ARMANDO GONZÁLEZ: Las ilusiones de la izquierda
El problema fundamental de la izquierda política parece ser que el mundo real no encaja en sus preconcepciones. Por lo tanto ellos ven al mundo real como lo que está equivocado y necesita cambiarse, porque asumen que sus preconcepciones no pueden estar equivocadas.
Una fuente infinita de agravios para la izquierda es que algunos grupos están “sobrerrepresentados” en sectores “deseables”: ocupaciones, instituciones, nivel de ingresos, mientras otros grupos están “subrepresentados”. Basados en la indignación y la ira en la izquierda, podríamos pensar que fuera imposible que algunos grupos son simplemente mejores en diferentes ocupaciones.
Sin embargo, corredores de Kenya ganan un número desproporcionado de carreras de fondo y maratones en Estados Unidos, niños cuyos padres o abuelos vinieron de la India han ganado los concursos nacionales de deletreo (spelling bees) durante los últimos 15 años. Y... ¿alguien ha notado que los mejores jugadores de baloncesto profesional han sido, por años, hombres negros en un país donde la gran mayoría de la población es blanca?
La mayoría de los mejores lentes fotográficos del mundo han sido diseñados, durante generaciones, por científicos japoneses y alemanes. La mayoría de los cortadores de diamantes en el mundo son judíos de Israel o de otros países europeos.
Y no solamente seres humanos, sino otros fenómenos, también desafían el concepto de regimentación. Más de dos tercios de los tornados que ocurren en el mundo se desatan en el área central de Estados Unidos. Asia tiene más de 700 montañas que superan los 20,000 pies de altura, pero Africa no tiene ninguna. ¿Es acaso noticia que la mayoría del petróleo del mundo se encuentra en el Oriente Medio?
Libros enteros podrían escribirse sobre el diferente comportamiento y los logros de los seres humanos o sobre las regiones geográficas en que las razas, naciones y civilizaciones se han desarrollado. Pero las preconcepciones de la izquierda política continúan su marcha proclamando a gritos que hay razones siniestras por las cuales los resultados no son los mismos dentro de las naciones y entre las naciones.
Todo este melodrama moral ha servido de trasfondo para la agenda política de la izquierda que se ha declarado capaz de sacar a los pobres de la pobreza y, en general, hacer del mundo un lugar mejor. Este reclamo ha sido hecho, durante siglos, a lo largo y ancho del mundo. Y ha fallado, por siglos, a lo largo y ancho del mundo.
Algunos de los ejemplos retóricos más extremos de la izquierda ocurrieron en Francia en el siglo XVIII, donde el concepto de “izquierda” se originó por el hecho de que políticos con ciertos puntos de vista se sentaban en el lado izquierdo de la Asamblea Nacional. La Revolución Francesa fue su oportunidad de demostrar lo que podían hacer cuando lograran el poder. A diferencia de lo que prometieron —“libertad, igualdad, fraternidad”— lo que produjeron fue escasez de comida, violencia de turbas y poderes dictatoriales incluyendo ejecuciones arbitrarias que se extendieron a sus propios líderes, como Robespierre, que terminó en la guillotina.
En el siglo XX, la principal ilusión de la izquierda –el comunismo– se extendió sobre vastas regiones del mundo que agrupaban a más de 1,000 millones de seres humanos. De estos, millones murieron de inanición en la Unión Soviética de Stalin y decenas de millones en la China de Mao. Versiones menos extremas de socialismo, con planificación central de sus economías, se establecieron en la India y varias democracias europeas. Si las preconcepciones de la izquierda fueran correctas, la planificación central por élites educadas con grandes cantidades de datos estadísticos a mano y respaldados por el poder del gobierno, debería haber sido más exitosa que las economías de mercado donde millones de individuos persiguen sus intereses individualmente. Pero, al final del siglo XX, hasta los gobiernos socialistas y comunistas abandonaron la planificación central y permitieron la competencia de mercados. Sin embargo, esta tranquila capitulación ante realidades obvias no terminó con los reclamos ruidosos de la izquierda.
En nuestros Estados Unidos, esos reclamos han alcanzado nuevos niveles. El gobierno de turno se ha apropiado de sectores enteros de la economía y se ha entrometido en las vidas de sus ciudadanos. Obamacare es solo un ejemplo obvio.
AGonzalez03@live.com
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de octubre de 2014, 5:00 p. m. with the headline "ARMANDO GONZÁLEZ: Las ilusiones de la izquierda."