ROSA TOWNSEND: La guerra de los 30 años
Cuando la historia se escriba, esta época pasará a los anales como la del “pensamiento débil de Occidente”. Y quién sabe cómo acabará el capítulo del Califato y la ideología del odio. Probablemente con mucha sangre derramada para los de nuestro bando. Y todo por culpa de esa fuerza paralizante que ha infectado a nuestras sociedades como si de un ébola político-social se tratara.
El virus de la debilidad en el pensar, hablar y actuar. Que reduce las defensas y aumenta la vulnerabilidad a los ataques. En el caso de la ofensiva terrorista estamos viendo los estragos: mientras la coalición de aliados debate hasta el paroxismo los pros y contras de una respuesta militar, ISIS avanza veloz e impasible ante los bombardeos. En pocas palabras, está ganando.
Es tan obvio como inexplicable. ¿Qué impide a los poderosos ejércitos de Occidente ponerse de acuerdo y aunar esfuerzos para destruir a ISIS y otros grupos de terror islamista?
Aparte del pensamiento débil, el segundo gran impedimento es el choque de intereses contrapuestos. Un claro ejemplo es Turquía, que no interviene para evitar en sus puertas la masacre de Kobani porque antes quiere acabar con los kurdos, que en cambio son los mejores aliados de EEUU sobre el terreno. También porque su objetivo ha sido siempre derrocar a Assad. Y para lograr ambas prioridades ISIS le está facilitando la labor.
Así es que si Turquía, que posee el segundo ejército más poderoso de la OTAN, no se ajusta a la disciplina y metas de esa organización, sobre la que yace la defensa de Occidente, ¿qué se puede esperar de otros aliados menos comprometidos en teoría?
Quizá la actitud turca se deba a su vieja aspiración de erigirse en el poder hegemónico del Islam. No hay que olvidar que fue la sede del último Califa, cuando todavía era parte del Imperio Otomano hace menos de un siglo, en 1924.
En la larga la lista de actores con intereses antagónicos entre los 60 aliados en esta batalla, Arabia Saudita y las monarquías del Golfo Pérsico ocupan un lugar destacado. Por su doble juego de financiar el salafismo con una mano y con la otra participar en la coalición. Para ellos ISIS se ha convertido en una especie (adulterada, claro) de “hijo pródigo” que se les fue de las manos en su fundamentalismo islamista. Todo ello con el telón de fondo de la milenaria enemistad sunita-chiita.
Y el tercer gran obstáculo para que Occidente aúne voluntades y fuerzas en la lucha antiterrorista es la falta de tropas confiables, empezando por el desertor ejército iraquí. ¿Qué se puede esperar de quienes ni siquiera defienden su patria? Y que además en la huida abandonaron armamento made in USA, que hoy es el que usan los terroristas. Irónicamente hemos gastado –hasta el momento– $1,200 millones en bombardeos ¡para destruir nuestro propio armamento!
Parece una burla del destino. Y quizá lo sea, como un karma por los fiascos de la invasión a Irak y la posterior retirada a destiempo. Pero no es la única burla. Porque los rebeldes sirios “moderados” a los que Obama no quiso entrenar y armar hace 2 años pero ahora sí quiere, resulta que se están alzando contra sus planes. Lo cual era de suponer ya que su prioridad de derribar primero a Assad choca con la de EEUU de degradar a ISIS. Uno de los jefes rebeldes se quejaba días atrás en TV de que “Obama lo que busca son soldados esclavos”.
Visto desde su perspectiva no le falta razón. La estrategia de que “otros derramen la sangre y nosotros miramos desde el aire”, no es muy popular en la zona. Para dar muestra del rechazo, la semana pasada el grupo rebelde sirio “moderado” Harakat Hazm retiró el apoyo a EEUU emitiendo un comunicado que califica la campaña militar aérea de “fracaso cuya devastación se esparcirá por toda la región”. Y ellos conocen bien la región.
Incluso el portavoz del Pentágono, el almirante John Kirby, admite que “no tenemos un socio dispuesto, capaz y eficiente sobre el terreno en Siria. Es un hecho”.
Y si en Siria pinta mal la situación, en Irak (lo que queda del país) es peor. Con ISIS controlando la provincia de Anbar y a las puertas de Bagdad y del aeropuerto internacional ya ha conseguido una inmensa victoria sicológica. Y si cayera la capital el efecto sicológico atraería a miles de nuevos yihadistas y reconciliaría a las distintas facciones islamistas en torno al califa Al-Baghdadi. Desencadenaría también una guerra sectaria regional sin precedentes.
En Washington creen imposible la caída de Bagdad (sería muy inconveniente políticamente). Y ayer el Pentágono anunció por fin el nombre de la operación contra ISIS: “Determinación inherente”. Quizá sería más realista “Armagedón inevitable”.
Pero ya veremos con el tiempo. Y a este ritmo, con un Occidente renuente y unos terroristas decididos, será mucho el tiempo. El propio presidente Obama reconoce que “Es un esfuerzo de largo plazo”.
Su ex secretario de defensa y ex director de la CIA Leon Panetta calcula que “va a ser una guerra de 30 años”. Que Alá se apiade.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de octubre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "ROSA TOWNSEND: La guerra de los 30 años."