ALEJANDRO RÍOS: Y pasaron águilas por Miami
Esta vez queríamos saldar otra deuda de temprana juventud, algo impensable en las circunstancias que debimos vivir en aquellos años de incertidumbre y limitaciones hasta 1992, cuando pudimos escapar para siempre de la ignominia de ser ciudadanos de segunda clase en tu propio país.
Resulta estimulante prepararse para un concierto de rock, aquella música que el castrismo consideró peligrosa y enemiga en el principio de la debacle. De nuevo íbamos al encuentro de los clásicos. Seríamos parte de una gira que lleva dos años dando vueltas por diversos países bajo el nombre de History of the Eagles.
Para mi esposa, se trataba de un acontecimiento de gran significación nostálgica porque en la Escuela Lenin –de su época–, la mítica pieza Hotel California abría y cerraba el baile del viernes al cual los alumnos podían concurrir sin el rigor del uniforme, circunstancia social de doble filo, porque los hijos de la dirigencia que estudiaban en la beca aprovechaban la ocasión para estrenar atuendos traídos de “afuera”, mientras que ella y otras amigas tenían que “inventar” para lucir bonitas con vestuario transfigurado de la libreta de racionamiento o alguna que otra ropa llegada de la socorrida Miami.
Eso me lo contaba con cierto pesar, aunque minutos después se le iluminaba el rostro al dejar atrás aquel innoble pasado de carencias y humillaciones para escoger, entre su ajuar actual, el que más le acomodara al encuentro con una agrupación entrañable, que diera sus primeros pasos en 1971, y nosotros disfrutaríamos ya en la consagración.
Es toda una experiencia caminar, como siempre, por el bello downtown de Miami, rumbo al American Airlines Arena, integrando una suerte de cofradía multitudinaria. Escucho un matrimonio americano recordar que comenzaron a romancear hace cuarenta años al son del cancionero de éxitos de los Eagles.
Hay jóvenes entre las más de 40 mil personas asistentes, junto a los consabidos “otoñales” que están en mayoría porque vienen al encuentro de su banda sonora sentimental.
El concierto resulta ser distinto a todos los otros que hemos disfrutado porque tiene una narrativa muy acendrada al considerarse una “historia” de la agrupación. En vez de arrancar con un hit sonoro, comienzan con guitarra acústica para referir la prehistoria, cuando eran apenas conocidos.
Entonces te corresponde pellizcarte para saber que la experiencia es real y aquellos señores de la realeza del rock americano, vestidos como hijos de vecino, sin fuegos artificiales ni bailarinas, con una pantalla enorme, en prístina alta definición, donde van apareciendo paisajes de la mente y otros de la gran naturaleza de este país, nos seducen a su antojo con canciones que interpretan mejor que en las grabaciones conocidas.
La dramaturgia estudiada y precisa va in crescendo. De Tequila Sunrise a One of These Nights y Take It to the Limit, en esa genial fusión de balada, country y puro rock por donde transcurre el repertorio de los Eagles.
Hay pausas para hacer humor y referir anécdotas, entre las cuales figura aquella de los dos álbumes que grabaron en Miami en un estudio legendario, a golpe de café cubano, según Don Henley.
Para la última andanada del concierto reservaron New Kid in Town, Love Will Keep Us Alive, Heartache Tonight, The Long Run, Take it Easy y Hotel California, una canción que sigue siendo de misteriosa resonancia y emoción.
Cuando terminó el espectáculo y le agradecieron a nuestra ciudad el entusiasmo, salimos como flotando a la hermosa y cálida Miami donde dos turistas se tomaban selfies con la espléndida Torre de la Libertad, del MDC, de fondo, engalanada de luces rojas.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de julio de 2015, 0:25 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Y pasaron águilas por Miami."