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Opinión

CARLOS DUGUECH: Obama, casi un M. L. King

El presidente negro (“afroamericano”) contrasta en la Casa Blanca, pero no en Filadelfia. En la centésimo sexta Convención de la National Asociation for the Advancement of Colored People (NAACP) sus palabras, en parte, sonaron como si fueran pronunciadas por Martin Luther King. Cuando reflexionó (y anunciando propuestas, además) sobre el sistema penal de Estados Unidos se atrevió a expresar: “Nuestro sistema de justicia penal no es tan inteligente como debe ser”. Y enumeró situaciones anómalas y estructuras que estima obsoletas, contrarias a la dignidad humana. Se permitió –cómo no iba a permitírselo si lo sabe desde adentro de su piel oscura, aunque es presidente por segunda vez– mostrar guarismos que revelan una injusta y tendenciosa realidad: uno de cada 35 hombres afroamericanos está preso y uno de cada 88 hombres latinos en esas condiciones de prisión. Contrasta –lo enfatizó en su discurso– con que sólo uno de entre 214 hombres blancos sufre prisión. Marcó la diferencia. Reveló el racismo vigente, a lo Luther King.

Donde más enfatizó fue cuando en su discurso señaló que un reciente cuerpo de investigación muestra que “las personas de color tienen más probabilidades de ser cacheadas, interrogadas, acusadas, detenidas. Los afroamericanos son más propensos a ser arrestados. Ellos tienen más probabilidades de ser condenados a más tiempo por el mismo delito. Y una de las consecuencias de esto es que alrededor de un millón de padres están tras las rejas”.

Conmovió cuando dijo, además, que alrededor de uno de cada nueve niños afroamericanos tiene un padre en la cárcel.

A partir de allí viene la reflexión del estadista: “¿Qué es eso que hacen nuestras comunidades? ¿Qué hay que hacer para los niños? Nuestra nación está siendo robada de hombres y mujeres que podrían ser los trabajadores y contribuyentes, podrían participar más activamente en la vida de sus hijos, podrían ser modelos a seguir, podrían ser líderes de la comunidad, y justo ahora están encerrados por un delito no violento”.

Ya en función de analizar el componente económico para la nación reveló que se gastan por año 80,000 millones de dólares en mantener a las personas privadas de su libertad en Estados Unidos. Y señaló aquello que podría hacerse con esa suma privilegiando –entre otros destinos– “la preescolaridad para 3 y 4 años de edad y eliminar la matrícula en cada uno de nuestros colegios y universidades públicas”.

Señaló como determinación de su gobierno, en estos dos últimos años del mandato presidencial, “lo que estamos haciendo es reducir la población penitenciaria nacional”.

Más adelante Obama explica las iniciativas del Departamento de Justicia:

“Conmutar las sentencias de decenas de personas condenadas por las leyes viejas e injustas de drogas. Casi todas estas personas habría ya han terminado de cumplir su tiempo si hubieran sido condenados hoy por el mismo delito. El año pasado, de hecho, la tasa de criminalidad de USA y la tasa de encarcelamiento descendieron ambas al mismo tiempo, por primera vez en 40 años”.

El clima creado entre la numerosa y entusiasta audiencia fue un bálsamo para un presidente en la etapa en que deja de ser el ungido por el Partido Demócrata y los votos conseguidos de la ciudadanía y transcurre el tiempo final de su presidencia por segunda vez siendo el “estadista” que su país y el mundo necesitan. De un presidente que viene de celebrar el acuerdo reciente con Irán, asistido por Rusia, Francia, el Reino Unido, China y Alemania.

Sólo faltaría, en el orden internacional, que hiciera realidad el inicio de aquella expresión de 2009 en Praga, cuando recién asumido manifestó entusiasta que aspiraba a un mundo sin armas nucleares. Y los Estados Unidos tienen varios miles (innecesarias, por lógica) en sus arsenales. Como son innecesarias, por la misma lógica, las que poseen Rusia, el Reino Unido, Francia, China, India, Israel, Corea del Norte y Pakistán.

Columnista argentino.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de julio de 2015, 1:43 p. m. with the headline "CARLOS DUGUECH: Obama, casi un M. L. King."

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