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Cubanosamericanos escriben sus memorias; “La Casa de la Calle G” es la última entrega | Opinión

LA CUBA que el escritor Lisandro Pérez dejo atrás ya no existe.(Foto de YAMIL LAGE / AFP)
LA CUBA que el escritor Lisandro Pérez dejo atrás ya no existe.(Foto de YAMIL LAGE / AFP)

En los últimos años ha habido una tendencia entre cubanosamericanos de escribir nuestras memorias. Es natural.

Hemos llegado a una edad en que podemos mirar hacia el pasado con perspectiva y, más importante aún, nos sabemos herederos de historias de familia que se perderán si no las dejamos asentamos sobre el papel. Tal es el caso de Lisandro Pérez y “The House of G Street: A Cuban Family Saga” (New York; New York University, 2023), recién publicado por el profesor Pérez, amigo y colega de nuestros años en FIU.

Pérez cuenta con una ventaja que no todos los autores poseen. Desde niño, y así lo anota en el prólogo, desarrolló una imaginación sociológica, es decir, la habilidad de observar los vínculos entre la historia y la vida personal. La trayectoria de la familia materna, los Fonts, y la paterna, los Pérez, está enmarcada en los acontecimientos históricos, políticos, sociales y económicas desde finales de la era colonial hasta los primeros años de la República.

Con perfección geométrica, Pérez describe los espacios públicos y los privados, las profesiones de sus antepasados y la intimidad en sus hogares, la influencia de Estados Unidos y la cubanidad de los personajes, los hitos de la historia y de la familia.

Se recrean los ambientes políticos y los de la casa, tales como la secuela de una elección deshonesta o los almuerzos de domingo con multitud de tíos, tías y primos en la gran casa de la calle G. La prosa es de una exactitud asombrosa.

Admira la descripción detallada tanto del proceso de cultivar y exportar tabaco (a lo que se dedicaba la familia paterna) como del bargueño donde el abuelo materno guardaba su colección de sellos.

Hay escenas conmovedoras, como la muerte de su abuela durante su niñez. El autor, sin embargo, siempre encuentra ese justo medio aristotélico tan difícil, pues expresa los sentimientos de forma contenida, y evita el peligro de caer en lo cursi. Utiliza el humor para aliviar tensiones. Las escenas dramáticas conviven con anécdotas divertidas.

Es un libro que hace llorar y reír, pero más importante aún, nos hace pensar, pues muchas veces introduce una mirada oblicua que ilumina de un modo distinto conceptos arraigados en la historiografía cubana. Daré un solo ejemplo: la influencia de los Estados Unidos en la economía republicana ha sido objeto de crítica por tirios y troyanos; sin embargo, el autor nos muestra el beneficio que trajo a muchos cubanos, no sólo a los de arriba, sino a los más humildes, como, por ejemplo, los vegueros.

En gran parte del libro Pérez es a la vez historiador, sociólogo, inteligente observador, analista y cuentista. Se apoya en una amplia investigación y un cúmulo de conocimientos de la historia, y de la intrahistoria familiar.

Todo lo documenta con rigor y con una invaluable cantidad de fotografías. En al último tercio del libro, Pérez se convierte en protagonista pues nos narra su infancia en Cuba, sus estudios en el colegio Lafayette, las tardes de merienda en el Ten Cent y matinés de cine con su madre, sus veranos en el Yacht Club, y como la violencia que va asomándose a la ventana de su aula, lo lleva a la lectura de los periódicos y a una mayor conciencia de la realidad que lo rodea.

Narra magistralmente los principios de la Revolución que lleva a muchos de sus familiares y finalmente a sus padres y a él a marcharse de Cuba. Termina una etapa de su vida que sólo podrá recrear en la memoria.

Muchos lectores, como me ha sucedido a mí, se verán reflejados en distintos pasajes, pues todos tuvimos parientes que jugaron papeles importantes en nuestra vida. Asistimos a escuelas y clubs, y merendamos en el Carmelo.

Todos nos vimos afectados por la violencia política y el gran vuelco que dio Cuba con la Revolución de enero. Cada uno de nosotros recuerda con exactitud la fecha en que se fue de la Isla.

Aunque Pérez se adapta fácilmente a la vida en Estados Unidos, en cuanto tiene oportunidad, veinte años más tarde, regresa a Cuba. Lo que siente me reafirma mis propios sentimientos en ese primer viaje a la Isla, en mi caso cuarenta años después de irme.

Expresa la importancia del reencuentro con los lugares y agrega: “Mis recuerdos de infancia, congelados en el tiempo, revivieron y se renovaron al ver con ojos de adulto los sitios donde tuvieron lugar.”

En efecto, ese primer viaje de regreso nos ratifica que nuestros recuerdos no son producto de la imaginación, sino que se ajustan a la realidad. Al fin nos podemos adueñar de nuestras memorias, parados metafóricamente y literalmente sobre tierra firme.

Pérez ha escrito un gran libro, al que auguro éxitos y premios. Es también un libro bueno, que recrea y exalta los valores de la familia cubana. Será un excelente regalo de Navidad para hijos y nietos, pues la historia que narra, aunque muy personal, es también nuestra y de nuestros descendientes. Gracias, Lisandro.

Uva de Aragón, escritora y periodista cubana, es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE)

Nota: “The House on G Street” puede comprarse en New York University Press o en Amazon.



Uva de Aragón
Uva de Aragón Cortesía/Wenceslao Cruz


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