UVA DE ARAGÓN: Las ‘trumpetadas’
Lo más probable es quien lea esta columna esté bien enterado de las barbaridades de Donald Trump en los últimas semanas. Ha calificado de criminales y violadores a los inmigrantes mexicanos; ha asegurado que el senador John McCain, que por cinco años estuvo preso y fue torturado cuando la guerra de Vietnam, no es ningún héroe; y ha insultado a casi todos los demás aspirantes a la presidencia. Éstas y otras “trumpetadas” han sido ampliamente recogidas y analizadas por los medios de comunicación.
Sería fácil quitarle importancia a las boutades del famoso multimillonario, achacárselas a su desmedido ego y consolarnos con repetir que nunca alcanzará la candidatura a la presidencia. Pero los políticos no pueden ignorarlo, como tampoco los hispanos. Sin duda, los republicanos están preocupados por el daño que ocasiona a su partido. Al “Donald” le trae sin cuidado. Si se obstina en postularse, lo hará como independiente. Los demócratas probablemente estén mirando el espectáculo riéndose a carcajadas.
Pero el asunto es serio. En estos momentos, Donald Trump es el delantero en las encuestas de los precandidatos republicanos, con más de un 20% de electores que lo favorecen. La cifra nos debería alarmar a todos, porque el malsano entusiasmo que ha despertado este engreído empresario es un síntoma inquietante.
En primer lugar, revela cuánta importancia los estadounidenses dan a las celebridades, ya sea una estrella de rock, un futbolista o actor de televisión. No importa si lo acusan de pedófilo, si golpea a su mujer o hace las declaraciones más disparatadas, persiste una especie de morbo nacional en estar al tanto de la vida de los famosos. Y Trump, por el caudal de su riqueza y sus programas de TV, entra en esa clase privilegiada de personalidades notorias, cuya popularidad nada tiene que ver con sus valores morales o el bien que haga a la humanidad.
Naturalmente, en una sociedad de consumo como la de Estados Unidos, la mayoría de estos “ilustres” son personas acaudaladas. Aunque no bastan los bolsillos llenos. Por ejemplo, Bill Gates y Warren Buffet, dedicados a la filantropía, para muchos tienen menos “glamour” que Donald Trump, a pesar de sus peinados espantosos y las barrabasadas que dice.
Otro factor que ha hecho más popular a Trump en los últimos meses: la creciente xenofobia que se respira en el aire. Hay racismo contra la población afroamericana y desprecio por los hispanos. Trump no se cuida de decir lo que se considera “políticamente correcto” y un sector de la población está encantado porque expresa lo mismo que ellos sienten.
Existe otra razón por la cual Trump cuenta con la sorprendente aprobación de tantos. Muchos estadounidenses han perdido fe en los políticos. Quizás hasta en algunas instituciones nacionales, lo cual sería más grave. Siempre se está hablando mal de Washington. Los aspirantes se vanaglorian de no pertenecer al círculo capitalino y de que de ser electos podrían arreglarlo todo. Pero los males de la democracia se curan eligiendo a los mejores políticos, no a billonarios arrogantes.
Me atrevería a asegurar que Donald Trump nunca llegará a la Casa Blanca. Sin embargo, que sus insultantes “trumpetadas” sean aplaudidas con entusiasmo por un porcentaje tan alto de estadounidenses es lamentable, quizás hasta peligroso. No es ninguna broma.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de julio de 2015, 0:39 p. m. with the headline "UVA DE ARAGÓN: Las ‘trumpetadas’."