SABINA COVO: Ya que no puedo arreglar el mundo…
Cuando tengo la hoja en blanco frente a mí, para expresar mis ideas del domingo para el Nuevo Herald, normalmente quiero “arreglar el mundo”. Critico la política local, nacional e internacional. Critico la sociedad. Trato de solucionar problemas legislativos, o familiares y sociales, por medio de estas humildes palabras. Pero hoy, solo pienso, como me recuerda una gran amiga, que la vida te puede cambiar en un minuto. Y que uno solito no puede arreglar el mundo. Imagínate sentada en un teatro. Entra un pistolero, dispara, te quedas no sin tu vida, sino sin la de tu acompañante. Sea padre, hijo, esposo, familia. Amigo, vecino o amante.
Usualmente, te sientes tranquila al salir de casa, sobre todo en un país como Estados Unidos. Pensar que entras a una sala de cine y que habrá una matanza es una asociación mental que ves lejos, muy lejos. Pero en Luisiana (como ocurrió esta semana, donde murieron una persona y el pistolero, y quedaron once heridos, a manos de un hombre que tenía historial de problemas mentales), o en otros lugares del país donde han pasado muchos incidentes similares, las comunidades, cada vez más aterrorizadas, lo ven cerca. El problema de salud mental de una sociedad que no toma las cosas suave, sino que cada día es más acelerada, no se limita al problema de tener un arma mal puesta, se extiende a vivir descontroladamente, en todo sentido. Esta amiga, que me hizo hacer un alto esta semana, lo ha aprendido a punta de dolor.
Esta semana le dijo a un grupo de amigas: “No peleen, no se resientan por tonterías, la vida cambia en un minuto. Aprovechen las oportunidades, críen bien a sus hijos, y desde ya hagan los cambios necesarios para ser cada vez mejores mujeres y lleven una vida feliz. Confíen siempre en Dios y no se olviden que no se mueve una hoja sin la voluntad del Padre”. Lo dijo en medio de un inesperado cáncer que le han anunciado a su padre, después de haber perdido a su madre por un voraz cáncer que se la llevó como el viento se lleva una hoja. Ambos menores de 65 años al momento de este diagnóstico. Jóvenes.
Y entonces pienso, ya que no podemos arreglar el mundo, que está lleno de injusticias, ¿qué podemos hacer? Si yo legislara, le pondría un control a las armas. Si yo legislara, pondría obligatoria y gratis la medicina preventiva. Si yo legislara, haría tantas cosas (que parecen imposibles). Pero como no legislo, y de paso, si lo hiciera, necesitaría el apoyo colectivo para estas medidas, solo me queda el poder de la palabra. Y cuando el mal parece tener más pelos quemados que solución, es cuando pienso que solo nos queda vivir el día de hoy. Hablar, amar, disfrutar, y bajarle el ritmo a esta vida material, que si bien es necesaria, puede desaparecer en tan solo un minuto. Y como siempre, no perder la fe.
Esta columna se la dedico a esa amiga que en estos momentos no la ha perdido. Y a todas esas personas que, sin explicación, tienen cambios repentinos. Y que los abarcan con la mayor fuerza.
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Esta historia fue publicada originalmente el 25 de julio de 2015, 0:44 p. m. with the headline "SABINA COVO: Ya que no puedo arreglar el mundo…."