

Esta situación es paradójica: nuestros países son los que menos han aportado a las emisiones históricamente, pero son los más afectados por la crisis climática.

Mientras tanto, las potencias mundiales continúan acumulando billones de dólares de la producción de combustibles fósiles, cosechando las ganancias mientras nosotros sufrimos las consecuencias.

Debe surgir una alternativa, en especial para atender la situación de la Amazonía. Es injusto que los países que comparten extensiones de esta región carguen solos con los costos.

Afortunadamente, existen mecanismos financieros que permitirán a los países amazónicos implementar políticas justas de transición energética.

Algunos son simples, como el canje de deuda externa por acción climática. En Colombia, podríamos destinar una cantidad sustancial de recursos para proteger a la Amazonía, que actúa como el gran pulmón del mundo. Preservar la selva amazónica es fundamental para resolver la crisis climática, y los canjes de deuda nos ayudarían a avanzar en este camino.

Otra acción inmediata sería establecer un fondo multilateral que entregue pagos mensuales por servicios de protección ambiental a los habitantes de estos territorios: campesinos, agricultores, fuerzas sociales y los individuos que, por falta de alternativas, contribuyen a la destrucción de la selva tropical.

Transformarlos en agentes de cambio implica compensarlos por salvaguardar la tierra que bien conocen. Colombia ya destinó $200 millones de dólares anuales a lo largo de los próximos 20 años, y esperamos que más personas, organizaciones y Estados contribuyan a su financiamiento.

También debemos considerar otros mecanismos más complejos, como la reforma financiera propuesta por Mia Mottley, Primera Ministra de Barbados, y el desarrollo urgente de un impuesto global sobre los combustibles fósiles.

Necesitamos un sistema fiscal mundial progresivo, que facilite un equilibrio justo entre las naciones desarrolladas y en desarrollo.

¿Qué hace falta? Como jefes de Estado de los países amazónicos, debemos asegurar el fin de las exploraciones de petróleo y gas en la Amazonía.

Debemos mostrar coraje, incluso cuando enfrentamos problemas sociales en nuestros países, exacerbados por la alta inflación. Esperamos que nuestros colegas en el Norte demuestren el mismo nivel de audacia y compromiso.

Es la única forma de allanar el camino para un planeta habitable en el futuro.

Las naciones ricas y sus beneficiarios deben ir más allá de lo obvio y trascender los importantes mecanismos de financiación de los proyectos de conservación de la Amazonía.

Si bien la promesa de Estados Unidos para un Fondo Amazonas es significativa, no es suficiente. Como el país más rico del Planeta, y uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero, debe participar plenamente en este movimiento.

Estados Unidos tiene el potencial de liderar y acelerar la transición hacia una economía baja en carbono.

Mantener el statu quo no salvará al mundo de la emergencia climática, y la Amazonía necesita una acción urgente. Prestemos atención a su llamado, no solo por el bien de la Amazonía sino por el futuro de la humanidad.

Todos enfrentamos la amenaza de la emergencia (como lo demuestra la capa de humo que recientemente envolvió a Nueva York).

Es hora de traducir las buenas intenciones en acciones concretas por el bien de nuestras comunidades, de nuestros trabajadores rurales, de nuestros pueblos indígenas, de nuestro planeta y, sobre todo, el bienestar de las generaciones futuras.

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