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Opinión

MANUEL CORAO: Ese niño llamado Simón y nuestro tiempo

Para quienes siguen su ejemplo, dictadores intentan que generaciones olviden su legado ofertándoles falsos próceres; hace 232 años un 24 de julio nace ‘El Libertador’.

En Caracas vino al mundo Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco.

Su pensamiento y obra cobra vigencia en la América Latina de hoy caracterizada por el asalto al erario público. Los gobernantes insisten en sustituir el dogma por lo casual.

Utilizando el bolivarismo intentan subrogarse la gloria, y por siglos lo agradecido en descendencias por liberarlos del yugo español, dotándolos de un legajo de convivencia.

Bolívar, desde que se incorpora a la vida pública, insiste en entregar códigos para la conducción del paisano. Entiende, el general en jefe de un ejército que liberó cinco regiones, que de nada vale conseguir la libertad que otros pretenden quitarles sin dotar a sus habitantes de educación, pautas que les permitan administrar con armonía cotidiana el privilegio reconquistado por las armas.

En Venezuela, Hugo Chávez se burla de la Constitución y hasta intentó desvirtuar morfológicamente al caraqueño al presentarlo como un ser de rasgos toscos muy lejos de su condición latino-europea. Chávez desfiguró la venezolanidad en poco tiempo; los próceres instituyeron la nacionalidad.

Estos pensamientos plasmados en diversas épocas desde 1809, en La Junta Patriota, están cargados del reto por recobrar la potestad, pero también un reconocimiento de tal privilegio como derecho. Por igual una reprimenda para quienes pretendan allanarla.

Los textos escolares impresos desde la época democrática, 1958, destacan el discurso del joven Bolívar sobre los escombros del terremoto de 1812 en Caracas.

La expresión del lugareño en San Jacinto : “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, recorrería en impresos, improvisadas tertulias y voz a oídos el territorio cual arenga por la iniciativa emancipadora.

Esta terquedad sembraría en el ánimo de los compatriotas la admiración y apoyo que brindaran al coronel al inicio de la Campaña Admirable de 1813, desde tierras andinas, cuando lo consagraron por la eternidad “El Libertador”.

Nicolás Maduro se lucra del prestigio histórico. Desesperado por ejercer el poder de por vida, al igual que su antecesor permite a su entorno enriquecerse y al gobernado lo sume en la pobreza para someterlo.

Bolívar estratega de tino acompaña tales logros militares en la Campaña con correspondencias, decretos y lecciones de sana administración.

Él, desprovisto de conmiseración en el Decreto de Guerra a Muerte, expresa que españoles y canarios contarán con el fin, pero deja abierta una oferta en justicia al indicarles que ello acontecerá de no colaborar activamente con la emancipación de Venezuela.

La persecución iniciada desde principios de este siglo por el gobierno chavista debido a la permanente pérdida de popularidad ha llevado a inocentes ciudadanos a las cárceles, tal como acontece con el valiente Leopoldo López, entre muchos.

Con el discurso del Congreso de Angostura de 1819, previa la libertad de los esclavos, consagra el destino libre fundamentado en textos de Jean-Jaques Rousseau sobre libertad, fraternidad e igualdad, esencia de los derechos universales del hombre.

Simón de La Trinidad introduce un cuarto Poder junto a al ejecutivo, legislativo y Judicial; el moral. Este es la defensa a ultranza del ciudadano y sus prerrogativas provenga de poder institucional alguno o individualidad.

La carta fundamental creada en 1999 no es respetada por los poderes autónomos. Los magistrados se han constituido en una suerte de club para cubrir con manto de impunidad las fechorías cometidas por y en nombre del chavismo.

El Libertador con la institucionalidad moral plasma su vocación civilista y consagra la democracia como sistema alternativo de mando descartando el personalismo.

Con hechos demostró que la soberanía radica en el pueblo.

Es lamentable observar como individualidades de la oposición en la Mesa de la Unidad Democrática se reúnen rimbombantemente con el mandatario legitimando a quien el candidato Henrique Capriles denunció como usurpador.

En lecho de muerte, el guerrero de la paz ruega: “si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.

Bolívar muere con camisa prestada, Chávez y sus familiares usufructuaron los bienes del estado y poseen súbita fortuna. ¿Libertador quién?

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de julio de 2015, 4:03 p. m. with the headline "MANUEL CORAO: Ese niño llamado Simón y nuestro tiempo."

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